27 de diciembre de 2025
Viernes 26 de diciembre de 2025. Me he tomado el día de vacaciones y mi intención es irme a Soria para hacerme alguna ruta en solitario, pero me he levantado algo perezoso e incluso dudando si me voy a ir o no. Dado que en estas fechas anochece pronto, se me hace algo pesada la soledad en casa desde que anochece hasta el amanecer del día siguiente. Me da la impresión de que los años no pasan en balde.
Mientras pienso si me voy o no, salgo a comprar el pan y recibo un escueto mensaje de mi querido amigo Alfredo que dice: “Buenos días. ¿qué tal todo? ¿Vas a estar por Soria este fin de semana? “
Mi respuesta: “sí, tenía pensado irme, pero que estoy dudando pues en soledad se me hacen duras las horas sin luz”.
Al poco rato me llama y me informa que tenía pensado ir a Soria mañana con sus hermanos, pues tienen que llevar a una sobrina a Quintanarejo, pequeño pueblo situado en la comarca de Pinares, cerca de Vinuesa. Solicita mi interlocutor permiso para acceder a territorio soriano, lo cual concedo de inmediato y me anima a que me una al grupo pues quieren ir con los 4×4 por la nieve y así seríamos cuatro vehículos.
Mi instinto aventurero se activa de inmediato e indico que habrá mucha nieve y es posible que haya zonas de muy difícil acceso. Alfredo responde que ese es el objetivo, que es el finde ideal pues seríamos cuatro Land Rover y es momento de ponernos a prueba y llegar a los límites de la conducción por nieve fuera de asfalto. ¡Y cuánta razón tiene!
Confirmo mi asistencia en el acto y quedamos para el día siguiente, sábado, a las 10 horas, en el pueblo de Garray donde Alfredo hará noche.
Retorno feliz a mi hogar con dos barras de pan bajo el brazo y con la moral muy alta pues el plan es de lo más atractivo. Solo me queda la espinita de que no conozco rutas por Quintanarejo, pero confío en que Alfredo tendrá algo pensado.
Ofrezco a mi hijo Fernando que se una a la aventura el cual se apunta de inmediato, sin dudarlo, pero me pide salir de viaje a última hora de la tarde pues tiene una comida ya comprometida. No hay problema. Conducirá él por la noche pues uno ya no tiene la visión de antes.

Salimos hacia Soria ya de noche cerrada y llegamos a la ciudad sobre las 22.15 horas. El piso está a cinco grados, conectamos la calefacción y nos vamos a cenar al chino que está a rebosar, pero nos atienden rápido y realmente bien.
Madrugo al día siguiente para arrancar el Land Rover y nos presentamos en Garray sobre las 9.45 horas. Ya Alfredo anda por la calle y hacemos tiempo a que llegue su familia tomando un café tras comprar el pan y una barra de chorizo en la tienda de El Puchi.
Recibimos a la familia Calzada en pleno, los cuales acuden a Garray en un Range Rover del año 95 y un Discovery algo más moderno. Llama la atención que en esta ruta están presentes los cuatro modelos más míticos de la marca Land Rover. Freelander, Discovery, Range Rover y Defender. Casi nada. Mejor imposible, pues los cuatro ejemplares, además, están algo preparados para una conducción más segura y eficaz fuera de asfalto.
Presentaciones oportunas en el frío frontón del pueblo. Los Calzada casi al completo: tres hermanos, Alfredo, Javier y Chema, su mujer Gela, hijas/sobrinas, Clara, Inés y Estrella con su novio Eneco (soriano, por cierto) y la prima Amaya. Una de las sobrinas, cuando me presentan, me identifica como “el guía local” que se había unido al grupo y que le había comentado su tío Alfredo.
Nunca me habían identificado como “guía local” y la verdad que me hizo bastante gracia el simpático comentario. Pero es en ese momento cuando me doy cuenta de que dejaban sobre mis espaldas idear y dirigir la ruta por zona de nieve para finalizar en Quintanarejo. Como Alfredo tenía previsto llegar a Quintanarejo a través de una pista que sale del alto de la ermita del Royo, optamos por cruzar la Sierra de Cebollera donde la nieve y por tanto la diversión, está garantizada.

Por carretera nos desplazamos hasta Molinos de Razón para tomar ya las pistas que se internan en la Sierra. Se ve nieve a poca altura y efectivamente, tras el primer cortafuegos, la pista está totalmente cubierta de este regalo de la naturaleza. Abro pista con el Defender, lo cual facilita sin duda alguna la trazada del resto de vehículos que me siguen. Así cualquiera, la verdad. El que va el primero es el más expuesto a quedarse atrapado en la nieve o a sufrir cualquier contratiempo que pueda surgir con estas condiciones climáticas. Pero en el fondo, como guía local, no me queda otra y la realidad es que me gusta.
Tomamos pista que cruza la sierra a media ladera a unos 1500 – 1600 metros de altitud. El objetivo es llegar hasta la cresta, 1900 metros. Tengo dudas de que podamos llegar, pero al menos lo intentaremos. Comenzamos la subida, donde ya por seguridad engrano reductoras. Cuando empieza el camino a complicarse pues hay más nieve y la pendiente es mayor, cedo el puesto de piloto a Fernando para que disfrute del momento. Segunda marcha, reductoras, diferencial central conectado, marcha constante, sin aceleraciones bruscas y poco a poco vamos ganando altura.
Por la radio informa Chema que su Range Rover ya no sube más pues las ruedas de tacos que calza las lleva algo desgastadas. Paramos la comitiva, nos tiramos bolas de nieve durante un rato mientras el Freelander intenta dar un tirón al Range para que vuelva a la trazada correcta, pero sin conseguirlo.

Otra cosa no sé, pero la familia Calzada es familia de recursos y rápido colocan unas cadenas de nieve al Range, el cual vuelve a enfrentarse a este camino sin dificultades. Chema coloca con asombrosa destreza y rapidez las tradicionales cadenas, pero no nos confiemos, pues para el resto de los mortales montar unas cadenas es un infierno y la mayor parte de las veces tarea imposible.



Poco a poco vamos ascendiendo y mi piloto debe enfrentarse a deslizamientos imprevistos que corrige con precisión girando el volante en la dirección adecuada y sacando a relucir la potencia del Defender. Esto es una mezcla de pericia humana y caballos mecánicos que genera una adrenalina brutal tanto al conductor como al experimentado copiloto. Por eso es siempre importante llevar el Defender con las revoluciones justas para poder obtener potencia de forma inmediata.
No hacemos sino poner la pista en condiciones más sencillas para la familia Calzada que nos siguen a prudente distancia por si hubiera deslizamientos incontrolados hacia atrás.
Llegamos sin problemas a la cresta de la Sierra, a 1900 metros de altitud, donde los más jóvenes se dedican a jugar con la nieve e intentar hacer un poco de snowboard. No para de nevar, hay mucha niebla y la temperatura es perfecta, entre 2 y tres grados. Sin duda las condiciones ideales para tomarnos una cerveza y una tapa de jamón serrano que sabe a gloria. Aprovechamos para cantar el cumpleaños feliz a Clara que cumple 31 años.


Iniciamos el descenso con precaución, pues las huellas de la subida han podido convertirse en hielo, para tomar la pista a media ladera en dirección oeste para atacar otro cortafuegos que se encuentra a unos 17 kilómetros.
Iniciamos el ascenso a este cortafuegos que tiene tramos muy duros y empinados. De nuevo abro pista y realmente, por toda la nieve que hay, no sé por dónde va el camino y me limito a atravesar las zonas que veo más despejadas de árboles y pedruscos. A pesar de todo, sigo subiendo con la tranquilidad que da llevar detrás otros tres vehículos que me rescatarán de cualquier apuro en el que me pueda ver envuelto.
Subo, subo, sigo subiendo. Es increíble lo que trepa este coche en estas condiciones. No veo a nadie detrás y nadie dice nada por la radio. Al poco, la pendiente es muy fuerte y ya el coche me dice que no puede más. Hay más de dos palmos de nieve. No insisto y ya por la radio me anuncian mis compañeros que ellos hace ya tiempo que tuvieron que parar.


Con extrema precaución inicio marcha atrás para encontrar un lugar donde dar la vuelta. Esta operación siempre es arriesgada pues puedes caer en algún agujero oculto por la nieve y quedarte en posición comprometida. Tras unas cuantas maniobras en espacio reducido, sin incidencias llego donde los Calzada disfrutan del frio y del paisaje e iniciamos la bajada hasta un refugio donde comer.
El refugio está abierto, hay una mesa grande y leña seca para hacer un fuego que no tardamos en encender. Esta gran familia ha traído fabada Litoral para todos, filetes de pollo, ensaladilla y diversos aperitivos, todo ello regado con alguna cervecita y un vino blanco afrutado que entra fenomenal. Comimos muy bien y en un ambiente extraordinario. Para finalizar, unas exquisitas, enormes y muy decoradas cookies cocinadas con mucho cariño el día anterior por las sobrinas Calzada y una tarta Sacher sobre la que Clara sopló las velas y escuchó de nuevo la triste canción de Cumpleaños Feliz.


Aún nos quedan kilómetros, por lo que pronto reiniciamos ruta, cruzamos el río Razón y llegamos a la ermita del Royo tras 8 kilómetros de pista ya limpia de nieve. Paseamos por la zona, subimos al campanario donde los más atrevidos tocan las campanas, disfrutamos del frio, de las espléndidas vistas y ponemos rumbo a Quintanarejo para lo cual retomamos pista de elevadas altitudes que hacen que vuelva a aparecer nieve en abundancia.




Esta zona ya es más desconocida para mí y nos guiamos por Google Maps. La pista está muy cubierta de nieve, hay mucha niebla y ya está anocheciendo. Estas condiciones hacen que sea más complicada la visión del terreno, pero seguimos avanzando, no queda otra. Hay momentos en los que no distingo la pista por el blanco absoluto y brillante de todo lo que nos rodea. Es alucinante. Fernando y yo nos acordamos de la tormenta de polvo que disfrutamos en Marruecos el pasado mes de abril. Es algo muy parecido. Solo cambia el color del ambiente.
Por nuestra parte, para comentar los 160 kilómetros disfrutados en el día de hoy, tomamos unas cañas en Soria y pronto nos retiramos a dormir a nuestra casita que ya ha subido a 12 grados.
Poco más, agradecer a los Calzada que, aun en mi calidad de guía local acompañado de su hijo, nos hayan acogido como un miembro más de la familia, nos han dado de comer fenomenal y han conseguido que estuviéramos realmente muy a gusto. Hermanos, sobrinas y prima, ha sido un placer compartir esta aventura con todos vosotros. Con las correspondientes autorizaciones necesarias que como guía local debo conceder, espero que haya muchos otros días como este.
Pero eso ya, amigos, eso ya es otra historia.



















































































































































































