La Batalla de Guadalete. 1.310 años después.

En esta semana del 19 a 26 de julio, en el año 711, hace exactamente ahora 1.310 años, ocurrió un hecho histórico que cambió el rumbo de la historia de España para siempre:  Tuvo lugar la llamada batalla de Guadalete en la que se enfrentaron por vez primera las fuerzas musulmanas y las godas.

27-28 de abril del año 711. A los mandos del general bereber Tariq ibn Ziyad, cruzan el Estrecho 7.000 soldados en su gran mayoría bereberes. El desembarco se produce en Gibraltar (Yebel Tariq).

 En unas pocas semanas, se unen a estas tropas otros 5.000 soldados bereberes sedientos de sangre y saqueos. La conquista musulmana de la Península Ibérica ha comenzado.

Las tropas islámicas están totalmente motivadas pues obtendrán un buen botín de tesoros y mujeres, o bien alcanzarán el paraíso eterno en el caso de morir en batalla. Los bereberes son temibles, sanguinarios, buenos guerreros, expertos jinetes y utilizan tácticas de guerra desconocidas hasta ahora en la península. Los soldados están absolutamente convencidos de su éxito en el campo de batalla.

El grueso del ejército Godo, liderado por el rey Rodrigo, se encuentra en esos momentos en territorio navarro sofocando una rebelión y se dirigen hacia Algeciras, puede que con demasiadas prisas, en cuanto reciben la noticia del desembarco.

Los bereberes toman posiciones en la bahía de Algeciras y esperan la llegada de las tropas godas.

La batalla se desarrolla en la junta de los ríos Guadalete y Majaceite, a unos 7 km. al sur de Arcos de la Frontera y se prolonga durante días, entre el 19 y 26 de Julio de 711. El ejército bereber aplasta sin piedad al visigodo, dando muerte al rey Rodrigo cuyo cuerpo sin vida nunca apareció. Únicamente se recupera el cadáver de su caballo y una bota real. La ferocidad bereber y la destreza de sus jinetes con rápidos y cortos ataques se impone a un rancio ejército godo infestado de traidores.

Los musulmanes, ante esta gran victoria, tienen vía libre para internarse y dominar la Península Ibérica, lo cual consiguen en tan solo 10 años y sin excesivos enfrentamientos bélicos.  

Estos acontecimientos dieron lugar a la desaparición casi inmediata del oscuro, avaricioso, anticuado e invasor poder visigodo, a la presencia musulmana en España durante los siguientes setecientos años y a la unión de todos los cristianos con un mismo objetivo común, la reconquista, el germen que mil trescientos diez años después, da lugar a la España que disfrutamos todos hoy en día.

Qué menos que recordar una semana tan importante y olvidada como ésta. Mucha lista de Reyes Godos en el colegio y poco Emir o Califa andalusí. ¿Por qué en estos tiempos en los que hay días dedicados a las alitas de pollo o a los delfines huérfanos, no se recuerdan estas importantes y decisivas batallas de nuestra historia como son la de Guadalete (19-26 julio 711), Covadonga (28 de mayo de 722), Simancas (1 de agosto de 939), Alarcos (19 de julio de 1.195), Navas de Tolosa (16 de julio de 1212)?  Casi todas ellas ocurridas en el verano, con el buen tiempo, cuando se hacía la guerra en la Edad Media. Pero eso, amigo, ya es otra historia.

La Noche Toledana

Al Ándalus, año 796. Al-Hakam I, hijo y sucesor de Hissam I, asume el cargo de Emir con 26 años. Nacido en el año 770, fallece en Córdoba el 21 de mayo de 822 con cincuenta y dos años.

Su nombre significa “Juez, árbitro” y su sobrenombre es el de “indomable, incorrupto”.

Su madre, Zujurf, es una esclava que Carlomagno regaló a su padre.

De piel trigueña, alto, delgado y con nariz respingona. Gran orador, además de valiente y atrevido. Espléndido y generoso con los regalos. Muy desconfiado, temible y sanguinario en sus enfados. Le gusta la caza, el juego de pelota y los certámenes poéticos.

Deja 19 hijos varones y 21 hijas.

Formó un ejército realmente potente compuesto fundamentalmente por bereberes y mercenarios cristianos. Su guardia de Palacio estaba compuesta por más de dos mil hombres denominados “los mudos”, todos ellos extranjeros que no hablaban el idioma árabe ni el romance.

Su reinado está marcado por las rebeliones internas las cuales son aplastadas con mano de hierro, extrema violencia y crueldad. Veamos un ejemplo:

Año 797, Toledo. Sus habitantes intramuros son fundamentalmente mozárabes y muladíes de origen visigodo e hispano romano y aún llevan muy dentro el orgullo de la capitalidad de la ciudad en época Visigoda. Son gente soberbia, valientes y deseosos de independencia. Los árabes se concentran extramuros en grandes haciendas de los alrededores y bien protegidos. El caldo de cultivo perfecto para continuas rebeliones y las consiguientes molestias para el poder de Córdoba.

 Al Hakam I toma la decisión de dar un sangriento y definitivo escarmiento a los ciudadanos de Toledo. Para ello elabora un maquiavélico plan: Nombra gobernador de la ciudad a un hispano cristiano renegado y de su plena confianza llamado Ambrús (Ambrosio). Este nombramiento es aceptado de buen grado por los Toledanos acostumbrados al nombramiento de gobernadores de raza árabe, los cuales oprimían, abusaban y maltrataban sin límites a la población. Ambrús plantea a sus gobernados la construcción de una nueva fortaleza en la ciudad, de tal manera que el ejército se acantonará en la misma y no habrá necesidad de que los salvajes, violentos y descontrolados soldados tengan que residir en las viviendas de los ciudadanos. Con esta medida se pondría fin a los problemas lógicos que ello ocasiona y que todos podemos imaginar. Ambrús se gana así la total confianza de los Toledanos.

Una vez levantada la nueva fortaleza, siguiendo el plan inicial previsto y para no levantar sospechas, se simula una petición de tropas desde la frontera por haberse detectado movimientos hostiles del enemigo. Desde Córdoba sale un nutrido ejército, al frente del cual se encuentra ni más ni menos que el hijo de Al Hakan, el futuro Emir de Al Andalus, Abderramán II, el cual cuenta con tan solo catorce años de edad.

Como venía siendo habitual, el ejército que supuestamente se dirige a la frontera hace parada de avituallamiento y descanso en Toledo para, al poco tiempo, hacer creer a la población que el peligro en la frontera ya ha pasado por lo que las tropas deben regresar a Córdoba. Es entonces cuando Ambrús convence a los notables Toledanos para que conozcan en persona a Abderramán y quedan tan encantados en el encuentro que insisten al futuro emir para que permanezca en la ciudad varios días. Siguiendo el plan ideado, Abderramán se hace de rogar y acaba finalmente aceptando prorrogar su estancia en Toledo ofreciendo incluso a los notables la celebración de una gran fiesta, los cuales aceptan con satisfacción pues por fin parece que Córdoba quiere cambiar su posición frente a ellos.

La fiesta se celebrará en la nueva fortaleza levantada por Ambrús y en la que no se escatimará en gastos. Habrá abundancia de comida, bebida, música y folclore de todo tipo. En el día señalado, los invitados se agolpan en la entrada principal de la fortaleza y para evitar aglomeraciones en el interior, se les indica que vayan pasando en pequeños grupos para luego salir por la puerta trasera. La realidad es que a medida que los invitados van entrando, atraviesan un estrecho pasillo en cuyo final les esperan los soldados del emir para arrastrarlos de forma inmediata y sin miramiento alguno al borde de un foso del patio interior de la fortaleza donde son decapitados sin más. Los gritos de terror y el olor a carnicería son ahogados con los músicos y una cocina a base de fuertes especias. Los sangrientos despojos humanos van llenando el foso poco a poco.

Tras varias horas, cuando los notables se dieron cuenta de que no hacían más que entrar invitados pero ninguno de ellos salía por la puerta trasera, fueron conscientes de la trampa y salieron despavoridos del lugar para mantenerse ocultos hasta que las tropas musulmanas levantaran su campamento. Cuentan las crónicas que ese día se decapitaron a unos 700 notables Toledanos y mudo testigo de cada uno de los asesinatos fue el niño de catorce años, Abderramán, futuro Emir de Al Ándalus.

Este hecho tuvo las consecuencias esperadas pues los supervivientes no iniciaron rebelión alguna en la ciudad durante los siguientes catorce años.

Esta noche sangrienta es conocida como “La Jornada del Foso” y dicen algunos historiadores que es el origen de la expresión “Pasar una Noche Toledana”.

La última en solitario.

Sábado, 30 de noviembre de 2019, uno de los otoños más lluviosos y fríos de los últimos años. Hacía mucho que el tiempo no acompañaba para una buena y solitaria ruta por la provincia de Soria explorando nuevos territorios.

Tengo idea de visitar un torreón islámico que tengo localizado en el pueblo de Chaorna, en la zona sur de Soria, en Tierras de Medinaceli. Se trata de una zona para mi desconocida y voy con muchas ganas pues no ha parado de llover desde hace días. Llego a Maranchón (Guadalajara) donde tomo carretera (GU 406) en dirección norte para adentrarme en tierras sorianas.

La carretera transcurre por una zona espectacular y me interno poco a poco en el mayor bosque de sabinas de Europa situado en la Sierra de Solorio. Paso de largo por pueblos como Codes e Iruecha, haciendo la más firme promesa para, en un futuro, explorar detenidamente toda esta zona.

Hago parada en el pueblo Soriano de Judes donde me doy un paseo por sus calles principales sin que note la más mínima presencia humana. En la Plaza Mayor me entretengo admirando la iglesia y una casa cuya arquitectura me llama la atención. Hace frio y llueve intermitentemente.

Judes
Judes

Pongo rumbo hacia mi destino principal, pero al poco de salir de Judes veo un embarrado camino de arcilla que se interna en el bosque de sabinas. No me lo pienso dos veces y me adentro de lleno en ese inesperado camino para, después de muchos kilómetros, mucha lluvia, mucho barro y varias cruzadas con salidas del camino incluida (todo es llano), llegar al pueblo de Arcos de Jalón sin excesivos contratiempos. Visito el casco antiguo y en la Plaza Mayor disfruto del exterior de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (siglo XVI -XVIII) en cuya fachada hay una más que decorada placa con los oriundos del pueblo caídos en la Guerra Civil. Hay unos cuantos… Arcos de Jalón no quiere olvidar a sus vecinos.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Arcos de Jalón

Cuando España estaba dominada por los musulmanes, Arcos de Jalón era una ciudad muy poblada y próspera que albergaba un importante enclave militar que, junto con Medinaceli, Somaén y Montuega, controlaba el valle del río Jalón, vía de comunicación entre la Meseta y el Valle del Ebro. Esta localidad, incluso una vez reconquistada, mantuvo un altísimo porcentaje de población musulmana hasta comienzos del siglo XVI. Por hacernos una idea, hay una crónica en la que los únicos cristianos del pueblo, el cura y el alcalde, enviaron un documento a su Obispado en el que comunicaban la ausencia total de parroquianos en cualquier acto religioso.

En un acto de responsabilidad, compro agua, pan y embutido en un super rural de los auténticos y me dirijo al cerro donde se ubica el Castillo cuyos restos actuales, edificados sobre una fortificación árabe anterior, datan del siglo XIV.

Del Castillo se mantiene la Torre del Homenaje y algún tramo de la muralla original. Desde el alto, si retrocedes mil años, sorprende el amplio territorio que se domina y a fecha actual puedes disfrutar de la visión del Arcos de Jalón moderno y antiguo separados por las ruinas en las que me encuentro.

Arcos de Jalón
Arcos de Jalón. Barrio antiguo
Arcos de Jalón

Por asfalto me dirijo finalmente hacia mi destino inicial, Chaorna, a unos 13 km. La carretera atraviesa un paraje espectacular y en ocasiones me recuerda a las dehesas extremeñas. Voy con mucha calma, sin prisa alguna, disfrutando de la soledad y el paisaje.

Tras una curva, aparece la primera visión del pueblo de Chaorna, entre desfiladeros, mimetizado con el paisaje y presidido en su punto más alto por el torreón árabe que busco. Me impresiona mucho. Creo estar llegando a una de las zonas más bonitas y desconocidas de la provincia de Soria.

Paro en la entrada del pueblo donde hay un ensanchamiento en la carretera con zona de juegos infantiles donde devoro un par de bocadillos. Justo enfrente, a unos 50 metros de donde me encuentro, se abre una puerta y sale una señora que se queda un buen rato mirándome con curiosidad. No hay más atisbo de vida. Hace mucho frio, el viento es infernal y la señora cuando se cansa de cotillear cierra la puerta y vuelve al calor de su hogar. Nunca más tuve noticias de ella. Ni de ella ni de nadie más.

Chaorna
Chaorna

Recorro a pie todos y cada uno de los rincones del pueblo. Se trata de un lugar espectacular, muy recomendable. Subo por una empinada, estrecha y resbaladiza cuesta hasta la iglesia y desde ahí al torreón. En el alto disfruto un buen rato del paisaje y de la absoluta soledad del lugar. Dejo volar unos minutos la imaginación con la visión que tendrían los soldados bereberes allí asentados y posteriormente sus repobladores vascos.

El torreón ha sido restaurado y merece la pena su visita aunque no sea posible acceder al interior. Data del siglo XI, tiene una altura de doce metros y los muros son de un metro de grosor.

Chaorna. Torreón árabe
Chaorna

 Comienzo la bajada por el mismo estrecho y resbaladizo callejón. En cuestión de una milésima de segundo y sin esperármelo, me veo estrellado en el suelo y con un fuerte golpe en la muñeca y la cadera. Maldigo mi suerte y agradezco no haberme roto nada. Me levanto sucio, mojado y dolorido. No hay nadie, me siento muy solo, vaya golpe me he dado. Sigo mi peligrosa bajada cojeando y con muchísima prudencia, no quiero verme en situación delicada y embarazosa. Hace ya muchos años, como medida de seguridad ante imprevistos que puedan ocurrirme fuera del vehículo, tomo la precaución de llevar el móvil en el bolsillo aunque sea para desplazarme unos pocos metros. Lo que no tengo en cuenta es que en esta zona de la España deshabitada no siempre hay cobertura. Pero bueno, dicen que para emergencias siempre hay cobertura, no lo tengo del todo claro.

 A los pocos minutos ya se ha calentado el cuerpo y deja de dolerme. Sigo andando por todo el pueblo y en otro extremo hay una curiosa chimenea de ladrillo rojo, junto a una fuente y una casa que debió ser en tiempos una fragua. Repito, creo que he descubierto uno de los pueblos más bonitos de la provincia. Sencillamente espectacular.

Chaorna
Chaorna

Chaorna

Vuelvo por la carretera por la que he venido en dirección Arcos de Jalón. A los pocos kilómetros veo un camino de tierra en buen estado con un cartel que indica “Arcos de Jalón”. Por supuesto opto por este camino. El firme es muy bueno, de grava blanca muy asentada y húmeda, por lo que impongo un ritmo fuerte donde disfruto de los 160 CV del motor japonés del Nissan. En estos terrenos, la verdad que este coche tiene un comportamiento excelente y es realmente divertido. Por las señalizaciones del camino, debe ser utilizado para el mantenimiento de un oleoducto que está soterrado al margen y de los túneles de la línea férrea del AVE. Cruzo por debajo de la vía del tren y el camino va empeorando poco a poco, si bien aún es muy accesible a pesar de los enormes charcos de agua y zonas embarradas.

Paso por el despoblado de Avenales y mantengo rumbo oeste, hacia Medinaceli, mi único punto de referencia conocido en todo este territorio. Me oriento con una simple brújula direccional situada en el salpicadero del coche por lo que realmente no sé exactamente en qué punto me encuentro y es divertido ir alternando los caminos buscando la dirección correcta.

En Velilla de Medinaceli me cruzo con tres seres humanos a los que pregunto si voy bien encaminado hacia la Ciudad del Cielo. Parece que sí y siguiendo sus indicaciones, vuelvo de nuevo a la soledad de los caminos. El día está muy gris, son las cuatro de la tarde y parece que anochece antes. Cae una lluvia intensa y muy fina.

A lo lejos, en una loma se dibuja la figura de una iglesia. La estampa es misteriosa, el cielo está plomizo y no hay signos de vida humana. Me voy acercando poco a poco y tomo el desvío que me lleva a este pueblo. El camino de acceso está en fuerte pendiente y con mucho barro, atravieso una primera línea de casas y aparezco de repente en una enorme plaza rectangular sin asfaltar, en cuesta y con la iglesia presidiendo desde la parte más alta. Se trata de un despoblado. Las casas, aún en pie, no están en muy mal estado. Hay grafitis en las paredes, muchos de ellos groseros. Me invade una sensación de congoja, el silencio es total, hace mucho viento y se oye el golpear de una chapa contra algún muro. Se me eriza la piel al bajarme del coche. Me siento observado.

La Lomeda
La Lomeda

Me quedo un buen rato cerca del coche, con las puertas abiertas, al acecho y atento a cualquier ruido o movimiento. No parece que haya nadie pero el lugar me inquieta. En el alto, presidiendo la plaza, está la iglesia con la puerta entreabierta. Un escalofrío recorre mi espalda. Con decisión y no siendo habitual en mí, no nos engañemos, me dirijo a la iglesia. A medida que me acerco, observo una ventana en el segundo piso y me imagino al chiflado de turno observándome. Me acojono yo solo. Sobreponiéndome a todo, traspaso el umbral de la iglesia. Los pelos se me ponen como escarpias pues la iglesia contiene aún bastante mobiliario pero todo está muy desordenado. Un banco, un confesionario, unas telas que cubren algo de la pared que no investigo qué es, el retablo desmontado en un lado…. El silencio es absoluto y noto mis músculos agarrotados. El miedo es libre. Al fondo hay otra puerta abierta pero no soy capaz de atravesarla, ni siquiera de acercarme a ella. Imponiéndome a mis miedos, desconozco si justificados o no, fotografío el interior de la iglesia y me voy cuanto antes. Me noto observado….

Llego al coche, arranco y me voy de este lugar con una rara sensación. El día incluso parece aún más gris.

La Lomeda. Interior de la iglesia
La Lomeda. Plaza

Este misterioso lugar es el pueblo llamado Lomeda. Es propiedad de la nobleza y en tiempos era una granja en la que vivían únicamente nueve familias. De los hijos que tuvieran estas familias, únicamente podía quedarse en el pueblo el más joven, el resto debían de abandonarlo de forma obligatoria por falta de alojamiento y medio de vida. Las familias recibían tierra y ganado para ganarse la vida, debiendo pagar una renta anual a los propietarios. Quedó deshabitado en los años sesenta del pasado siglo XX.

Sigo por caminos y la cosa empeora. El camino ya no es bueno, de tractor, con mucha agua y arcilloso. Caigo en las roderas de los tractores y voy golpeando con los bajos el centro del camino. ¡Maldita altura del Nissan! Voy totalmente tenso, el coche se va de un lado a otro, las ruedas con la arcilla pegada no agarran y el camino empeora. Son más de las 17 horas, no queda mucha luz, en algún tramo el coche se hunde en exceso y hago relucir de nuevo los 160 CV del nipón. El barro que arrancan las ruedas cae como lluvia sobre el techo, el capó y el parabrisas, perdiendo en ocasiones la visibilidad pues los limpias no dan más de sí. Vaya en la que me he metido de repente y no es momento para ello. Huele a atasco insalvable en soledad y a aventura nocturna en mitad de la nada. Me concentro al máximo. En ocasiones, viendo cómo se  cruza el coche en el camino, creo que puedo llegar a caer por un pequeño terraplén del lateral. Valoro un posible vuelco y me agarro al volante con fuerza.

De repente y sin esperarlo, a un lado veo una pequeña explanada para poder dar la vuelta y no me lo pienso dos veces. Cambio de sentido pero soy consciente de que aún no estoy libre de la posibilidad de pasar una de las peores tardes del año pues queda deshacer este impracticable camino. De nuevo la arcilla, el agua, el arrastrar y golpear los bajos al caer inevitablemente en las roderas. Supero el peor tramo de subida absolutamente embarrado donde el coche se cruza perpendicular al camino varios metros. Conservo la calma y logro encauzarlo con total delicadeza. La tensión es total.

Por fin llego a un cruce de caminos donde veo uno con buen firme y en dirección hacia Medinaceli. Tomo esta pista, está en buen estado y pronto llego a una carretera que a los pocos kilómetros me lleva directo a Salinas de Medinaceli donde paro en sus salinas para relajarme y coger unos trozos de sal como recuerdo de esta aventura. Aún me quedan unos 80 km de carretera hasta mi refugio donde llego ya de noche cerrada. La casa está helada, llueve a mares y paso la noche en la soledad más absoluta, orgulloso de poder dormir en una cama y no estar atascado en algún punto remoto y hasta las cejas de barro. Una vez en la cama, mi cuerpo recuerda el resbalón sufrido en ese callejón olvidado. Lo que no podía imaginarme era que había disfrutado de mi última aventura en solitario antes de que un bicho invisible y asesino y con parecido nombre de infantil y ridículo monigote olímpico, cambiara nuestras vidas para siempre. Pero eso, querido amigo, ya es otra historia.

Salinas de Medinaceli

El matrimonio Andalusí

La familia musulmana era patriarcal, al igual que la cristiana y judía, siendo la base de la misma el matrimonio celebrado entre el hombre y la mujer. El matrimonio se formaliza mediante la firma de un contrato entre los contrayentes en el que se regula la dote a percibir por la novia y otros aspectos de la relación matrimonial como podían ser, las causas de divorcio, el establecimiento del domicilio conyugal, no modificar el mismo sin consentimiento de la esposa, permitir la visita de los familiares de la novia, el tiempo que el marido podía ausentarse del domicilio, obligación del marido de no tomar concubinas sin el conocimiento y aprobación de la esposa, limitar su número, exigir al marido a proporcionar ayuda doméstica, etc…

Para entender hoy en día algunas de estas condiciones, hay que saber que el matrimonio musulmán es polígamo, pudiendo el hombre tener hasta cuatro esposas pero sin límite alguno en lo que se refiere a las concubinas siempre que pudiera mantener a todas ellas de forma adecuada y digna. Ello nos puede dar una idea de que únicamente los hombres de las clases más pudientes podían permitirse estos lujos.

Además de la firma del contrato indicado, la boda suponía, como hoy en día, grandes gastos para el banquete, el peinado de la novia, los músicos, los regalos, etc.

Como ya alguno estará pensando, muchos de los matrimonios Andalusíes, al igual que a lo largo de gran parte de la historia y en todo tipo de religiones, tenían fines económicos, sociales e incluso políticos, surgiendo el amor entre los contrayentes (si surgía) a lo largo del tiempo. El día de la boda se determinada previa consulta a los astrólogos y en un intento de garantizar el éxito de esta aventura.

Se permitían los matrimonios mixtos, pero no con la igualdad debida: El hombre podía casarse con mujeres que no fueran musulmanas (cristianas o judías) pero la mujer siempre debía hacerlo con un musulmán. De hecho, emires y califas como Abderramán II o Al Hakem II e incluso el propio general Almanzor se casaron con mujeres cristianas.

En Al Ándalus existía un floreciente mercado de esclavos donde los hombres de clase alta se nutrían de mujeres para su harem. Hablamos de las concubinas. Estas normalmente eran esclavas, podían pasar a convertirse en cónyuge legítimo de su dueño e incluso podían darle hijos lo que, en este caso, les otorgaba el privilegio de no poder ser vendidas. A las concubinas se las identificaba según su origen étnico-geográfico: negras, bereberes, rummies, siendo éstas últimas las más apreciadas pues procedían de territorios cristianos (norte de España, Europa), muchas de ellas hechas cautivas en operaciones de guerra o compradas en el correspondiente mercado. Con las concubinas negras se evitaba en la medida de lo posible tener descendencia por el evidente color de piel del futuro vástago.

En la concubina se apreciaba la belleza y la inteligencia, siendo muchas de ellas educadas en toda serie de artes y saberes. Compartían aposentos con las cónyuges legítimas y disfrutaban de libertad de movimientos, a diferencia de éstas, por todas las estancias de la casa de los señores. A las fiestas únicamente asistían las concubinas, quedando al margen de estas lúdicas actividades las esposas, las cuales eran depositarias del honor de la familia. La esposa tenía derechos y obligaciones y la concubina estaba al servicio de su dueño. Gran diferencia. Más de un hombre mataba o vendía sin miramiento alguno a aquella concubina que él entendiera que le había hecho ofensa. De forma inmediata, era sustituida por otra u otras compradas en el mercado.

En las clases altas y pudientes, la mujer casada no tenía necesidad de trabajar y pasaba la mayor parte del tiempo en el interior de la casa, saliendo de ella en contadas ocasiones para acudir al juez, al cementerio, a la mezquita, a los zocos o a los baños. En las clases sociales más bajas, la esposa tenía mayor libertad de movimientos y tenían trabajos remunerados como empleada de hogar, comadrona, matrona, nodriza, lavandera, hilandera y tejedora, trabajando también en el campo si eran de familia campesina. Tampoco faltaban las depiladoras, tatuadoras, plañideras, cantoras, echadoras de cartas e incluso maestras y médicos especializadas en mujeres y niños. La mujer, con independencia de su estatus social, podía tener propiedades y dinero.

La autoridad paterna en la familia Andalusí también queda reflejada en el nombre de los hijos habidos en el matrimonio. Junto al nombre propio del niño o niña, se menciona el nombre del padre o abuelo separados por el término «Ben» o «Ibn» (hijo de). Por cierto, los nombres de varón más comunes en Al Ándalus coinciden con el de profetas y personajes importantes de los textos sagrados: Ayyub (Job), Sulaiman (Salomón), Ibraim (Abraham), Musa (Moisés), Yayha (Juan), Isá (Jesús), Yusuf (José) y el más habitual de todos, Muhammad (Mahoma).

Origen de la ciudad de Soria

La actual provincia de Soria fue ocupada en el año 714 por tropas musulmanas  lideradas por el entonces Gobernador del Norte de África, el árabe Musa ibn Nusair.

Desde ese momento, la población civil (fundamentalmente musulmana) se concentra sobre todo en las actuales comarcas de Tierra de Ágreda, Campos de Gómara y Tierra de Almazán, convirtiéndose el resto de la provincia en zona militarizada y campo de batalla donde se producían continuos enfrentamientos entre los ejércitos cristiano y musulmán.

A comienzos del siglo X, la zona occidental de la actual provincia es reconquistada por el Reino de Navarra y el Condado de Castilla y no es hasta comienzos del siglo XII cuando la parte oriental de la provincia, desde el Moncayo hasta la actual ciudad de Soria, es recuperada para la cristiandad de forma pacífica por el rey de Aragón, Alfonso I «El Batallador».

Consecuencia de la actividad de repoblación llevada a cabo por el Rey aragonés, es cuando entre los años 1.109 y 1.119 la ciudad de Soria aparece por vez primera en las crónicas de la época. De forma oficial, los historiadores datan la fundación de esta pequeña gran ciudad en el año 1.119, hace 902 años, ni más ni menos.

Ermita de San Saturio
Palacio de los Condes de Gómara
Iglesia Virgen del Espino (Cementerio)

Los primeros asentamientos urbanos se realizan entre los cerros del Castillo y la Ermita del Mirón, puntos estratégicos para vigilar y controlar el paso sobre el río Duero. En el lugar ocupado por la actual ciudad de Soria no hay rastro de asentamientos celtíberos, romanos ni visigodos. Durante la ocupación musulmana sí debió existir un pequeño castillo o atalaya pero sin que ello suponga asentamiento estable de población, sino únicamente un pequeño destacamento militar con meras funciones de vigilancia sobre el río Duero.

En el año 1.119, la recién nacida ciudad de Soria forma parte del Reino de Aragón y es repoblada con gentes venidas de Aragón y Navarra. En el 1.134, tras la muerte de «El Batallador», queda sujeta a la soberanía Castellana. Comienza así una época de florecimiento de la ciudad y en la que Soria se convierte en punto de referencia económico y social de la frontera entre Castilla y Aragón. .

Iglesia de Santo Domingo

En el año 1.195, el Rey de Navarra Sancho el Fuerte saquea la ciudad de Soria, ocasionando este hecho un fuerte retroceso económico y social pues gran parte de los pobladores que sobreviven abandonan la zona por miedo a nuevos ataques del navarro. Ante esta situación, Alfonso VIII, Rey de Castilla (El Rey Niño de Soria), a través de un Fuero, fomenta una nueva etapa de repoblación de la ciudad concediendo importantes privilegios a quienes allí se establecieran.

Motivados por la intervención del Rey Niño, llegaron a la naciente ciudad de Soria campesinos que provenían de los pueblos de alrededor, guerreros acreditados que buscaban tierras, títulos de nobleza y aventuras, así como judíos y musulmanes que practicaban con habilidad sus actividades industriales y comerciales. Surge así una nueva etapa de esplendor en la que la ciudad se convierte en importante zona de paso en la nueva ruta entre Castilla y Aragón, punto vital de la actividad comercial entre ambos reinos y lugar de descanso y avituallamiento para reyes, señores y tropas.

San Juan de Rabanera
San Juan de Rabanera (Ábside)
San Juan de Rabanera (Portada)

De los inicios de la ciudad de Soria, entre las excentricidades propias de alcaldes del presente siglo sin conocimiento arquitectónico ni gusto alguno, sobreviven actualmente varios tesoros repartidos por la ciudad que destaco y entiendo son de obligada visita: la Iglesia de San Juan de Rabanera, la Iglesia de Santo Domingo, la Ermita de El Mirón, el Monasterio de San Juan de Duero, el Claustro de la Concatedral de San Pedro y por supuesto los restos del Castillo.

El libro de la historia de Soria no ha hecho más que comenzar a escribirse. Se convierte en población de referencia de la frontera entre los Reinos de Castilla y Aragón, donde desde comienzos del siglo XII hasta mediados del siglo XV, durante aproximadamente 360 años, entre ambos Reinos se libran duras batallas por este territorio y que posiblemente hayan dado a sus modernos pobladores esas características genéticas tan típicas y que el que suscribe es posible que lleve impregnadas en su ADN. Pero eso ya, queridos lectores y posiblemente amigos, es otra historia.

Santo Domingo (Portada)
Santo Domingo (Detalle Portada)
Santo Domingo (Detalle Portada)

Herencia Andalusí

Cuando el general bereber Tariq desembarcó en Tarifa en el año 711, se encontró con una decadente, primitiva, oscura y triste sociedad visigoda, presionada por el poder, amenazada militarmente, con poca ambición cultural y hábitos de vida poco saludables. Así, desde muchos estamentos sociales, sobre todo el pueblo llano que era la gran mayoría y que poco tenía que perder, la ocupación musulmana fue un soplo de aire fresco, incluso bienvenida, lo cual propició que gran parte de la sociedad se adaptara con cierta naturalidad a muchos de los usos y costumbres de los musulmanes y que incluso hoy en día perduran.

Los musulmanes introdujeron en España la modernidad, la cultura, la buena gastronomía, el buen gusto y el refinamiento. Su influencia ha sido importante tanto es aspectos de la vida cotidiana como en las ciencias y las artes.

Veamos de forma rápida algunos ejemplos: Difundieron y perfeccionaron la brújula, el astrolabio y las cartas náuticas; conocían la destilación, los jarabes y las pomadas; trataban enfermedades como las cataratas, utilizaban anestésicos y sabían cómo detener una hemorragia interna; introdujeron juegos como el ajedrez (la expresión “jaque mate” proviene de la expresión en árabe “el rey está muerto”) y el tres en raya; las matemáticas era una de sus ciencias favoritas y aún hoy utilizamos sus números y su forma de contar.

Pero profundicemos en un aspecto que seguro llama más la atención a los que no somos de ciencias: La gastronomía.

Salchichas y Tangia. Marrakech
Cocina Bereber. Ourika
Despensa bereber. Ourika

La alimentación de la sociedad visigoda era escasa y poco variada, siendo los cereales la base alimentaria en forma de insulsas y pastosas papillas o tortas. Este alimento se acompañaba con vino y si había suerte, con algo de carne y miel para endulzar.

La dieta musulmana era infinitamente más rica y variada que la de los habitantes ibéricos. Consumían todo tipo de frutas y verduras y una amplia gama de carnes y pescados cuidadosamente elaborados.  La comida para ellos era un placer y para mayor disfrute, la servían en tres platos: un primero ligero, un segundo plato fuerte a base de carne o pescado y un tercer plato de dulces y frutas confitadas. Esta bonita y elegante costumbre perdura hasta nuestros días.

El primer plato, podía consistir en sopa, huevos, verduras, cereales, o ensaladas. Para satisfacer sus gustos culinarios, introdujeron en la península, el arroz, las espinacas, acelgas, calabaza, zanahoria, judía verde, alcachofa, y la popular berenjena.  La berenjena era tan consumida en la época que a los almuerzos multitudinarios y con mucho bullicio se les denominaba “berenjenales”.

Las ensaladas eran a base de lechuga y hierbas varias, aceite de oliva y aceitunas. Los huevos se hervían en agua para consumirlos duros o se freían en aceite de oliva.

Zoco de Rissani
Sopa Harira. Marrakech
Zoco de Rissani

En el segundo plato, se consumía mucha carne de cordero (la más apreciada), cabra, carnero, vaca, conejo, gallina y otras piezas de caza como venados, faisanes, palomas y codornices. Se cocinaba frita en aceite de oliva o bien asada o guisada con salsa y también triturada en forma de salchichas o albóndigas. La carne normalmente se maceraba y aromatizaba con una gran variedad de especias que también introdujeron nuestros protagonistas (canela, azafrán, nuez moscada, anís, etc.). Los bereberes guisaban la carne con hinojo, berenjenas, acelgas o espinacas y los árabes con almendras, nueces, ciruelas, dátiles o membrillos.

Tajin. Merzouga
Zoco Rissani

¿Quién podría resistirse en esta época a un guiso de gallina adobada en escabeche y condimentada con cilantro, pimienta, canela y azafrán, acompañado de una salsa hecha con agua de rosas, azúcar y almendras molidas?

O a un plato aún en uso hoy en día sobre todo en Andalucía y típico del viernes de Cuaresma, la alboronía, hecho a base de berenjenas, calabacines, cebolla, pimientos y ajo, condimentado con pimentón, vinagre, pimienta y sal. ¿A alguien le es familiar esta receta? Así es, el origen del pisto.

Las clases más bajas y que no podían permitirse estor manjares cárnicos, consumían sobre todo despojos como riñones, hígado, sesos, etc.

Rissani

Sorprende conocer que ya tenían en su dieta los fideos de pasta hechos con harina molida de trigo (los modernos espaguetis) y que utilizaban el escabeche para realizar conservas tanto de carne como de pescado.

En los postres eran los maestros. Introdujeron en la península la caña de azúcar y nos han dejado recetas tan nuestras como el arroz con leche, los dulces con almendra, turrones y mazapanes. Seguro que en la próxima Navidad recordarás su origen al ver en tu mesa estos productos tan típicos.

Rissani
Rissani
Terraza Bereber. Los Atlas

No debemos olvidarnos de las almojábanas, buñuelos de masa de harina, levadura, leche y mantequilla con un relleno de queso fresco, ni tampoco del alfajor, masa hecha de miel, almendras, canela, anís, clavo, cilantro, ajonjolí, harina fina y azúcar.

No se privaban de ningún placer. Por ejemplo, en los meses más calurosos consumían sorbetes muy fríos y de diferentes sabores. Conservaban la nieve caída durante el invierno en las neveras de la época, pozos de entre 10 y 20 metros excavadas bajo tierra y que mantenían el hielo incluso durante los meses de verano.

Y más sorpresas: Los musulmanes fueron los que introdujeron frutas tan típicas como el albaricoque, el melocotón, la ciruela, el membrillo, el limón, la naranja amarga, la lima, el melón y la sandía.

Teniendo en cuenta todo lo dicho hasta ahora, podemos imaginarnos los avanzados conocimientos que en Al Ándalus tenían en materia de agricultura. Realizaban un uso muy eficiente del agua construyendo grandes norias para su extracción de pozos y ríos y distribuirla a continuación a través de una compleja red de acequias para regar campos y huertas. Acequias que en muchos lugares siguen siendo utilizadas hoy en día. Incluso idearon el sistema de riego por goteo para lo que utilizaban vasijas con un agujero en el fondo. El 30% de las palabras que actualmente se corresponden con la ciencia del riego son de origen árabe (alcorque, albufera, canal, rambla y un largo etcétera).

Guerreros bereberes?
Mujer bereber?

Con sus nuevas técnicas, aumentaron significativamente la producción de especies tradicionales de la península como eran el trigo, la vid y el olivo. La introducción de las nuevas especies y a las que me he referido con anterioridad, requerían mucho conocimiento y llevaban a cabo experimentos para conseguir la mejor adaptación de la planta a nuestro clima.  

Todos los conocimientos agrónomos de los andalusíes quedaron recogidos en uno de los más importantes Tratados de Agricultura de todos los tiempos, siendo autor del mismo el Sevillano Ibn al-Awwam (Siglo XII). En esta obra se tratan multitud de temas sobre agronomía como los tipos de tierra, su preparación, los diferentes tipos de agua y las que mejor conviene a cada especie (la de lluvia es la mejor), técnicas de regadío, injertos, podas, eliminación de plagas, conservación de los productos, su importancia en la alimentación, su sabor, etc… Incluso hace referencia a la utilidad de muchas plantas para usos no gastronómicos. Por ejemplo, tomen nota los padres primerizos, del laurel (muy conocido por todos nosotros), se decía que sus hojas ahuyentaban a los reptiles y tranquilizaban a los niños llorones.

Así, resumiendo, podemos decir sin ningún tipo de dudas que la presencia musulmana en la península ibérica supuso una auténtica revolución tanto en lo que se refiere al cultivo de las tierras como a la alimentación. Habrá que ser agradecidos.

La noche de la bestia.

Noche de San Lorenzo y Santa Clara. 10-11 agosto 2015. En algún punto del Pantano de la Cuerda del Pozo

Desde bien joven siempre me ha gustado dormir al raso, sin más techo que las estrellas. Me resulta muy cómodo el hecho de no tener que montar ni desmontar tienda de campaña alguna y en casi todas las ocasiones, simplemente te liberas de las botas por aquello de cumplir con algún mínimo de decencia. Al día siguiente, en cuestión de segundos, ya estás preparado para afrontar una nueva aventura.

Ha habido noches de calor, de frio, de rocío, de hielo, de mosquitos, de algún ser baboso recorriendo mi cuello, pero de todas ellas guardo un buen recuerdo. Hay una especial y que casualmente compartí con mi mujer, (creo que era la primera vez que se apuntaba conmigo a algo similar), y otras veinticinco personas (un par de hijos míos entre ellos) en la que dormimos al raso en algún remoto lugar en la orilla del pantano de la Cuerda del Pozo. Era una noche muy especial para mí y otros muchos, 10 de agosto, la noche de San Lorenzo. Además, aniversario de la muerte del gran Almanzor según algunos historiadores.

Esa tarde estuvimos dando apoyo logístico con el Land Rover a un numeroso grupo de la familia que disfrutaba durante varios días de una ruta ciclista por la provincia de Soria. Miembros de mi familia, todos duros y recios, algunos más austeros que otros, jeje.

Tras una reparadora cena, no tardan los excursionistas en acomodarse en los sacos y quedarse profundamente dormidos. Son las 23 horas.

Tras un breve paseo por la orilla del pantano, decidimos meternos en nuestros sacos de dormir con la esperanza de ver alguna estrella fugaz. Las intenciones siempre son buenas, pero al poco tiempo Morfeo nos acoge en sus brazos. Siempre pasa lo mismo.

Todo transcurre con normalidad hasta la 1,50 de la madrugada en la que mi media naranja me despierta diciendo que hay un animal rondando el campamento. Me incorporo al instante y enciendo la linterna. La noche está fría pero serena y tranquila.

Rastreo nuestro alrededor con la luz de la linterna y vemos con asombro que, a no más de dos metros de nuestros pies se encuentra un enorme zorro observándonos en silencio y con curiosidad. El susto inicial no nos lo quitó nadie. Rápido, salgo del saco para calzarme las botas, movimiento que provoca que el zorro desaparezca para reaparecer al instante por otro lado y corriendo por mitad de nuestro improvisado campamento. Incluso me da la sensación de que pasa por encima de alguno de los agotados ciclistas y que duermen apiñados a escasos cuatro metros de distancia.

Comento a mi mujer que los zorros no son animales peligrosos, que no atacan. Incluso amplío la información diciendo que en España no hay animal salvaje que ataque al ser humano, debemos por tanto estar tranquilos, sólo es un zorro. Me acuerdo de un programa de Félix Rodríguez de la Fuente que vi cuando era chaval y en el que comentaban que los zorros siguen el rastro del ser humano en sus paseos por el monte pues siempre consiguen restos de comida. Suenan las campanas de la iglesia de algún pueblo cercano. Son las dos de la mañana.

Parece que mis científicas explicaciones convencen a mi mujer pues se acomoda en el saco de dormir para conciliar de nuevo el sueño a los pocos segundos. Pero yo no, imposible relajarme pues me he quedado con toda la adrenalina a flor de piel y me mantengo alerta, al acecho, vigilante.

A los pocos minutos el zorro vuelve a visitarme. Me observa, le observo. Me dirijo hacia él muy silencioso y haciendo movimientos con la linterna para asustarlo pero ni se inmuta. No da siquiera un paso atrás. Me mira fijamente. Me acojono. Intento autoconvencerme de lo que hace un rato comentaba a mi mujer. Me acuerdo del programa de Félix, pero en mi mente se dibuja la escena del animal abalanzándose sobre mí de forma agresiva y dando un bocado allí donde pille. Me pongo tenso. Busco con la mirada un palo para azuzarlo o incluso agredirle/defenderme en caso de que me ataque. El zorro sigue inmóvil, no me quita ojo de encima. Yo a él tampoco. No hay palos, no hay piedras, no hay nada para defenderme del que podría ser un inminente y salvaje ataque de esta bestia nocturna. Estoy solo, todo el mundo duerme, me siento responsable no sé muy bien de qué. Con movimientos lentos, casi felinos, me acerco sigilosamente al Land Rover, lo abro y empuño mi nuevo cuchillo comprado en Valladolid hace menos de un mes. Me posiciono con determinación frente al zorro. En mi mano izquierda la linterna, en mi mano derecha el machete. Estamos solos el zorro y yo, muy quietos, muy callados, el uno frente al otro. Adopto posición de ataque, abro los brazos y me dirijo contra la bestia pisando fuerte el terreno para hacer ruido y asustarlo. Gritaría, pero despertaría al grupo y podría cundir el pánico. El zorro retrocede y se aleja en la oscuridad. No dejo de sentirme ridículo. Detecto movimiento entre el grupo de durmientes. Vuelve todo a la calma.

Me siento en una piedra, mantengo una total tensión, no tengo sueño ni cansancio alguno. Mi mujer me pregunta que qué hago y si el zorro sigue por ahí. Le comunico con decisión que voy a estar de guardia toda la noche. Me siento un guerrero. Suenan de nuevo las campanadas de la iglesia, son las tres de la mañana. Comento a mi mujer que son campanadas de muerto…no sé a qué viene ese comentario, yo mismo me acojono con mis palabras. Me siento observado.

Sobre las 3,20 de la mañana opto por tumbarme y ver las estrellas, una dos, tres, otra más.!Es la noche de San Lorenzo!

Abro el saco de dormir al estilo manta y me lo echo por encima. Voy totalmente vestido, pantalones, forro polar y las botas puestas. Si me tengo que enfrentar a nuevos peligros debo estar preparado desde el primer instante. Me tapo bien la cabeza para intentar olvidarme de todo y evitar, si llega el caso, sentir el aliento de la bestia en la nuca o lo que es peor, un lametón en la cara previo al mordisco.

Recobro la conciencia a las 4,15 de la madrugada, tengo calor. Me pongo boca arriba, hay millones de estrellas, recuerdo el brutal encuentro con el zorro… suena una campanada…las cuatro y media…qué noche más larga… estrellas fugaces de nuevo….oigo el paso de un animal grande por la gravilla que hay en la orilla del pantano…..acaricio la fría hoja de mi cuchillo que mantengo a mi alcance. Me hago la más temida de las preguntas: ¿Qué hago yo aquí? De nuevo las campanadas de muerto, son las cinco, no tardará mucho en amanecer. Sigo alerta a las seis de la mañana. Pierdo conciencia y a las siete de la mañana, con las primeras luces y con una temperatura de 9 grados, doy por finalizado el descanso.

Hoy es Santa Clara, el amanecer es precioso y queda un largo y entretenido día por delante.

Ruta por la Estremadura Soriana (III)

Llegados a Caltojar, esperaremos a las tropas que desde Barahona optaron por la otra ruta alternativa para llegar a este mismo punto. Estos efectivos tomaron dirección Norte a través de la carretera CL-101 hasta Villasayas, localidad en la que podemos disfrutar de la Iglesia de la Asunción de la Virgen del Rosario con una de las más bellas y desconocidas galerías y portada románica de la provincia (fines del siglo XII).

En Fuentegelmes, la ermita de la Soledad se encuentra en pleno centro del pueblo y al lado la modesta iglesia de Nuestra Señora de la Asunción con su portada románica de comienzos del siglo XIII.

En dirección oeste, muy cerca de la Ermita de la Soledad, tomaremos un camino de tierra en muy buen estado y libre de peligros pues los vigías bereberes desde las atalayas velarán nuestros movimientos y nos advertirán de posible presencia cristiana.  El río Torete, muy cercano al camino, nos servirá para refrescarnos y abastecernos de agua si fuera necesario tal y como hicieron posiblemente el propio Abderramán III y Almanzor cuando al frente de sus ejércitos se dirigían a las plazas fuertes de Berlanga y Gormaz utilizando esta misma vía.

En Bordecorex disfrutaremos de la Iglesia de San Miguel Arcángel (finales s. XIII) cuya torre campanario fue en su día una torre defensiva almenada de origen árabe. Pasea por el pueblo el cual se encuentra muy rehabilitado y con buen gusto.

Iglesia de San Miguel Arcángel (Bordecorex)
Ábside
Bordecorex

Poco antes de llegar a Caltojar, parada obligatoria en la Atalaya de la Veruela, muy bien reconstruida y accesible hasta la azotea desde donde se divisa la gran fortaleza de Berlanga de Duero hacia el noroeste y la atalaya de Ojaraca al oeste. Se trata de un lugar espectacular donde puedes meterte sin dificultad alguna en el papel de un sufrido soldado bereber de frontera del siglo X.

En Caltojar, reagruparemos las tropas y será momento de disfrutar de su colosal iglesia románica dedicada a San Miguel (primer tercio del siglo XIII). Destaca la belleza de su portada.

Iglesia de San Miguel (Caltojar)
Portada
Atalaya de la Veruela

Ya en término de Casillas de Berlanga, debemos detenernos en la Ermita de San Baudelio, de estilo prerrománico mozárabe y construida en el siglo XI una vez reconquistado este territorio en el año 1060 por Fernando I. Sus muros de un metro de espesor guardan en su interior unas pinturas únicas, lo que queda de ellas, pues gran parte fueron vendidas a los Estados Unidos a comienzos del siglo XX, en concreto en el año 1925 y por 65.000 pesetas (390 euros para que todos nos entendamos). No hace falta tampoco irse al museo de Nueva York o al de Boston para admirar las pinturas expoliadas pues algunas de ellas también se pueden disfrutar en el Museo del Prado de Madrid. Muy curiosa la columna central de la que salen los arcos que sustentan la bóveda, tomando el conjunto una curiosa forma de palmera. Sorprendente el entramado de arcos de clara influencia islámica que recuerdan a una mezquita. Ya en el exterior, muy interesantes las tumbas antropomórficas excavadas en la roca y orientadas de Este a Oeste siguiendo la tradición cristiana. En una de estas tumbas se encontró un esqueleto bastante bien conservado que pertenecía a un varón que vivió a fines del siglo XII y comienzos del XIII, posiblemente un soldado, con fuerte desarrollo muscular y signos de haber sufrido una trepanación quirúrgica.

Ermita de San Baudelio
Interior
Columna central

Nos dirigiremos hacia Berlanga de Duero siguiendo el cauce del río Escalote, pasando por Casillas de Berlanga, Ciruela y las Ruinas del Convento de Paredes Albas, fundado en 1633 junto a una ermita del siglo XVI y que albergó una comunidad de frailes Franciscanos.

En Berlanga de Duero nos da la bienvenida su imponente castillo de cuyo origen musulmán pocos restos quedan y donde dicen que Almanzor pasó su última noche con vida.

Castillo de Berlanga
Castillo de Berlanga

El pueblo de Berlanga es una maravilla y merece la pena dedicar largo tiempo para descubrir todos sus rincones y secretos. No será complicado en el paseo trasladarte a la España medieval de los siglos XV y XVI. Posiblemente tenga que ver la belleza de este lugar con el hecho de que, en el siglo XV, el mayorazgo de Berlanga fuera heredado por una mujer, María de Tovar, la cual dedicó gran parte de su patrimonio a dotar a esta localidad de los servicios civiles, militares y religiosos propios de la época y que aún hoy podemos admirar.  

Plaza Mayor de Berlanga
Berlanga
Berlanga

Podremos aprovechar también para disfrutar de la gastronomía de la zona a base de buenas carnes como el tradicional lechazo, solomillo de ternera o cerdo o algo más silvestre como jabalí, ciervo o paloma torcaz, todo ello regado con un buen vino de la tierra pues no debemos olvidar que nos encontramos en zona productora con denominación de origen Ribera del Duero.

La Colegiata de Berlanga, dedicada a Santa María del Mercado, es grandiosa. Su construcción se inició en el año 1526 y fue consagrada cuatro años después, en el año 1530. Un siglo más tarde aún no había sido finalizada quedando la obra inconclusa pues no se construyó el claustro ni una de las torres previstas inicialmente. La idea original era la de convertirse en un gran mausoleo para los Señores medievales del lugar, pero, sin embargo, finaliza siendo un lugar público de culto y devoción con mezcla de arte cristiano peninsular e indígena.

Colegiata de Berlanga

La Colegiata es lugar de reposo eterno, entre otros muchos, del personaje más ilustre de la localidad, Fray Tomás de Berlanga, el cual descansa para siempre en una pequeña capilla bajo una austera y fría lápida de pizarra. “Y no quiero que por mi ninguno traiga luto”, dejó escrito en su testamento.

No muy lejos, en un lateral de la puerta de entrada, se expone un caimán traído por Fray Tomás desde las Islas Galápagos. El lagarto lleva allí expuesto desde 1543 causando terror en la edad media y admiración en tiempos presentes. Llama la atención el impresionante altar mayor (1704) hecho con madera de pino y el coro (fines del XVI) de madera de nogal.

¿Quién era Fray Tomás de Berlanga? Hijo de humildes agricultores, nació en el año 1487, se ordenó como Dominico y cursó estudios en Salamanca donde se instruyó en temas geográficos, náuticos y de ciencias naturales. Se embarcó hacia las Américas en el segundo viaje de Colón, luchó por los derechos de los indios, descubrió las Islas Galápagos y fue la persona que introdujo en Europa el tomate y la patata.  Llegó a ser Obispo de Panamá y un potente visionario pues ya ideó y planteó a Carlos I una ruta que, a través del río Chagres, uniera el Océano Atlántico y el Pacífico. En otras palabras, el futuro Canal de Panamá. “De la salud de los cuerpos depende mucho el espíritu” escribió Fray Tomás. Murió en Berlanga el 8 de julio de 1.551.

Antes de llegar a nuestro destino final nos recrearemos en la Ciudad de la Alegría en Recuerda, cuyo nombre va ligado a los efectos de los buenos caldos de Ribera que maceran en sus peculiares y únicas bodegas.

Vista de la fortaleza de Gormaz desde Recuerda
Ciudad de la Alegría (Recuerda)

Ya tenemos a la vista Gormaz, donde se encuentra la mayor fortaleza Califal de todos los tiempos. Desde sus almenas se controlan más de 45 km. cuadrados, ampliables a muchos cientos si tenemos en cuenta la compleja red de atalayas que lo apoyan.  Con una capacidad en su interior para albergar un ejército de 2000 hombres, apoyados por otros tantos que pudieran establecerse en las inmediatas llanuras que rodean la fortaleza, Gormaz se convierte en una poderosa base militar de control de fronteras y punta de lanza para los ataques contra los reinos cristianos. 

Construido en el siglo IX sobre la base de otra construcción menor ya existente, Abderramán III lo fortificó, siendo ampliado y reconstruido posteriormente por su hijo, el Califa Al-Hakam II entre los años 955 y 966.

Fortaleza de Gormaz
Torre de Almanzor
Alcázar

Su posición estratégica es fundamental pues controla el paso sobre el río Duero. Se trata de una fortaleza inexpugnable. Nunca fue conquistada por las armas, por lo que los diferentes cambios de manos entre tropas cristianas y musulmanas siempre su causa por pacto entre ambos ejércitos.

En su visita hay que dejarse llevar, olvidarse del tiempo y disfrutar de cada rincón de sus ruinas, disfruta del patio de armas donde se encontraba la tropa, el aljibe para los caballos, del paisaje desde cualquiera de sus torres, de la Torre del siglo X llamada de Almanzor, del Alcázar, del enorme aljibe para agua potable, de la pequeña puerta para salir sin ser visto en su muro norte, de los pasos de tropa en la muralla. Disfruta del exterior rodeando la fortaleza, te darás cuenta de la energía y poderío que aún irradia.

En las laderas del castillo, tuvo lugar una de las batallas más importantes ocurridas en la Península entre cristianos y musulmanes. Durante el Califato de Al Hakam II, en el año 975, el Castillo es sitiado por un ejército de coalición liderado por el Conde Castellano García Fernández compuesto por tropas Castellanas, Leonesas y Navarras. El asedio dura dos meses (del 17 de abril a 28 de junio), hasta que es enviado un potente ejército califal desde Córdoba que pone punto final al asedio, derrotando con contundencia a las tropas cristianas. Los supervivientes fueron perseguidos sin piedad hasta sus propios dominios, los cuales fueron igualmente arrasados y saqueados.

El Conde Castellano García Fernández, vuelve a intentar ocupar Gormaz y lo consigue por pacto en el año 978. En el año 983 la fortaleza es abandonada por los Castellanos y Almanzor la recupera para su temible e invencible ejército. Desde entonces, ya nunca cambió de manos hasta que la zona fue reconquistada por Fernando I de León en el año 1060.

Arco Califal en la fortaleza de Gormaz

La Villa fue concedida al Cid en el año 1087 convirtiéndose así en Señor de estos lares.

Muy recomendable por supuesto la visita a la Ermita de San Miguel, de origen visigodo y situada en la falda de la ladera del Castillo; las ruinas de la ermita de San Juan, hoy reconvertido en cementerio y situadas cerca de la Ermita anterior; el puente romano que cruza el Río Duero y en cuyos alrededores posiblemente fue donde se libró la batalla indicada en el año 975.

Vista de la fortaleza de Gormaz desde el puente romano

Y desde aquí, querido viajero, verifica que llevas suficientes provisiones, jalea a los que te acompañen y adéntrate en zona cristiana dispuesto a disfrutar de la inmensidad que te rodea. Pero eso ya, amigo, es otra historia.

Omar Ben Hafsun

OMAR BEN HAFSUN (850 Parauta (Málaga) – 918, Bobastro)

Este andaluz de pura cepa lideró una revolución entre los años 880 y 918 que a punto estuvo de derrocar al emirato Cordobés. Logró formar un numeroso, potente y agresivo ejército compuesto por cristianos, muladíes y bereberes descontentos con la dominación árabe. Controló y dominó un extenso territorio que comprendía las actuales provincias de Granada, Málaga, y parte de las de Cádiz y Jaén.

Nació en el seno de una familia acomodada muladí de origen hispano visigoda, siendo su abuelo, Chafar Ben Salim, el que se convirtió al islam para evitar la alta fiscalidad que se imponía a los cristianos. De madre desconocida, su padre se llamaba Hafs al cual parece que lo mató un oso. Se dice que esta familia provenía de un noble godo llamado Alfonso.

Omar Ben Hafsun, personaje de carácter altanero, arrogante y pendenciero, tras matar a un pastor bereber que robaba las ovejas de su abuelo, temiendo represalias, se refugia en lo más profundo del Valle del Guadalhorce, en las ruinas de una antigua fortaleza romana llamado Bobastro, un lugar inexpugnable, de difícil acceso y protegido por profundos acantilados. Inicia aquí una vida de bandolero o salteador de caminos hasta que al poco tiempo y por este motivo es detenido por tropas califales recibiendo como castigo una gran paliza.  Marcha a Argelia en busca de una nueva vida donde ejerce como aprendiz de sastre hasta que un anciano lo reconoce y le vaticina que su destino es derrocar al emirato cordobés.

Animado por las palabras del anciano y al haber sido reconocido, creyendo que alguien podría denunciarlo por el asesinato del pastor bereber, vuelve a la península dispuesto a plantar cara al poder de Córdoba estableciendo su centro de operaciones en Bobastro. A su actividad de salteador de caminos le añade un intenso espíritu de rebelión, ganando así cientos y miles de adeptos en poco tiempo.

Omar y su ejército se convierten en poco tiempo en uno de los mayores problemas del entonces emir Mohammed I el cual le ofrece unirse a sus tropas en un intento de solventar el problema con el grupo rebelde. Omar accede, pasando junto a sus hombres a engrosar las filas del ejército del emirato donde destacan por su arrojo y valentía en diversos ataques realizados contra los reinos cristianos. A pesar de ello, siempre fueron menospreciados por los miembros árabes del ejército, llegando incluso a faltarles alojamiento y comida en las campañas en las que intervinieron.  Ello provocó que Omar y los suyos se retiraran de nuevo a Bobastro en el año 884 reiniciando de forma muy activa su actividad de guerrilla presentando continua batalla al emirato y conquistando poco a poco cada vez más territorio.

Medina Azahara
Medina Azahara

Los dos años en los que el emir Al Mundir ejerció el poder, los dedicó sobre todo a combatir al rebelde andaluz, llegando incluso, en un intento de obtener su sometimiento, a ofrecerle el cargo de gobernador de Málaga el cual fue rechazado. Al Mundir cayó enfermo encontrándose precisamente en campaña contra Omar, en uno de los sitios impuestos a la fortaleza de Bobastro, circunstancia ésta que fue aprovechada por su hermano Abdalá el cual sobornó al médico que le hacía la sangría para que éste utilizara una lanceta envenenada que acabó con la vida del emir.

Con Abdalá en el poder, nuestro guerrillero obtuvo su máximo esplendor. Amplió considerablemente su territorio y efectuó amenazadoras incursiones muy cerca de la ciudad de Córdoba. Contaba además con muy buenos contactos con los rebeldes de Jaén, Badajoz, Zaragoza e incluso en el norte de África.  Abdalá, sintiéndose realmente intimidado y viendo la dificultad de vencer a las tropas rebeldes, ofrece a Omar Ben Hafsun ser su aliado para atacar al noble árabe rebelde Ibn Mastana. Omar accede, pero incumple el acuerdo alcanzado ayudando al árabe rebelde a afianzar aún más su oposición al emirato.

 Tan seguro estaba Omar de su superioridad que decide atacar la ciudad de Córdoba tomando posiciones con su ejército en las cercanas ciudades de Écija y Polei (Aguilar de la Frontera), ambas situadas al sur y a unos 50 km de distancia. Los ánimos en Córdoba están bajos, se respira un ambiente de derrota y muchos ven cercano el fin del emirato. Abdalá, consciente de la superioridad numérica del ejército rebelde, 30.000 hombres frente a los 14.000 del emir, le propone la paz en varias ocasiones siendo ésta siempre rechazada.

Mezquita de Córdoba
Mezquita de Córdoba

El 16 de abril de 891, Abdalá resuelve atacar a las tropas rebeldes jugándoselo todo a una sola carta y al no encontrar otra solución alternativa a la amenaza de Omar Ben Hafsun. Contra todo pronóstico, las motivadas y jaleadas tropas de Emir vencen en batalla provocando la desbandada del enemigo, viéndose incluso el propio Omar en grave peligro en su desordenada huida. Las tropas de emir arrasan la fortaleza de Polei, pasan a cuchillo a miles de cristianos, ponen sitio a la ciudad de Écija la cual se rinde en poco tiempo y conquistan un buen número de fortalezas que se encontraban bajo dominio rebelde.

Tras este duro revés, Omar Ben Hafsun pide la paz y le es concedida, exigiendo el emir en garantía de ésta, que envíe a Córdoba a uno de sus hijos. Omar, muy a su estilo, en vez de enviar a uno de sus hijos, envía al hijo de su tesorero lo cual es descubierto al poco tiempo por el emir, iniciándose de nuevo las hostilidades y recuperando los rebeldes muchas de las fortalezas perdidas en la batalla.

En el año 899 Omar Ben Hafsun se convierte al cristianismo, lo que da lugar a que muchos de sus seguidores musulmanes abandonen la causa. Se bautizó adoptando el nombre de Samuel.

Abdalá fallece en el año 912 y le sucede su nieto, el genial Abderramán III, el cual desde el inicio anuncia a la insurrección española de forma clara y contundente que no quiere su tributo, sino sus castillos y ciudades. Promete el perdón al que se someta y castigo ejemplar al que no lo hiciera.

En esta etapa, el espíritu rebelde de Omar y sus hombres sigue vivo, pero no tan ardiente como en los comienzos. Han sufrido muchas derrotas, perdido un amplio territorio y gran parte de su ejército, consecuencia del masivo abandono de musulmanes, lo componen mercenarios provenientes de Tánger los cuales no siempre dieron la talla en el campo de batalla pues luchaban con quien habían sido sus aliados hasta hace poco y podían volver a serlo en breve.

Mientras tanto, Abderramán III estrecha el cerco a los rebeldes y va recuperando poco a poco territorio y desmantelando fortalezas, unas veces con la fuerza de las armas y muchas otras por rendición.

Omar fallece en el año 918 por causas naturales y sus hijos mantuvieron y lideraron el movimiento rebelde durante diez años más: Primero fue Djafar, el cual es asesinado en el 920 por una conjura contra él en Bobastro dado que quiso convertirse de nuevo al islam y no fue visto con buenos ojos. Toma el relevo su otro hermano, Suleyman, dicen que el más valeroso de todos, el cual murió en el campo de batalla en el 927. Le sucede su hermano Hafs el cual rinde la plaza de Bobastro el 21 de junio 928 a las tropas de Abderramán III tras un duro asedio de seis meses. Sus habitantes son trasladados a Córdoba y Hafs acabó sus días sirviendo en el ejército del emir.

Una vez tomada la fortaleza, se personó en ella el propio Abderramán III acompañado de su hijo de 13 años, el futuro emir Al Hakam II y ordenó desenterrar los cuerpos de Omar y su hijo Djafar para ser trasladados a Córdoba donde se clavaron en postes en un lugar público y para regocijo de sus habitantes. Tal y como escribió un cronista de la época: “siendo estos cuerpos la advertencia saludable para las gentes mal intencionadas y dulce espectáculo para los ojos de los verdaderos creyentes”.

Muralla de Córdoba

Ruta por la Estremadura Soriana (II)

Siguiendo los pasos de las tropas Califales, tomaremos rumbo Oeste por la actual carretera SO-132, ruta en la que recomendaré determinadas paradas sin perjuicio que el viajero debe detenerse en cualquier momento que entienda necesario para disfrutar de los paisajes, parajes y pueblos que pueda ir encontrando y le llamen la atención.

A la entrada de la pequeña localidad de Yelo nos recibirán en lo alto de un acantilado, unas curiosas construcciones de piedra y barro del siglo XIX que, si bien a primera vista tienen apariencia de monumentos funerarios, no dejan de ser simples palomares utilizados para dicho fin hasta mediados del siglo pasado.

Palomares en Yelo
Yelo

Podremos tomar la desviación hacia Conquezuela donde se encuentra un lugar mágico y poco conocido de la provincia, la Ermita de la Santa Cruz. En este lugar existe además una cueva estrecha y no muy honda, de la que mana agua todo el año y en cuyas paredes se aprecian cientos de cazoletas y figuras humanas que datan de la Edad de Bronce. La entrada de la gruta, similar a un útero materno, se encuentra rematada por un arco románico. En la parte superior del peñasco que cobija la cueva existen tumbas antropomórficas (excavadas en la propia roca y con la forma del cuerpo humano)

Parada obligatoria en Romanillos de Medinaceli, cuya calle principal ha sido testigo durante siglos del paso de millones de ovejas trashumantes camino de Andalucía o Extremadura. Nos encontramos en plena vía de la Cañada Real Soriana Oriental que en este tramo conserva además en perfecto estado de conservación un vía crucis pétreo, del siglo XVI, que finaliza a la salida del pueblo junto a la Ermita de la Soledad y una fuente de origen romano. Preside la plaza del pueblo la Iglesia románica de San Miguel Arcángel (s. XII) en cuya entrada se aprecian varias tumbas antropomórficas.

Iglesia de San Miguel Arcángel (Romanillos)
Tumbas antropomórficas
Vía Crucis pétreo

En Barahona existió en su día un castillo musulmán que servía de enlace entre las fortalezas de Medinaceli y Gormaz si bien hoy en día no queda resto alguno salvo el promontorio fácil de identificar. Barahona siempre ha sido conocido como “el pueblo de las brujas”. La relación de esta localidad con la brujería y los aquelarres ha quedado documentada en los diarios de la Santa Inquisición del siglo XVI. Como prueba, a las afueras del pueblo se encuentra la “Piedra de las Brujas”. Se trata de una misteriosa piedra caliza con un agujero circular en el centro, conocida como “el confesionario de las brujas”, a la que la cultura popular le concede ciertas funciones sexuales donde un Diablo confesor hacía suyas a las Brujas (por decirlo de manera elegante).

Hay que destacar la Iglesia de San Miguel, de estilo barroco y en la que Felipe V escuchó misa el 22 de agosto de 1710 camino de Ágreda para venerar los restos mortales de Sor María. En sus muros exteriores hay piedras con curiosos dibujos labrados.

Durante la Guerra Civil Española, Barahona fue utilizada como base de aprovisionamiento y aterrizaje de los aviones italianos que, en el otoño de 1.936 bombardearon la ciudad de Sigüenza.

Piedra de las Brujas (Barahona)
Ermita en Barahona

Desde Barahona podemos continuar nuestro viaje por dos rutas alternativas siendo ambas igual de interesantes, por lo que no dudes, amigo lector, de disfrutarlas todas pues el destino final es el mismo. Disfrutaremos de imponentes atalayas, perfectamente restauradas y accesibles en cuya visita debemos dejar volar nuestra imaginación hacia la Al Ándalus de los siglos IX a XI.

Atalaya, palabra de origen árabe que significa “centinela”, “vigía”. Se trata de pequeñas torres con fines militares y cuya función principal es la de servir de comunicación entre las grandes fortalezas. Los medios de comunicación utilizados son los espejos o señales de humo durante el día y hogueras o antorchas durante la noche.

Son construcciones aisladas, situadas normalmente en puntos elevados del terreno y todas conectadas visualmente entre sí. En ocasiones podemos encontrarlas en zonas bajas, siendo su función la de vigilar puntos de abastecimiento de agua, zonas de cultivo o pasos de caminos.

La comunicación óptica entre las Atalayas y las grandes fortalezas es básica para el correcto funcionamiento del sistema defensivo de la frontera en la que nos encontramos. Ante cualquier incursión de las tropas cristianas, el mensaje llegaba en pocos minutos a los castillos donde se encontraban las tropas islámicas acantonadas, las cuales eran movilizadas con rapidez para poner fin a la aventura cristiana.

Las Atalayas son torres de planta circular, de unos 10-12 metros de altura, 5 metros de diámetro y muros de metro y medio de grosor. Su interior es estrecho y se encuentra dividido en varios pisos, generalmente tres, más una terraza, separados por suelos de madera y comunicados por escaleras de mano. La planta baja era utilizada como almacén de víveres y armamento, los pisos superiores para estancia de los soldados y la terraza como observatorio. Normalmente carecen de aberturas para que entre luz. La puerta de acceso se encuentra a varios metros de altura y a la que se accedía con una escalera de mano que se retiraba desde el interior ante la presencia del enemigo.

El Tiñón

En las atalayas se encontraba un pequeño destacamento formado por dos o tres soldados cuyas duras condiciones de vida podrás apreciar desde el primer momento. Totalmente aislados durante meses, soportando las inclemencias del tiempo, en estancia claustrofóbica y posiblemente condenados a obtener por sus propios medios agua y comida. Y si eso nos parece poco, teniendo con frecuencia que enfrentarse a pequeños grupos de soldados cristianos que permanentemente ponían a prueba la solidez de la zona fronteriza.

Llegaremos al pueblo de Rello a través de la carretera SO-132, donde el tiempo parece haberse detenido. Disculpad, no parece, se ha detenido. Pueblo medieval totalmente amurallado, siendo uno de los mejor conservados de la provincia. Su entrada se encuentra vigilada por las ruinas de un castillo del siglo XV y a continuación, en la plaza, encontraremos un Rollo de justicia único en España pues es de hierro. “El Rollo de Rello es de Hierro”, reza en su base. Se trata de una lombarda del siglo XV (pieza de artillería precursora del cañón) donde se impartía justicia y se ajusticiaba sin compasión a los que se atrevían a romper las escasas normas de la época. Podrás apreciar en la parte superior unos ganchos donde los cadáveres de los ajusticiados quedaban colgados a merced del clima, las rapiñas y de advertencia para la gente mal intencionada.

El rollo de Rello es de hierro
Puerta de acceso a Rello

Desde este punto no dejes de visitar la Atalaya de “El Tiñón” de forma troncocónica y donde cuenta la historia que fue en este punto exacto donde Almanzor exhaló su último suspiro el 10 de agosto del año 1002. Si quieres poner a prueba tu sentido de la orientación, al poco de salir de Barahona hacia Rello por carretera, en la lejanía ya podrás divisar esta enorme atalaya a la que podrás llegar por caminos de tierra. Las posibilidades son muchas y que sea tu espíritu aventurero el que te guíe, no es complicado y las posibilidades son  muchas. De esta manera, cuando llegues a tu destino entenderás mejor dónde te encuentras.

El Tiñón

En el término municipal de la Riba de Escalote se encuentra la Atalaya de “Torre Melero”, la cual se comunica visualmente con la anterior. De nuevo déjate llevar e intenta desde la Atalaya de “El Tiñón” acudir a ésta sin más ayuda que tu sentido de la orientación.

Torre Melero
Torre Melero

Durante la visita a estas Atalayas, da rienda suelta a tu imaginación, inspírate en el paisaje que te rodea, aprecia el complejo tejido de defensa creado en esta parte de la frontera, entiende su funcionamiento y calcula el tiempo que podría un mensaje de alerta llegar a su destino a base de avisos ópticos entre atalayas y fortalezas. Por favor, para ello es imprescindible que no tengas prisa.