Abu Amir Muhhamad Abi Amir Al Maafiri, apodado Al-Mansur, “El Victorioso”, más conocido en la cristiandad como Almanzor.
Sin duda, el mejor jefe militar que conoció Al-Ándalus en toda su historia. Entre los años 977 y 1002 dirigió e intervino personalmente en 56 campañas victoriosas tanto contra los cristianos (53) como contra los habitantes del norte de África. La sola mención de su nombre provocaba el pánico entre la población cristiana.
Almanzor fue un verdadero dictador, a la vez genial, carismático, sin escrúpulos, cruel, ambicioso y calculador. Con voluntad de hierro, hábil en la política y de indiscutible maestría militar. Durante 20 años aparece como único soberano de Al-Ándalus, lo que le permite tratar con mano dura a la población, suprimir los privilegios de las castas, humillar a la aristocracia árabe y reorganizar el ejército el cual le será absolutamente fiel durante su gobierno.
Nació en Torrox (Málaga) en el año 940 en el seno de una auténtica familia árabe de origen Yemení, de buen linaje, descendientes directos de Abd Al-Malik el cual participó personalmente con el propio Tariq (en el año 711) en la ocupación de la península ibérica. Como recompensa a la valentía demostrada por este antepasado en la toma de Carteya (Cádiz), se le concedió el castillo de Torrox y tierras aledañas. El abuelo de Almanzor fue nombrado Cadí (magistrado) de Sevilla y contrajo matrimonio con una hija del médico personal de Abderramán III. El padre de Almanzor, Abd Allah Abi Amir, teólogo, transmisor de tradiciones musulmanas y hombre piadoso, falleció en Trípoli durante el regreso de un viaje de peregrinación a la Meca. Su madre, de pura raza árabe y también de buen linaje, se llamaba Burayha.
Almanzor estudió temas jurídicos y literarios en Córdoba y pronto comienza a trabajar en la Administración redactando memorias e instancias como auxiliar de notarios y jueces. Fue nombrado administrador de los bienes de los hijos del Califa Al-Hakam II (hijo de Abderramán III), así como tesorero y curador en las sucesiones intestadas. Además, ejerció como Cadí en la circunscripción de Sevilla y Niebla. Gozaba de la protección de Subh, esposa de Al-Hakam II y madre de Hisham, futuro Califa.
En el año 976, Hisham II es nombrado Califa con 11 años. Almanzor administra sus bienes, es nombrado Chambelán y pronto comienza a asumir personalmente las funciones propias de un Califa. Le bastan cinco años a nuestro protagonista para, una vez eliminados a su estilo adversarios y opositores, asumir plenamente la dirección del Estado, el control de la economía y otro aspecto importantísimo, el control y dirección del ejército. No rinde cuentas de sus actividades, ni siquiera al Califa, el cual se encuentra recluido en Palacio, aislado del mundo exterior, llevando una vida contemplativa, rodeado de lujo y disfrutando de todos los placeres de la vida.
Su condición de “Chambelán” del Califa es lo que permite a Almanzor asumir y apropiarse del control absoluto de Al Ándalus. El “Chambelán”, es el jefe de la Casa del Gobernante y actúa como su representante en actividades políticas, diplomáticas y militares. Dirige el ejército, negocia tratados con el enemigo, dirige campañas contra los cristianos y nombra gobernadores en los distintos territorios de Al Ándalus. Lo que diferenció a Almanzor de otros muchos “Chambelán” anteriores, es que mantuvo siempre al Califa al margen de sus decisiones y sin contar en ningún momento con su opinión o control.
En asuntos amorosos, el gran General Almanzor tuvo varias esposas, algunas de ellas obtenidas como moneda de cambio para afianzar acuerdos o garantizar periodos de paz. Por ser las más conocidas, nombramos a Ismá, hija del General Galib, jefe del ejército de la Marca Media y a quien finalmente Almanzor se enfrentó y venció en cruel batalla; Oneca, hija del Conde de Castilla Garcí Fernández; Teresa de León, hija del rey Bermudo II de León, la cual, camino a Córdoba, exclamó indignada que “una nación debe confiar la guarda de su honor a las lanzas de sus guerreros y no a los encantos de sus mujeres”; y Abda Sánchez, hija del rey Sancho Garcés II de Navarra con la cual tuvo un hijo conocido como Sanchuelo el cual ejerció, al igual que su padre, el poder absoluto de Al Ándalus durante un breve periodo de tiempo.
La Estremadura Soriana fue la frontera más estable entre musulmanes y cristianos, manteniéndose firme y muy hermética durante más de doscientos años. Se trata de una frontera perfectamente fortificada, vigilada y defendida por miles de soldados bereberes a las órdenes del Califato de Córdoba.
El objetivo de esta frontera era simple: proteger la ciudad de Córdoba, capital y centro neurálgico del poder político, militar, social y religioso de Al Ándalus.
El trayecto de ida y vuelta entre Córdoba y la Estremadura Soriana fue recorrido en múltiples ocasiones por los mejores Califas y Generales Andalusíes al frente de sus tropas, como Abderramán III y Almanzor, para llevar a cabo rápidos, eficaces y mortíferos ataques contra los territorios cristianos. La distancia entre Córdoba y Mayerit (Madrid) podía realizarse a buen ritmo y con tropas ligeras, en unas diez o doce agotadoras jornadas, necesitando tres o cuatro más para llegar a Medinaceli, cuartel general de la frontera.
Hoy en día, en pleno siglo XXI, el viaje entre Madrid y Córdoba puede realizarse en algo menos de dos horas en el moderno AVE y es más que recomendable acercarse a nuestra Córdoba Califal, sin duda una de las ciudades más bonitas y con mayor historia de nuestro país.
Mezquita
Sobre las 14 horas llegamos descansados a Córdoba tras un corto y cómodo viaje en el Tren de Alta Velocidad, habiendo alcanzado en determinados tramos la friolera de 299 Km/h.
Directos al hotel NH Collection a dejar las maletas y en cuestión de pocos minutos, los doce integrantes de esta expedición nos sumergimos en la vorágine del barrio judío atestado de gente paseando. Reservamos a comer en una tasca en el callejón de la Puerta de Almodóvar, esquina con la calle Almanzor (qué casualidad), donde degustamos las especialidades de la zona: Berenjenas rebozadas con azúcar de caña, flamenquines y croquetas variadas, para finalizar con el típico pastel cordobés y surtido variado de tartas.
Continuamos nuestro paseo por preciosas callejuelas y plazas, para disfrutar las últimas luces del día cruzando el puente romano que salva el río Guadalquivir y que se encuentra en pleno funcionamiento desde el siglo I a.c. La Torre de la Calahorra, de construcción musulmana y situada en la orilla contraria a la mezquita, vigila y defiende este acceso a la ciudad desde hace más de mil años.
Anocheciendo
Torre Calahorra
Nos internamos de nuevo en la ciudad recorriendo una bulliciosa calle que discurre paralela al río, donde hacemos parada y fonda en la afamada y grandiosa Bodegas Campos y en la taberna “El Tablón”. En esta última subimos a una espléndida terraza con vistas a la Mezquita, sitio muy agradable y que nos recuerda a las que existen en muchos bares de la ciudad de Marrakech. Tanto nos gusta el sitio y su gente, que reservamos para comer el día siguiente.
Cenamos en “Casa el Pimpo” situado en una de las esquinas de la Mezquita y al lado de reputado bar con enormes tortillas de patata que, para conseguir una, debes soportar largas colas mereciendo siempre la recompensa a obtener. De nuevo nos abalanzamos sobre las tapas más típicas y siempre excelentemente atendidos.
Muchas guías turísticas recomiendan pasear por el puente romano sobre el Guadalquivir a última hora de la tarde, antes del anochecer. Yo soy mas de las primeras luces en vez de las últimas, por lo que el domingo soy el primer ciudadano que pone un pie en las calles de esta ciudad. Aún de noche, atravieso la zona de la mezquita y disfruto de un frío y solitario amanecer a orillas del Guadalquivir vigilando en todo momento que, en esta entrada a la ciudad, se encuentra todo en orden. Aún me quedan al menos un par de horas para caminar por calles vacías que se llenarán de turistas en cuanto el sol comience a calentar. Descubro callejones, rincones, plazas y monumentos espectaculares.
Puente romano y Mezquita
Torre Calahorra y Puente romano
Torre Calahorra
Mezquita
Amaneciendo
Ya en horario más normal y tras disfrutar del buenísimo desayuno en nuestro hotel, iniciamos todos juntos un nuevo día para disfrutar de una Córdoba que al ser domingo y con cielos despejados se encuentra algo saturada.
Siguiendo las recomendaciones de un buen amigo, cordobés de adopción, nos aventuramos a conocer la otra Córdoba alejada de tiendas y barrios turísticos donde no falta interés y belleza. Muy interesante la Torre de San Juan, del siglo X, único resto en pie de una mezquita donde hoy se alza el templo de San Juan de los Caballeros, de la Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús y donde charlamos con una hermana que nos enseña muy amablemente el forrado en cuero del altar y atril; Espectacular el Cristo de los Faroles y sus alrededores, la Plaza de la Tendilla, la Plaza de la Corredera, donde tomamos un aperitivo con una muy buena temperatura y compramos una cesta de mimbre para la recolección de setas sorianas; las ruinas romanas aledañas al Ayuntamiento, edificio éste que, por cierto, debería ser demolido de forma inmediata a costa de todos aquellos políticos que lo idearon y autorizaron; la plaza del Potro y otros muchos tesoros que vamos descubriendo en cualquier rincón.
Torre S. Juan
Plaza de la Corredera
Cristo de Los Faroles
Puerta de Almodóvar
Por fin llega la hora de la comida siendo muy puntuales en acudir a la Tasca “El Tablón” donde tomamos si cabe, lo más típico: Salmorejo y Rabo de Toro. No se necesitan más comentarios. Espectacular. Muy recomendable. Buen sitio, buen trato y buena comida. Una vez más y para no variar.
Continuamos deambulando por una ciudad cada vez más vacía de turistas, pues es domingo por la tarde y la gente vuelve a sus hogares. Ya a media tarde me doy cuenta de que llevo casi 12 horas sin parar, por lo que opto por tomarme un breve descanso en el hotel para estar de nuevo activo a las 19 horas y seguir descubriendo tesoros y tomarnos un aperitivo sin prisas en el afamado Bar Churrasco.
Plaza del Potro
La cena esta noche es en La Chiquita, muy cerca del hotel y con espectáculo en directo. El sitio es bonito y hay muy buen ambiente. Un virtuoso saxofonista negro, ameniza la bebida previa a las tapas. Cena a base de tartar de atún, pollo al curry, berenjenas y otras delicias, mientras escuchamos a un dúo flamenco (voz y guitarra) al que sorprendentemente se une el saxofonista habanero, creando un estilo muy propio y que rápido provoca que todos estemos absolutamente encantados y tocando palmas como si no hubiera un mañana y lo hubiéramos hecho de siempre. De los doce integrantes en este viaje, el que más sangre andaluza tiene es el que redacta estas líneas (50%) y aseguro que fui el que menos palmas di y eso que di muchas. Catalanas, murcianas, madrileños, ecuatoriana, franceses e italianas, se dejan llevar por los ritmos afro-andalusíes hasta lo inimaginable. Realmente, escrito así, no me había dado cuenta de que somos un grupo de lo más diverso, multicultural y variopinto. Es posible que en esta amplia variedad esté el secreto de nuestra fuerte unión y cariño.
En el descanso conocemos al saxofonista, originario de Cuba, Cristóbal Agramonte, el cual perteneció largo tiempo a la banda que acompañaba a Paloma San Basilio. Tras formar parte de otras bandas, estas ya para expertos, trabaja actualmente como profesor en algún conservatorio de la ciudad. Abandonó Madrid, según su propio testimonio, no sólo por los altos precios de esta ciudad, sino también para evitar el continuo acoso policial al que se veía sometido a diario por su condición de negro y usuario del metro con un saxofón a la espalda.
La fiesta finaliza con bailes, palmas, algún licor y gritos de “¡bravo!” y “¡otra, otra!”. Los artistas pusieron la nota y nosotros la dimos, de eso no hay duda alguna.
Aperitivo un domingo
Lunes, día laborable. La ciudad está desierta. Es el momento ideal para visitar la Mezquita. Lo hacemos sin guía, pues ya en otras ocasiones hemos sido asistidos en dicho sentido y queremos vagar sin rumbo y sin prisas por el interior. Al poco de entrar nos dispersamos y me doy cuenta de que el grueso del grupo de adolescentes que viaja con nosotros permanece en mi compañía y están a la espera que diga algo. Poco me tuvieron que insistir para que empezara a hablar sobre Abderramán I «el Emigrado» y los inicios de la construcción de la Mezquita en el s. VIII, el Mihrab y su decoración de oro, la excepcionalidad de su orientación, el lugar donde se instalaban a rezar los Emires y Califas, las diversas ampliaciones realizadas con especial mención a la promovida por Almanzor, al cual se le nombraba en la oración de los viernes sin ser Califa, etc. Por supuesto aproveché para dar a conocer a mi reducido público, más aún si cabe, la estrecha relación entre la Estremadura Soriana y la ciudad de Córdoba.
Terminada la visita, tomamos un aperitivo extramuros muy cerca de la estatua dedicada a Averroes, filósofo y médico andalusí, maestro en leyes islámicas, matemáticas y astronomía, a quien rendimos honores por su gran saber y entender. Rápida visita al Mercado de la Victoria y regresamos por la Puerta de Almodóvar donde disfrutamos de nuevo de las delicias Cordobesas en la Taberna Casa Bravo.
Descanso en el hotel para, sobre las 19,30 horas, comenzar nuestro vagabundeo por unas calles prácticamente vacías. De nuevo aperitivo en “El Churrasco”, para acabar cenando a las 21,30 horas, en uno de los sitios sin duda más espectaculares de la ciudad: Los baños de Santa María.
Me quedo sin palabras al cruzar el umbral de este restaurante. Se trata de unos baños árabes del siglo X que prestaba servicio a la mezquita y donde los fieles llevaban a cabo sus abluciones antes de entrar al rezo. Había más de novecientos baños de este tipo en la época dorada de la ciudad. La entrada es una pequeña estancia con arcos califales, capiteles perfectamente conservados y unas enormes pilas de agua situadas en los laterales. La segunda sala y donde está preparada nuestra mesa para cenar, es la sala de los baños al vapor, la actual sauna para entendernos. La sala es rectangular y con techo curvo, conservando forma y materiales originales. Antes de servir la cena, el camarero, siguiendo una ancestral costumbre andalusí, se acerca discretamente con una jarra de agua templada perfumada con canela y mandarina y un recipiente de barro donde nos lavamos las manos. Muy difícil describir las sensaciones tan especiales que nos transmitió este lugar. La cena muy buena con ligeros toques andalusíes de hace mil años.
Baños de Santa María
Martes laboral. La ciudad amanece aún más vacía que el día anterior. Esta es la verdadera Córdoba. Parte de nuestros acompañantes abandonan la ciudad a primera hora y nos quedamos los seis viajeros del AVE. Visitamos la Torre de la Malmuerta, del siglo XV, para lo que nos cruzamos de nuevo toda la ciudad y realizamos en el camino nuevos descubrimientos como La iglesia románica de San Miguel (siglo XIII) y la torre de Santo Domingo de Silos (S. XVIII).
Iglesia de San Miguel
Torre de Sto. Domingo de Silos
Torre Malmuerta
Como no, nuestra última comida en esta ciudad la realizamos en un típico lugar muy cerca de la mezquita, Taberna Los Deanes, sin que faltara el salmorejo, rabo de toro y flamenquines.
Iniciamos la vuelta de nuevo en el AVE, donde prometo volver a esta espléndida ciudad y retomar mi visita diaria al Patio de los Naranjos, lugar de paz y fuente de inspiración del que suscribe.
No puedo acabar esta crónica sin mencionar a Natalia y Lorena, miembros muy activos de este grupo, que promueven y facilitan estos viajes en familia, manteniendo en todo momento el buen ambiente y optimismo. Sin duda que hacemos un grupo estupendo y ya estas incombustibles mujeres han organizado en cuestión de minutos nuestra próxima aventura en la que cruzaremos el Estrecho de Gibraltar y nos sumergiremos en una ciudad a la cual emigraron miles de Cordobeses allá por el siglo IX. Pero eso ya, amigos, es otra historia.
Como esto del virus ha puesto el contador del tiempo a cero y se habla de una nueva era y parece que volvemos a la normalidad, el fin de semana del 25 de septiembre me hice la primera escapada en solitario y a uno de los lugares más despoblados de Europa, al norte de la provincia de Soria, en el límite fronterizo de Tierras Altas. Esta escapada era preparatoria para la XI Ruta Soriana que celebraríamos a mediados del mes de octubre.
El Defender da muestras de fortaleza arrancando sin problema e inicio un lento avance por carretera esperando que me entre la inspiración para tomar un rumbo concreto. A 8 km de la capital, en el pueblo de Garray, veo una tiendecita y paro de inmediato para aprovisionarme de agua y algo de comida pues, para variar, no había tenido en cuenta estos aspectos. La decisión es acertada pues en las próximas ocho horas no habrá nada que me pille de paso para cubrir estas necesidades.
Con esta breve parada y en la que el tendero me informa que la fábrica de embutidos de un pueblo cercano ha vendido todas sus existencias y no habrá más genero a la venta hasta pasado el invierno, tomo unas rápidas pistas de tierra que me llevan hasta Fuentecantos donde paro unos minutos a ver la iglesia románica que milagrosamente está abierta y llena de fieles celebrando algún evento. Siguiente parada en Portelrubio, donde de nuevo se cumple el milagro y encuentro la iglesia abierta con una anciana señora tirando de una cuerda tocando las campanas. La mujer se sorprende al verme y me enseña la pequeña iglesia de manera rápida, me cuenta que quedan dos vecinos en el pueblo y que en su día vendieron la casa del cura y la huerta para arreglar el tejado. La pena fue que no obtuvieron más ingresos pues la iglesia necesita una profunda intervención. Abre una pequeña y oscura habitación donde guardan con celo una preciosa pila bautismal románica y en la que, según me informa mi nueva amiga, ella misma fue bautizada.
Iglesia Fuentecantos. siglo XII
Iglesia Fuentecantos. Ábside. S. XII
Iglesia Portelrubio
Pila bautismal románica en Portelrubio, siglo XII
Parada en Fuentelsaz para contemplar un templo románico muy rústico y donde tomo la pista que sube al Cerro de San Juan donde en mi opinión hay una de las mejores vistas de la provincia. Numancia, la ciudad de Soria, el Valle del Tera, Sierra Carcaña, Cebollera y hasta el Moncayo te esperan en el alto.
Bajando el cerro entro de lleno en rápidas pistas de tierra y realizo pequeñas paradas en pueblos cuyo nombre desvela el origen de sus primeros habitantes, cuando a comienzos del siglo XI la zona fue repoblada por el rey de Navarra García Sánchez. Sepúlveda de la Sierra, Cubo de la Sierra, Segoviela, Arévalo, Torrearévalo…. Paseo por cada uno de los pueblos buscando sus antiguas iglesias muchas de ellas con algún resto románico y me cruzo únicamente con un total de dos personas.
Sepúlveda de la Sierra
Cubo de la Sierra
Segoviela
Arévalo de la Sierra
Torrearévalo
En este trayecto abundan los castros, fechados entre los siglos VI a IV a.C., algunos fáciles de identificar en los diferentes promontorios. Se trata de los primeros asentamientos fijos de la provincia y son muy interesantes de visitar siempre que dejes volar la imaginación.
Atravieso por su ladera sur la Sierra del Alba y la de Montes Claros hasta llegar a Ventosa de la Sierra y Estepa de San Juan, donde tomo una curiosa pista que me lleva al Puerto de Oncala, línea fronteriza entre la España vacía y la España más vacía aún. Bienvenido a Tierras Altas de Soria, tierra de trashumantes, tierra de gentes recias y austeras, la tierra de mis antepasados.
En el alto de Oncala, como siempre, hace frío y mucho viento. Es el momento de parar y prepararme un buen bocadillo de pan y lomo soriano. El sitio de parada lo escojo con precisión y durante mi austera comida disfruto de un paisaje realmente espectacular presidido de nuevo por el Moncayo y un gran valle hasta la propia ciudad de Soria e incluso más allá. Utilizo el Land Rover como cortavientos.
Altos de Oncala
Moncayo
Continúo mi recorrido por el alto de Oncala y en una encrucijada de caminos freno en seco para hacer algo que hasta ahora no había hecho jamás: con las manos temblorosas por la novedad, cojo el móvil y pongo en funcionamiento una aplicación GPS que me descargué hace unos días y a propuesta de uno de los seguidores de este blog y que ha realizado alguna de las rutas por mi presentadas. Se abre ante mí un mundo nuevo, un mapa con todo tipo de detalles y me doy cuenta de que no estoy muy lejos del pueblo de Valtajeros, al cual me dirijo inmediatamente para visitar una de las mejores iglesias fortificadas de la provincia de Soria.
Iglesia fortificada de Valtajeros. Siglo XII
Valtajeros. Detalle elementos defensivos
Aún con cargo de conciencia por la utilización de la técnica más moderna de orientación, vuelvo al punto de origen y consulto de nuevo mi nueva aplicación. Prácticamente no me queda batería, por lo que soy consciente de que se acabó el GPS por hoy. Tomo nota mental de la ruta a seguir en mi camino de vuelta. Llego directo al Santuario de la Virgen del Almuerzo. Impresionante, en mitad de la nada. El silencio es absoluto y la sensación de soledad aún más. El sitio da bastante respeto.
Ya en Narros accedo a carretera asfaltada hacia Soria donde finalizo esta solitaria ruta en la Ermita del Mirón donde hay una espectacular panorámica de toda la ciudad. Ya está anocheciendo, es momento de irse a casa.
Llevábamos dos años y medio sin reunirnos y por fin este mes de octubre de 2021 hemos podido celebrar la XI Ruta Soriana. Para quien no conozca este importante evento, se trata de una reunión de amigos de lo más variopinto y con una afición común: Disfrutar de la naturaleza con nuestros Land Rover y nuestras familias.
Anunciada la convocatoria del evento, a los pocos días, todos los invitados, todos, confirman su asistencia. Un año más, la respuesta es unánime, se marca la fecha en las agendas y comienza la cuenta atrás.
La organización logística del evento es relativamente sencilla pues ya desde el año 2006 nos alojamos en nuestro Hostal Lázaro, situado a las afueras de la ciudad de Soria, donde tenemos buen aparcamiento para nuestros Land Rover, somos atendidos con amabilidad y disponemos de espacio suficiente para celebrar desayunos y cenas multitudinarias sin prisa alguna. Lázaro, propietario del negocio, conoce nuestros gustos y necesidades, por lo que existe un clima de confianza que hace que, año tras año, nos encontremos como en nuestra propia casa.
La segunda parte de la organización consiste en la preparación de la Ruta que, en una provincia como Soria, no es muy complicado pero hay que ofrecer variedad e incluso alguna novedad siempre que sea posible. Siempre doy mucha importancia a la experiencia 4×4 en estos encuentros y, además, en los últimos años, he añadido algo de “culturilla” visitando lugares casi siempre desconocidos y fuera de las guías turísticas tradicionales.
Este año, la ruta tiene una fuerte dosis de paisajes espectaculares con parada en algún pueblo para pasear por sus calles y disfrutar de joyas medievales perfectamente conservadas hoy en día.
Valle del Tera
Ya el viernes noche la mayor parte de los Hombres Libres se encuentran en el Hostal, donde entre cervezas, vinos y una buena cena nos ponemos al día de nuestras vidas de los últimos años. Da la impresión de que nos hubiéramos visto ayer mismo, el fuerte vínculo que nos une no ha sufrido desgaste alguno. La conversación se alarga hasta las dos de la mañana…
En la mañana del sábado se incorporan los últimos integrantes de la aventura y sobre las 11 horas nos ponemos por fin en marcha los seis vehículos todo terreno con un total de quince personas.
Iniciamos la ruta por pistas en buen estado, muy rápidas y polvorientas, llegando por fin, tras algún despiste de orientación del que suscribe, al alto del Cerro de San Juan (altitud 1.359 metros) donde la vista es espectacular. Urbión, Cebollera, Valle del Tera, Sierra del Alba, Tierras Altas, Soria, el Moncayo… El día es claro y la panorámica de 360 grados es simplemente grandiosa.
Cerro de San Juan
Comenzamos el descenso del Cerro y comienza por mi parte la improvisación realizando una acertada parada en la Casa Fuerte de San Gregorio (siglo XV) para deleite de todos y cada una de las personas que me acompañan. La magia y la belleza de este lugar cala hondo y conmueve a uno de los miembros de nuestro grupo el cual comenta con total naturalidad y en voz alta que es lugar ideal para casarse con su novia de toda la vida y la cual también se encuentra presente. Si bien la guapa novia sorteó con la maestría que le caracteriza la situación, el resto comenzamos a vitorearlos y animarlos, incluso informando de los precios de alquiler y menús que cualquiera puede consultar en internet. Esperemos que más bien pronto que tarde, podamos los Hombres Libres ser testigos de la formalización de una sólida relación que dura ya 25 años, ni más ni menos.
San Gregorio
San Gregorio
En uno de los laterales de la Casa Fuerte hay una escultura de un curioso elefante, estilo indio, estilo futurista, no se sabe muy bien, pero que dio mucho juego con los intentos de escalada de los más audaces, lo cual consiguieron no sin gran esfuerzo. Por investigaciones posteriores de uno de los integrantes del grupo que se subió a los lomos de esta curiosa escultura, hemos podido saber que se trata de la obra de un artista vasco ya fallecido, Pablo Gerardo López García, la cual fue encargada y no pagada por los constructores de un embalse en el País Vasco. Al no cobrar un céntimo su autor, la escultura fue retirada del embalse en el año 1996. La obra se titula “El elefante de Siete Trompas, representando las siete trompas a las siete tomas de agua que parten del embalse vasco. Cómo acabó la escultura en Soria, lo desconozco, pero seguro que es una interesante historia.
La fecha de construcción de esta Casa Fuerte (siglo XV) llama la atención de un integrante del grupo de nacionalidad chilena, pues esta Casa ya estaba construida y habitada cuando se descubrió su tierra, el Nuevo Mundo. Así es amigo, esto es España, esto es Soria.
Nos internamos ya en zona repoblada en el siglo XI por gente traída de Segovia tal y como puede deducirse claramente de los nombres de los pueblos del lugar: Cuéllar, Segoviela, Arévalo de la Sierra, Torrearévalo, etc… realizando parada a comer en las cercanías de Ventosa de la Sierra, en un amplio campo segado, con una vista espectacular y a los pies del castro de El Castillejo que data del siglo V antes de Cristo.
El tiempo acompaña, no hace frio ni viento, por lo que podemos disfrutar del momento con absoluta tranquilidad. Nuestras comidas campestres son dignas de cualquier convención gastronómica nacional: embutidos, quesos y encurtidos de diversas regiones españolas, tortillas de patata caseras, empanadas, y otra gran variedad de delicias varias. Todo regado con excelentes vinos españoles y chilenos, acabando con postres a base de tarta de Santiago y los siempre presentes Nevaditos que hacen revivir a más de uno su más tierna e inocente infancia. Durante el café, recibimos una didáctica explicación sobre la actual erupción del volcán de La Palma de la mano de nuestro geólogo particular y el cual nos instruye en esta matera desde hace años en todos nuestros viajes.
Ventosa de la Sierra
Iniciamos el ascenso al Alto de Oncala (1.496 metros de altitud), donde el tiempo da un cambio radical y las paradas a disfrutar del paisaje nos recuerdan que aquí siempre hace frío. Es posible que, entre otros de mayor importancia, este sea uno de los motivos de encontrarnos en la zona más despoblada de Europa con una densidad de población de menos de dos habitantes por kilómetro cuadrado.
Alto de Oncala
Alto de Oncala
Realizamos una larga parada en el pueblo de Valtajeros donde existe una de las mejores iglesias fortificadas de la provincia. Esta iglesia-castillo fue construida en el siglo XII y reconvertida en fortaleza sobre el siglo XIV, siendo utilizada tanto para satisfacer las necesidades espirituales de los fieles, como de refugio y defensa frente a los ataques del reino de Navarra. El pueblo está muy bien cuidado y una amable señora sale a nuestro encuentro al oír el barullo que generamos. Como buena española, la buena mujer nos cuenta que en invierno apenas quedan una docena de personas en el pueblo y que el año pasado se instaló una familia de Madrid con dos niños pequeños. El padre de esta familia está prejubilado y ella es enfermera en San Pedro, localidad cercana y cabeza de comarca donde los niños van a la escuela.
Valtajeros. Iglesia fortificada
Estos comentarios dan lugar a amplios debates internos entre nosotros, ¿seríamos alguno capaz de venir a vivir a este remoto y aislado lugar? Cual fue la sorpresa cuando empezó a fraguar la idea de instalarnos todos aquí tras comprobar que, entre nosotros, muchos de los servicios básicos los teníamos cubiertos como son la sanidad, la construcción, la mecánica, tareas administrativas, servicios legales y necesidades audiovisuales. Incluso contamos con nuestro cupo de extranjeros. La idea nos gustó a todos y sobre todo al que suscribe cuando fui elegido alcalde de la localidad por unanimidad de los presentes. El debate no hizo más que empezar y hemos tomado la decisión para, en el próximo Encuentro, traer propuestas serias y meditadas para llevar a cabo nuestra acción de habitar este maravilloso lugar. Para nuestra financiación, toma forma la idea de instalar una fábrica de cerveza elaborada con la cebada cultivada en este mismo lugar. Entre nosotros, no solo hay empresarios y expertos en ventas al por mayor, sino también unos muy cualificados catadores de tan preciado líquido. El negocio está asegurado. Surgieron también otras ideas de financiación las cuales prefiero no mencionar por salirse de lo convencional. De momento hay que empadronarse para salir elegido alcalde por mayoría democrática. Seguro que esto da para mucho, sobre todo para pasarlo bien.
Valtajeros. Iglesia fortificada
Valtajeros
Iniciamos vuelta por caminos en los que hay puntos negros de orientación, por lo que simplemente hay que dejarse llevar y guiarse por el espíritu Amazigh. A pesar de tener hoy mi sentido de la orientación como el de una paloma herida, logro llevar al grupo por caminos hasta el pueblo de Los Villares donde hacemos parada e iniciamos los 18 km de asfalto que nos separan de nuestra guarida, nuestro querido Hostal Lázaro, donde tomamos unas cervezas comentando las anécdotas del día, cenamos en familia y sobre las 1 de la mañana ponemos punto final a este intenso día. En la cena, entre carcajada y carcajada, se habla intensamente de nuestro proyecto de instalarnos en el pueblo. Resulta que somos hasta creativos, es increíble.
Los Villares
Los Villares
Amanece con ligera llovizna el domingo, suficiente para eliminar el polvo de los caminos. Desayunamos todos juntos y nos dirigimos a un monte donde recogemos níscalos que repartimos generosamente entre todos nosotros. Almuerzo con las sobras y pan del día anterior y volvemos a nuestras casas donde ya algunos no tardan en preparar un buen guiso o revuelto con los níscalos recién cosechados. Pero eso, amigos, ya es otra historia.
Un fuerte abrazo para todos los Amazigh que han disfrutado de este intenso fin de semana, a los cuales simplemente nombro pues a cada uno de ellos podría dedicarle una larga crónica dado los numerosos viajes, experiencias y aventuras compartidas: Javier y Carmen; Víctor y Alicia; Angel; Mario; Ricardo; Alfredo y Alicia; Rafa y Lorena; Alfredo, Celia, María y Marina, la juventud Amazigh que disfrutan como los que más y que algún día, espero, recojan el testigo a los mandos de un potente Land Rover.
Por favor, estén atentos a la próxima convocatoria la cual se realizará como debe ser, con el buen tiempo, sobre el mes de febrero del año 2022. Y seguro que dará para otra historia.
Nace el río Jalón en tierras de Medinaceli pudiendo disfrutar de su nacedero en el pueblo de Esteras de Medinaceli. En este lugar, el agua brota en abundancia, con asombrosa transparencia y a una temperatura muy acorde con los inviernos de la zona, helada. Las aguas inician un viaje de 224 kilómetros para fundirse con el río Ebro en la localidad de Torres de Berrellén (Zaragoza).
En su discurrir, el río Jalón abre una importante vía de comunicación entre Medinaceli y Aragón la cual fue controlada y vigilada escrupulosamente por los musulmanes durante los 400 años que se mantuvieron en este territorio.
En tierras Sorianas pasaremos por pueblos como Arcos de Jalón, Somaén, Montuenga de Soria, Santa María de Huerta y ya en Aragón, Monreal de Ariza, Ariza, etc, pueblos con mucha historia y monumentos dignos de ser visitados que protegerán y acogerán al viajero siempre que sea necesario.
Pero en este viaje, pasaremos de largo, no sin pena, pues nos dirigimos a la tierra de Daroca, dicen que uno de los pueblos más bonitos de la provincia de Zaragoza y qué razón tiene quien lo haya dicho.
Panorámica de Daroca
La entrada a Daroca se realiza por una de las dos puertas de la ciudad, ambas del siglo XV y cada cual más espectacular. La llamada Puerta Alta no desmerece nada a la Puerta Baja, la cual cuenta además con la famosa fuente de los veinte caños que lleva 383 años dando la bienvenida a los visitantes. Los accesos a la ciudad son muestra y anuncio de lo que Daroca guarda en su interior.
Fuente de los veinte caños
Puerta Alta
Puerta Baja
Daroca es una ciudad fundada por los musulmanes a finales del siglo VIII, en concreto por poderosos árabes de Yemen, del linaje de los Tuyibies, los cuales convierten en poco a tiempo a Daroca en una de las medinas más importantes de la Marca Superior de Al Ándalus .
Como es de rigor, Daroca se encuentra perimetrada por murallas, relativamente bien conservadas y con una longitud de 4 km. Posee además un gran castillo que originariamente era la antigua alcazaba musulmana, sufriendo innumerables transformaciones y ampliaciones en los siglos siguientes. Daroca llegó a tener tres castillos y más de cien torreones en sus murallas. Hay que darse un paseo por los restos del Castillo Mayor para comprobar su poderío, el amplio territorio que domina, disfrutar de la torre del homenaje, el aljibe de enormes dimensiones y un misterioso túnel con mucha pendiente, casi vertical, con escaleras muy desgastadas y que al parecer se trata de excavaciones realizadas en busca de aguas subterráneas. La panorámica de Daroca desde el alto del castillo es espectacular.
Torre del homenaje y túnel
Castillo
Fue Alfonso I de Aragón “El Batallador” el que conquistó Daroca para los cristianos en el año 1.120. A partir de entonces, los musulmanes pudieron seguir viviendo en Daroca pero concentrados en el barrio conocido como la morería. Aún se puede pasear por el trazado original de las calles con unos característicos pasadizos. Los habitantes de la morería se dedicaron a trabajos artesanales del metal y el barro, la agricultura, la construcción e incluso regentaban comercios en la calle Mayor.
Los problemas de convivencia surgieron muchos siglos después, cuando en el año 1.522 se ordena el cierre de las puertas de acceso a la morería durante la noche. Fueron expulsados definitivamente en 1.610, al igual que en el resto de la península, viéndose entonces unas 58 familias obligadas a abandonar Daroca sufriendo la economía local un duro golpe.
Se conserva también en Daroca la judería, cuyos inquilinos no tuvieron problemas de convivencia con los musulmanes cuando estos dominaban la ciudad. Los judíos fueron expulsados en 1.492.
Morería
Judería
Conquistada la ciudad, Daroca fue frontera del Reino de Aragón con los musulmanes y posteriormente con el Reino de Castilla. Curtidos en mil batallas, destacaron sus habitantes por su arrojo y valentía en la defensa de la ciudad en la guerra de los Dos Pedros (entre Pedro I El Cruel de Castilla y Pedro IV El Ceremonioso de Aragón en el último tercio del siglo XIV). Daroca fue la única ciudad de frontera que rechazó al potente ejército castellano. Tras esa batalla, le fue concedida la condición de “ciudad”.
Ya inmersos en la cristiandad, Daroca conserva buenas iglesias románicas cuya construcción se inicia en el XII y finaliza siglos después, dando a estos monumentos un carácter muy especial por la mezcla de estilos. Destacamos la Basílica de Santa María de los Corporales construida sobre la mezquita mayor de la localidad, la Iglesia de Santo Domingo (cuya torre es una mezcla de románico y mudéjar), la Iglesia de San Juan, construida sobre la base de una mezquita cuya cimentación aún está a la vista, y a mi gusto, la más auténtica, la Iglesia de San Miguel, con un estilo románico menos contaminado que el resto.
Basílica Sta. Mª de los Corporales
Iglesia Santo Domingo
Iglesia de San Miguel
Portada Iglesia San Miguel
Los palacios y casonas con sus correspondientes escudos en las fachadas son numerosos y llama la atención la Ermita de Nazaret, en el camino de subida al castillo. Según la leyenda, se trata de una gruta que fue anteriormente templo pagano y es curioso ver la fachada formando ya parte del acantilado de color rojizo en el que se incrusta.
Casona Medieval
Ermita de Nazaret
Podemos trasladarnos a unos 35 km. de Daroca para disfrutar de Calatayud, donde su gentilicio, tomado de la antigua ciudad romana, es algo difícil de pronunciar al menos la primera vez: “Bilbilitano”.
La ciudad romana fue abandonada en el siglo IV siendo la actual fundada por los musulmanes en el año 716 y gobernada por la misma familia Yemení que Daroca, los Tuyibies. Alfonso I de Aragón “El Batallador”, en el año 1.120, toma Calatayud y los vecinos le honran y agradecen su gesta con una bonita estatua.
Castillos, murallas, barrios morisco y judío, restos de sinagoga, iglesias cargadas de historia y descomunales torres mudéjares te esperan en Calatayud. A destacar la iglesia de San Pedro de los Francos adosada a una atalaya musulmana que desafía la ley de la gravedad y donde en el año 1461 fue nombrado heredero de la Corona de Aragón el que luego fue Rey, Fernando el Católico.
Panorámica de Calatayud
Sinagoga
Iglesia de San Pedro de los Francos con su Torre árabe
Puerta Terrer y Fuente de los Caños
Iglesia San Miguel
Morería
Camino a Soria
El río Jalón da vida a Calatayud con abundante caudal y los Bilbilitanos han creado a su alrededor un lugar agradable y fresco para pasear. Sigue el curso del río hasta su desembocadura para seguir conociendo la historia de nuestra tierra. Pero eso, como viene siendo habitual, ya es otra historia.
En un punto remoto del desierto de Marruecos, entre el Lago Iriki y el pueblo de Merzouga, se desplazan a toda velocidad por pistas muy rápidas, llanas y arenosas 11 vehículos Land Rover con 17 ocupantes a bordo.
Tras haber cruzado las montañas del Atlas por reviradas y vertiginosas pistas de tierra y con altitudes de hasta 2.500 metros, es nuestro cuarto día de travesía por el desierto. Estamos durmiendo bajo las estrellas y llevamos agua y comida para intentar ser lo más autónomos posible. No obstante, sí debemos acercarnos a zonas pobladas para recargar los depósitos de gasoil de nuestras máquinas donde aprovechamos para comprar pan recién hecho y fruta fresca. Por cierto, la excelencia de estos productos contrasta con la pésima calidad del gasoil marroquí.
Está siendo un día duro. Nos hemos puesto en marcha al amanecer para recorrer los aproximadamente 350 kilómetros que separan el Lago Iriki y el mar de dunas de Merzouga. En los días anteriores las distancias recorridas por el desierto han sido muy similares y con jornadas de más de doce horas de conducción fuera de asfalto.
Cruzando el lago Iriki
Hoy hemos sufrido un despiste de orientación y según los GPS nos hemos introducido en Argelia unos kilómetros. Cuando nos damos cuenta, iniciamos la vuelta y uno de los Land Rover sufre un pinchazo que provoca de forma irremediable que se prolongue nuestra estancia en este país al cual hemos entrado sin autorización y por medio de la nada. Tensa espera mientras se cambia la rueda y volvemos a Marruecos donde es habitual en esta zona de frontera ver puestos de militares y patrullas con vehículos perfectamente equipados para la guerra. Imagino que el país vecino corresponderá en los mismos términos, de ahí mi “intranquilidad” de haber sido un “sin papeles” durante kilómetros.
Volvamos a este punto remoto del desierto donde el calor es sofocante y hay una calima de un color blanco espeso que pone los pelos de punta. Curiosamente, el suelo tiene el mismo color, posiblemente debido a su alta salinidad, algún otro mineral o que se trata de algún efecto óptico o espejismo. La realidad es que yo no había visto nada semejante y la situación a primera vista parece bastante hostil. Observamos en la lejanía y en la dirección hacia la que nos dirigimos, un enorme camión con remolque, atascado en un profundo río de arena y a sus dos ocupantes deambulando por los alrededores pues poco podían hacer.
En el desierto, como en el mar, existe esa ley no escrita de auxiliar al que se encuentre en apuros y no dudamos en parar por si podemos echar una mano. El remolque del camión se había desenganchado de la cabina, por lo que a los pocos segundos los diecisiete ocupantes de nuestra expedición nos vemos involucrados en la difícil tarea de enganchar primero el remolque para posteriormente tirar de la cabina y liberar el camión completo y de una sola vez.
La labor de enganchar el remolque es más complicada de lo previsto inicialmente, pero conseguimos hacerlo tras montar un dispositivo perfectamente ideado y en el que fue fundamental la intervención de varios de nuestros land rover situados y enganchados estratégicamente en varios puntos del lateral del remolque. Sin duda, la fuerza bruta animal también fue determinante para el éxito de la misión.
Mientras tanto, se unen a nuestro equipo de rescate los ocupantes de un par de furgonetas marroquíes que pasan por los alrededores. En este desierto sorprende ver a los locales desplazarse por estos inhóspitos territorios aparentemente lejos de cualquier sitio civilizado y en cualquier tipo de vehículo, nada que ver con los nuestros. Es admirable.
Enganchado el remolque, aliviamos de arena las ruedas del camión en la medida de lo posible y enganchamos a la cabina dos potentes Land Rover Defender. Ya es cuestión de coordinación entre las dos bestias tractoras, reductora, sacar a relucir los cientos de caballos que hay bajo el capó y tirar, tirar fuerte, más fuerte aún, ¡que el Land Rover puede!
Y por supuesto que pudimos. Fue impresionante la sensación de fuerza y poder que me transmitió el Defender en esos momentos. Las ruedas de taco se agarraban con fuerza a la arena y mis 160CV recién estrenados hicieron muy bien su papel.
Así, tras varias horas de duro trabajo y tras perder posiblemente varios kilos por la tremenda sudada, el camión fue liberado. Intercambiamos abrazos fraternales con nuestros nuevos amigos y proseguimos nuestro viaje hasta Merzouga donde, hoy sí, cenaremos comida recién hecha, nos daremos una buena ducha con cambio de ropa incluido que ya hace falta y dormiremos en una cama con el objetivo de reponer fuerzas para el resto de los días que nos quedan de vagar por este desierto. Pero eso ya, querido lector, es otra historia.
Haber sido invitado este verano por mi familia política a pasar unos días en un pueblecito de Granada en las estribaciones de Sierra Nevada, ha sido una experiencia de lo más agradable.
Me refiero a Cogollos de Guadix, en la Comarca de Guadix, dentro del territorio denominado Sened por los musulmanes, los cuales habitaron estas tierras más de setecientos años hasta que en el año 1490 la zona fue reconquistada por los Reyes Católicos.
Nos alojamos en Casa Pepe, en pleno centro del pueblo. Casa rústica, típica de la zona y perfectamente rehabilitada con las comodidades propias de nuestro tiempo. Nos asignan una aislada, austera pero acogedora habitación en el piso alto, un antiguo almacén de grano y enseres varios y a la cual se accede a través de una balconada con vistas al patio interior de la casa. Un par de sillas como mobiliario y los colchones a ras de suelo, al estilo árabe, como los antiguos pobladores de estos lugares. Este provisional refugio me transmite muy buenas sensaciones.
Panorámica de Cogollos de Guadix
Siguiendo una de mis costumbres, pronto salgo a pasear por todos los rincones del pueblo y realmente sorprenden las riquezas que guarda no solo su casco urbano sino también el espectacular paraje que lo rodea.
Lo primero que llama la atención es el aljibe árabe del siglo XII, el cual ha quedado hoy en día como algo “fuera de lugar” en plena plaza del Ayuntamiento. Se trata de una espectacular estructura rectangular, de techo curvo y con un curioso ventanuco redondo en su parte trasera. Su interior ha sido acondicionado como sala de exposiciones que, algo abandonada en la actualidad, me parece una alternativa poco razonable.
Aljibe
Iglesia de Cogollos
Tuvimos la suerte de que el párroco nos abriera la Iglesia del pueblo, la Iglesia de Santa María de la Anunciación, construida en el año 1545 sobre el solar que ocupó la mezquita existente durante la ocupación musulmana. Del exterior lo que más llama la atención es su torre campanario de estilo mudéjar y visible a muchos kilómetros de distancia. Iglesia bonita, muy bien cuidada y de la que disfrutamos mucho en la visita privada para la familia.
Paseando por las estrechas y curvas calles del pueblo aún se pueden admirar muchas casas centenarias y bien conservadas.
Cogollos
Cogollos
Tuve la suerte de realizar una ruta a pie hasta la Ermita de la Virgen de la Cabeza en la cual mi experto guía, Pepe, oriundo de Cogollos y pozo de sabiduría de este lugar, me ilustraba continuamente con todo tipo de información detallada sobre este territorio. Una de las cosas que más llama la atención es el pleno funcionamiento actual de un complejo sistema hidráulico de acequias y balsas para regar campos y huertas ideado ya por los romanos y perfeccionado por los musulmanes. El agua es abundante y se recibe directamente de la Sierra. Cuál fue mi sorpresa con el descubrimiento de un antiguo molino en ruinas con gran parte de su maquinaria bajo los escombros del tejado. La impresionante mole de Sierra Nevada, aún con restos de nieve en sus cumbres, presidió el paseo en todo momento.
Las vistas desde el cerro donde se encuentra la Ermita compensan sin duda alguna el esfuerzo de la caminata con bastante calor y calzado con unos náuticos playeros de saldo. El interior de la ermita sobrecoge pues la devoción manifestada por los vecinos se transmite al visitante nada más entrar.
Ermita Virgen de la Cabeza
Balsa de agua
Sierra Nevada
A pocos kilómetros de Cogollos se encuentra el pueblo de Guadix (Wadi As en tiempos Andalusíes), cabeza de comarca y guardián de tesoros no muy conocidos a nivel nacional y de incalculable valor y belleza. Toda la ciudad es un monumento por lo que se hace difícil cualquier descripción. Me limitaré a una somera enumeración, debiendo ser el viajero en su visita el que descubra la grandiosidad que guarda este remoto lugar en cualquiera de sus rincones: La Alcazaba árabe (S. X y XI), La Catedral (s. XVI y construida sobre una mezquita), el Barrio de las Cuevas, Ermita de Nuestra Señora de Gracia (Iglesia Cueva del siglo XVI), la Casa Cueva de José (el propietario, en mi opinión, es su verdadero atractivo), Ruinas de un teatro romano aún en excavación (6.000 metros cuadrados al descubierto), Palacios, la Plaza del Ayuntamiento….y por supuesto multitud de bares donde la cerveza bien fría es acompañada de esas generosas y sabrosas tapas granadinas únicas en España.
Barrio de las Cuevas
Torre cristiana y musulmana
Palacio de Villalegre (XVI)
Alcazaba
Teatro Romano
Catedral
Nuestro anfitrión, Pepe, conocedor de mi afición por visitar y fotografiar construcciones islámicas y medievales, organiza una ruta por los pueblos más representativos y cercanos a Cogollos como son Jérez del Marquesado, Alquife y La Calahorra. Estas tierras, la comarca de Guadix, fueron atacadas con violencia durante los años 1.125 y 1.126 por el rey de Aragón Alfonso I “El Batallador” el cual, seis años antes, reconquistó el noreste de la actual provincia de Soria y fundó su ciudad. Esta coincidencia hace que me sienta muy cómodo y me identifico aún más con el entorno.
Paseando por estas localidades es fácil dar un salto atrás en el tiempo pues el estilo impregnado por quiénes fueron sus habitantes desde el siglo VIII hasta el XV ha dejado una profunda huella. Calles estrechas, laberínticas, casas encaladas, muchas de ellas de estilo morisco, restos de murallas y torres defensivas, acequias con abundante agua en las calles…. simplemente espectacular.
Hicimos parada en la mina de hierro que se encuentra en Alquife y que tiñe con polvo rojo muchos kilómetros a la redonda incluido la joya medieval del lugar, el castillo de La Calahorra. El acceso a este castillo lo hicimos como hay que hacerlo, a pie, desde el pueblo. De esta manera pues darte cuenta de su grandiosidad, su potencial militar y de las penurias que sufrirían los atacantes subiendo por la empinada ladera pertrechados con todos los utensilios de guerra.
El castillo es maravilloso, de estilo militar renacentista y construido sobre una antigua fortaleza árabe en el tiempo récord de tres años, entre el año 1509 y 1512, teniendo un papel relevante en la Rebelión de las Alpujarras (1568-1571) en la que los moriscos granadinos se levantaron en armas contra Felipe II.
Castillo de La Calahorra
El patio interior de nuestro alojamiento en Gogollos da lugar, en desayunos, comidas y cenas, para preparar el día y comentar las experiencias vividas. Y para mucho más, solo hay que dejarse llevar. Pero eso, querido lector, ya es otra historia.
La Sierra de Cebollera, situada al Norte de la provincia de Soria, sirve de frontera con La Rioja. Su cumbre más alta es el Pico Cebollera con 2.142 metros de altitud.
En su cara sur, zona soriana, se encuentra la zona conocida como El Valle, el Valle del Río Razón, donde es muy recomendable visitar los diferentes pueblos que lo componen: Tera, Rebollar, Rollamienta, Valdeavellano de Tera, Sotillo del Rincón, La Aldehuela, Villar del Ala y Molinos de Razón. Tierra de buenas carnes, embutidos, mantequilla y miel. En este fértil valle, con abundante pasto y una importante cabaña de vacuno, nació la famosa mantequilla de Soria, tradición prácticamente perdida consecuencia de la inevitable industrialización y posibles ajustes económico ganaderos europeos. Ya únicamente queda, la buena gente, el microclima, el buen pasto, unas pocas vacas y como ocurre con todas las cosas buenas, un museo de la mantequilla y unas jornadas donde se muestra su elaboración artesanal.
Como siempre, lo bueno, lo auténtico, lo que ha marcado y caracterizado la vida de generaciones y generaciones, acaba siendo introducido en una vitrina para mostrarlo al turista. Imagino que será el precio que hay que pagar por nuestro actual modo de vida. Al menos queda el recuerdo y se hace lo posible para no perderlo de forma irremediable.
En estos pueblos podremos disfrutar de las llamadas casas de los indianos. Los indianos son aquellos vecinos que emigraron a América en busca de fortuna a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Los que triunfaron, volvieron a sus pueblos con la billetera llena y construyeron grandes mansiones de estilo colonial.
Uno de los accesos más fáciles a la sierra se encuentra a la salida del pueblo de Molinos de Razón. Desde aquí, las pistas son buenas y recomiendo precaución pues cada día son más numerosos los visitantes que recibe este lugar. Ciclistas, paseantes, recolectores de setas, amantes de la berrea, etc. En cualquier caso, sigue habiendo muchos lugares donde no te cruzarás con nadie, basta que te dirijas a lo más profundo de la sierra. También dependerá de la época del año y la hora en que la visites.
A media altura, gran parte de la Sierra está repoblada con pino albar cuya madera se explota comercialmente. En lo más profundo, disfrutarás de uno de los mejores hayedos de la península ibérica. En las partes más bajas abundan los rebollos y pastos. Tampoco faltan los helechos en las zonas húmedas y el codiciado acebo que sirve de alimento al rey de la sierra, el ciervo. Cualquier época para su visita es buena, pero en invierno es posible que esté limitado el acceso debido a la gran cantidad de nieve. Dispones de refugios, algunos no siempre abiertos, donde poder guarecerte o descansar si lo ves necesario.
No todo es agradable
Muy recomendable la visita a la laguna de Cebollera de origen glaciar. No hay acceso rodado hasta la misma por lo que hay que andar un rato en fuerte pendiente. El esfuerzo se verá recompensado con creces, que nadie se raje pues merece la pena.
Que no pasen inadvertidas las morrenas, impresionantes laderas de piedras de todos los tamaños cuyo origen se encuentra en la retirada de los grandes glaciares.
Sorprende la gran cantidad de agua que contiene esta Sierra donde abundan arroyos, torrenteras y pequeñas lagunas llenas de vida en primavera y verano que alimentan el Río Razón. Agua helada, cristalina y en mi opinión potable. En más de una ocasión y ante evidentes signos de deshidratación, he tenido que beber del agua que corre por las cunetas o arroyos y no he tenido ningún problema. Eso sí, cada uno debe adoptar las medidas de precaución que estime necesarias cuando se bebe agua directamente de la naturaleza. Esto no es un manual de supervivencia. Mi método siempre ha consistido en beber agua en movimiento, a la mayor altitud posible, poca cantidad y después de realizar la prueba del escupitajo, la cual, sinceramente no sé si es muy fiable.
Recomiendo que el visitante se pierda por todos los caminos a los que se pueda acceder con normalidad. Se puede acceder a las cumbres, a unos 1800-1900 metros de altitud, al límite con La Rioja y desde donde se abren muchísimas posibilidades. En esta zona alta no suele haber nadie, las vistas son espectaculares y te sientes el dueño de toda la provincia.
Anécdotas tengo muchas en esta Sierra: noches de acampada en la laguna de Cebollera (cuando no había prohibición), noches en los refugios, noches al raso cuando fui monitor en el campamento del colegio, decenas de atascos en nieve y barro, una salida de pista con vuelco incluido y fractura de nariz (yo no era el piloto), organización de un encuentro 4×4 con 40 vehículos (con los permisos legales correspondientes) y algún que otro rescate de personas desorientadas o de algún conocido en apuros con su vehículo.
Acudiendo a un rescate
El primero de estos rescates fue en pleno invierno, a punto de anochecer. En una de mis paradas, detecté en la parte alta de un pronunciado cortafuegos un grupo de siete personas que bajaban hacia donde yo me encontraba. Dada la hora inusual, el mal tiempo reinante (mucho frio y niebla) y el remoto punto de la sierra donde estaba, quedé a la espera de que llegaran. Al vernos, como era de esperar, preguntaron si se encontraban muy lejos de un pueblo, no recuerdo el nombre, pero era en La Rioja, en el lado norte de la sierra, justo al lado contrario en el que estábamos. Se habían desorientado por la niebla y se angustiaron al saber que habían avanzado en sentido contrario. Les ofrezco trasladarlos al pueblo más cercano, lo cual aceptan si dudar y los acomodo a todos en el Land Rover.
Iniciamos la vuelta y mis invitados, hombres y mujeres de mediana edad, están eufóricos por la experiencia que han vivido durante las últimas horas. Risas, anécdotas, agradecimientos…. hasta que se dan cuenta que el día no ha finalizado y que aún les queda otra aventura por vivir. Los caminos están anegados de agua y barro lo que permite disfrutar de continuas cruzadas en el camino, deslizamientos imprevistos, lluvia de barro y agua de los charcos sobre el coche… Reina el silencio en el interior del vehículo lo que significa sin duda que mis nuevos amigos sufren cierta tensión. Intento tranquilizarlos diciendo que la situación es normal, que tengan confianza, que intenten disfrutar de la situación y que se sientan afortunados por vivir en primera persona cómo se desenvuelve un Land Rover Defender en su medio natural.
Una de las mujeres, que debía estar bastante tensa, después de un gran bache lleno de agua y con cruzada en el camino incluida, grita como poseída: ¡Mirad el niño! ¡Ni se inmuta! refiriéndose a mi joven copiloto de seis años sentado muy serio y callado en su sillita, siempre mirando muy atento al frente y disfrutando al máximo de lo complicado del camino. Las risas y el cachondeo vuelven al interior del vehículo incluso en el momento de vadear el río Razón con abundante agua. Finalmente parece que acabaron disfrutando de la experiencia… o eso creo, no estoy muy seguro.
Un segundo rescate ha sido este mismo verano, también a horas inusuales, sobre las 15 horas y con fuerte calor, cuando me cruzo con tres personas cargadas cada una de ellas con una gran cesta llena de Boletus. Me paran para preguntar si van en dirección correcta hacia la carretera. Al comentarles que sí, pero que les quedan varias horas de caminata, me reconocen que se han perdido y me ofrezco a ayudarles a encontrar su coche el cual tenían aparcado en una no muy transitada pista de tierra. Realmente, su coche estaba a unos 8 km de distancia y resultó más fácil su localización de lo que parecía en principio, pues uno de ellos, en un momento determinado, reconoció parte del camino por el que habían venido. En esos ocho kilómetros, se aferraban a sus cestas de hongos con fuerza y como recompensa me dieron un hongo enorme del que di buena cuenta días después en forma de revuelto.
No puedo finalizar este artículo sin mencionar las delicias gastronómicas del lugar, destacando la buena carne y las especialidades micológicas en cualquier época del año.
Por favor, en tu estancia en la Sierra compórtate como un animal y entonces es cuando no se notará que has estado por allí.
Este mes de agosto realicé una visita al precioso pueblo de Hinojosa del Campo, situado a los pies de la Sierra del Madero y del Moncayo, en el valle del río Rituerto, a unos 40 km. de la ciudad de Soria.
A medio día nos habíamos citado con su alcalde, Raúl, el cual nos iba a enseñar la torre defensiva medieval que preside e identifica esta pequeña localidad.
Para ir haciendo boca y de camino hacia Hinojosa, ya desde primera hora de la mañana disfrutamos de las bien conservadas pistas de tierra del valle del río Rituerto y visitamos otras dos torres islámicas, La Pica y Masegoso, las cuales y entre otras, forman parte de un complejo sistema de vigilancia y defensa de este territorio que data del siglo X.
Torre de Masegoso
Torre La Pica
Torre La Pica
Desde el mismo momento en que llegamos a Hinojosa del Campo, la sensación de ser bienvenidos es absoluta. Prueba de ello es el gran cartel que luce la fachada del Ayuntamiento donde reza “Bienvenidos a vuestro pueblo” y se recuerdan recomendaciones para una mejor convivencia debido a la pandemia que nos asola.
Ayuntamiento
Iglesia Nª Sra. de la Asunción
Uno de los accesos…Posada
El pueblo está impecable, en perfecto estado de revista. Todas las casas están perfectamente conservadas y abundan los espacios comunes lo cual prueba que es un pueblo vivo y con futuro. Te recomiendo pasear por sus calles en las que hay varias casonas del siglo XVII con escudos nobiliarios en sus fachadas. Muchos de estos escudos han sido recuperados y siguen luciendo su esplendor en casas de construcción más reciente. En algunos de ellos se encuentran corazones (o similar) que, si bien su significado medieval no tiene nada que ver con el actual, hoy en día es del todo apropiado por la amabilidad y buen trato de los vecinos con el viajero, cuestión que pudimos comprobar personalmente con varios de ellos.
En Hinojosa se instalaron importantes familias nobiliarias con apellidos tan ilustres en la época como Salcedo, Zapata, Neila, Salazar o Barnuevo y fue lugar de descanso de nobles y reyes pues este pueblo se encuentra situado en el antiguo camino que unía Madrid con Francia. En una de las entradas al pueblo aún se mantiene en pie lo que fue posada para el descanso del viajero medieval con servicio de comidas y alojamiento, además de servicio técnico para carruajes y bestias de carga. La posada que hoy podemos ver fue construida en el año 1.790, pero ya hay constancia de su existencia a comienzos del siglo XVII. Está confirmado que Felipe V pasó aquí una noche y que en el año 1.808 paró a comer en este lugar el político y escritor Jovellanos, el cual dejó constancia por escrito que la comida era buena pero el sitio poco limpio. Menudo señorito.
Posada
En la actual carretera se conserva el llamado “Puente de la Reina” que salva el curso del río Rituerto y que, según la sabiduría popular, fue ordenado construir por Isabel La Católica tras sufrir su séquito y ella misma serias dificultades para cruzar el río un año de crecida. Hay constancia de que el puente necesitó ser reparado en los inicios del siglo XVII.
Puente de La Reina
Puente de La Reina
No podemos dejar de mencionar la llamada “Casa Grande”, pequeño palacio que perteneció en su día a la familia de los Salcedo. Hoy se encuentra en ruinas y esperemos que se retome algún día un ilusionante proyecto para convertirlo en hotelito rural.
Prueba del espíritu viajero del que durante cientos de años fue testigo y parte Hinojosa, son las indicaciones a la entrada del pueblo indicando distancia y dirección a las ciudades españolas más importantes, así como una placa donde se refieren otros diez municipios españoles que también se denominan Hinojosa.
La joya del pueblo es sin duda la Iglesia fortificada de Nuestra Señora de la Asunción, una mezcla de estilo románico (S. XII) y gótico (S. XVII) con dos torres, una islámica del siglo X y otra cristiana del siglo XII. En su interior alberga una impresionante y perfectamente conservada pila bautismal románica (s. XII), columnas con capiteles muy decorados que representan pasajes bíblicos, es lugar de descanso eterno de numerosos nobles medievales y todo ello presidido por un majestuoso retablo del XVII . La torre campanario es de origen islámico y formaba parte del entramado defensivo del valle del río Rituerto. El acceso a dicho torre se realiza por una estrecha escalera de caracol que data del primer tercio del siglo XVII.
Campanario. Torre Islámica
Torre Cristiana
Interior Torre Cristiana
La segunda torre, de mayor tamaño (25 metros de altura) y forma semicircular, es de origen cristiano y se encuentra muy bien conservada. Como toda iglesia románica, su orientación es este – oeste, encontrándose originalmente el altar en su extremo este. Sin embargo, cuando se determinó hace siglos ampliar la iglesia, dado que la enorme torre cristiana lo impedía, tuvieron que llevar a cabo la ampliación por el extremo oeste donde quedó finalmente instalado el altar. Así, es de las pocas iglesias de este tipo, por no decir la única, en la que los fieles asisten a los oficios religiosos de cara al oeste, de espaldas a Roma.
Las tumbas de los nobles que se encontraban en el altar primitivo tuvieron que ser trasladadas a la ubicación del nuevo altar manteniéndose así el deseo de estos buenos señores que seguro pagaron en su día una buena cantidad de reales por ello.
Tumba en altar
Interior Iglesia
Pila Bautismal
El territorio en el que se encuentra Hinojosa del Campo, la comarca de Campo de Gómara, fue ocupada por los bereberes ya en el siglo VIII, en los inicios de la conquista de la península. Estos primeros bereberes eran miembros del ejército que desembarcó en el año 711 al mando del general Tariq y pertenecían al clan de los Banu Milit, de la tribu de los Masmuda. La presencia bereber en estas tierras duró unos 400 años, hasta la reconquista definitiva del lugar a comienzos del siglo XII (1.119) por el rey de Aragón Alfonso I “El Batallador”.
La Reconquista por “El Batallador” fue realizada de forma pacífica, lo que dio lugar a la permanencia en el territorio de la población musulmana dedicándose a partir de entonces exclusivamente a tareas agrícolas, ganaderas, de construcción y servicios. Quién sabe a fecha actual, cuántos naturales de este territorio llevan en su sangre el gen del temible guerrero bereber del siglo VIII. Más de uno, seguro.
No puedo finalizar sin agradecer al actual alcalde de Hinojosa del Campo, Raúl, por el largo tiempo que nos dedicó a enseñarnos el pueblo, sus calles, sus monumentos, sus historias, secretos y leyendas, para finalizar la mañana en el Teleclub degustando un helado botellín de cerveza entre decenas de parroquianos que dan vida y futuro a este bonito y agradable pueblo. Extiendo mi agradecimiento a Luis, responsable del mantenimiento general del pueblo, sin el cual esta particular y personalizada visita habría sido imposible.
Aquí somos y sois todos bienvenidos. Pero eso ya, amigos, es otra historia.
Espectacular Atalaya situada en el término municipal de Rello (Soria).
Sin duda, se trata de la joya de la corona. Única en la provincia por su forma troncocónica, se encuentra perfectamente restaurada y es accesible hasta su piso más alto. Construida en el siglo X, consta de tres pisos, mide unos 9 metros de altura, cinco de diámetro y sus muros tienen más de un metro de grosor. Su estrecho acceso se encuentra a varios metros de altura al que se accedía con una escalera de mano siendo retirada en caso de presencia del enemigo. El paisaje desde la atalaya es espectacular y verás que hay contacto visual con el amurallado pueblo de Rello y las atalayas de Torre Melero y Ojaraca. Es el lugar perfecto para sentarse tranquilamente un buen rato, situarse, orientarse y entender y reflexionar sobre el funcionamiento del entramado defensivo de fortalezas y atalayas en la frontera del Duero.
Cuenta la historia que en este punto exacto falleció Almanzor, sin duda el general musulmán más temido por los cristianos a los que atemorizó sin descanso durante 25 años en 56 campañas de sangre y terror.
10 de agosto del año 1002, es mediodía, hace un calor infernal. Los tres soldados bereberes de la patrulla de vigilancia establecidos en la atalaya El Tiñón están en tensión. Conocen que Al Manssur bi Allah (el Victorioso de Dios), se ha visto forzado a regresar apresuradamente de su incursión en territorio cristiano por encontrarse gravemente enfermo. Almanzor y sus tropas han hecho noche en la cercana fortaleza de Berlanga, a media jornada escasa. No tardará mucho en pasar el Gran General por la atalaya pues es el camino más seguro hacia Medinaceli donde se encuentra el cuartel general de la frontera.
Pronto divisan en el horizonte la interminable caravana de soldados que trasladan en litera al Caudillo derrotado por su grave enfermedad. Febril y semiinconsciente, Almanzor ordena hacer un alto en la Atalaya para que sus hombres descansen. En los últimos días sus tropas han sufrido un duro desgaste. Tras arrasar el Monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja), han tenido que iniciar una rápida retirada por el repentino empeoramiento de salud de su General. Además, en esta imprevista retirada, que no huida y hasta el mismo límite de la frontera que marca el Duero en Gormaz, la retaguardia del ejército ha sido hostigada constantemente por las tropas cristianas aprovechando la debilidad de “El Victorioso”.
Almanzor, Abu Amir Muhammad ben Abi Amir al-Maafiri, postrado en su litera, a la sombra de su tienda, rodeado de los más allegados y siendo mudo testigo la atalaya, exhala su último suspiro. La dolorosa artritis gotosa que sufría desde hace años ha podido finalmente con él. El cuerpo es amortajado y trasladado con urgencia hasta Medinaceli donde recibe sepultura en un lugar hasta ahora desconocido. Desaparece el azote de la cristiandad. La historia lo recordará para siempre. Comienza el declive de Al Ándalus.