Todos sabemos que Soria es la gran desconocida y por qué no, la gran olvidada. Se trata de una de las provincias españolas más extensas en territorio, con menos población y con pocas inversiones en infraestructuras y conservación de patrimonio.
Pero patrimonio hay y mucho. No siempre conocido, no siempre bien conservado, pero con un incalculable valor.
Esta vez visitaremos el suroeste soriano, creo que una de las zonas más prósperas de la provincia y con mayor proyección de futuro dada su riqueza y cercanía con la capital de España. Tierra habitada por Celtíberos, Romanos y frontera natural de Al Ándalus durante más de doscientos años.
Le llaman la Pompeya Soriana, también la Petra Soriana. Se trata ni más ni menos del yacimiento arqueológico de Tiermes, en el término municipal de Montejo de Tiermes. Ciudad celtíbero romana excavada en la roca que no deja a nadie indiferente. Queda constatado el asentamiento humano en Tiermes desde la Edad de Bronce, convirtiéndose en importante población Celtíbera, aliada a Numancia, a partir del s. IV a.c. En el año 98 a.c Tiermes cae frente a Roma, adquiriendo su máximo esplendor durante los siglos I y II d.c. A partir del siglo IV se conoce poco sobre su historia, volviendo a resurgir con la reconquista cristiana de este territorio a partir del siglo XI. El lugar es definitivamente abandonado en el siglo XV.
Tiermes
A medida que te acercas al yacimiento pueden observarse los restos de la muralla romana (s. III) y la barbarie arquitectónica que están llevando a cabo, pues la están reconstruyendo con unos bloques de piedra blancos, cortados a máquina y con poco parecido estético con las piedras originales. Señores, para eso no reconstruyan, limítense a consolidar la ruina y punto. A lo mejor es cuestión de tiempo, no lo sé.
A la entrada del yacimiento nos encontramos con la iglesia románica de Santa María de Tiermes (siglo XII), con uno de los mejores pórticos de la provincia.
Iglesia Sta. Mª de Tiermes
Iglesia Sta. Mª de Tiermes
Caballero cristiano luchando contra musulmán
A partir de aquí, ya podemos adentrarnos en el yacimiento en el que han habilitado algunas pasarelas y carteles informativos. En superficie, se aprecian sobre todo los restos de las construcciones romanas y son espectaculares las habitaciones, escalones y el sistema de abastecimiento de agua corriente perfectamente labradas en la roca. En el punto identificado como la casa del acueducto, localiza una estrecha entrada al acueducto subterráneo que, en mi opinión, es lo mejor de todo el yacimiento.
Entrada acueducto
Acueducto
Te adentrarás en un acueducto labrado en la piedra de algo más de un metro de anchura y suficiente altura para andarlo cómodamente. Se aprecian perfectamente los golpes del pico utilizado en su construcción para horadar la piedra y cada pocos metros, en los laterales, se ven las muescas donde instalaban la luminaria para poder trabajar. También hay registros que comunican con la superficie y que serían utilizados para mantenimiento de la red. El sistema es muy similar a cualquier moderna red de abastecimiento de aguas. A través de este acueducto entraba a la ciudad el agua traída desde el nacimiento del río Pedro a unos 7 km. de distancia.
El túnel está perfectamente conservado, mide unos 140 metros y recomiendo ir provisto de linterna para apreciar esta perfecta obra de ingeniería. El final te lleva a uno de los extremos de la ciudad, en la parte más baja, al borde de los acantilados sobre los que se levanta la ciudad. Es en el borde de estos rojizos acantilados donde también existían diversas edificaciones de varios pisos tal y como explican los paneles y ello puede apreciarse en las marcas que han quedado en la roca y donde encastraban las estructuras de los edificios.
Dedica tiempo a la zona, mira con detenimiento las paredes de los acantilados y deja volar tu imaginación sobre cómo sería la vida en este lugar hace más de 2000 años. Se dice que es en esta zona de los acantilados donde los Celtíberos estaban instalados. La parte superior se corresponde en su mayor parte a las ruinas romanas. Disfruta de las viviendas que se mantienen casi intactas muy cercanas a las termas y del graderío donde se celebrarían todo tipo de juegos y celebraciones. En ese punto se encuentra la Puerta del Sol, uno de los accesos a la ciudad y que se ha conservado perfectamente.
Siempre que he estado en este lugar he pasado bastante frío. Hace mucho viento y es cuando entiendes por qué los Celtíberos se instalaron en el lado Sur, al resguardo de los acantilados. Sobre las 16.30 horas nos situamos en el extremo final del graderío y nos tomamos unos bocadillos que hemos comprado en un supermercado del cercano Ayllón. Los buitres controlan nuestros movimientos desde el aire, pero de momento no les servimos de comida, al menos en el día de hoy.
Graderío
Termas
Nos dirigimos a San Esteban de Gormaz en busca de alojamiento. El hotel Rivera del Duero está situado en pleno centro y la encargada nos informa que tiene varias habitaciones libres, no muchas, pero alguna tiene. Nos da a elegir entre una habitación modesta con cama de matrimonio o bien alguna suite que le queda libre. Nos enseña las tres habitaciones disponibles para que escojamos la que más nos apetezca. En el tour que nos hace esta señora, llega a abrir por error alguna habitación con inquilino dentro. Vaya lío. Eso me hace pensar que cuando nos vayamos a dormir habrá que cerrar la puerta con llave por si la encargada se olvida de que nuestra habitación ha sido ocupada. Optamos por la modesta habitación con una simple cama de matrimonio que está bastante decente. Ya dejaremos la suite para otra ocasión, seguro que volvemos. Tenemos que indicar el tipo de desayuno que queremos y a qué hora. Algo simple, desayunaremos sobre las 9.30 y optamos por el “desayuno continental” consistente en un café y tostada con mantequilla. Nada como poner nombres rimbombantes al más simple, popular y básico desayuno de toda la vida.
Paseamos por San Esteban y nos sorprende su riqueza y lo bien cuidado que está. Esta plaza fue punto neurálgico y muy disputado de la frontera entre musulmanes y cristianos. El conde castellano Gonzalo Fernández llegó y se instaló en este lugar desafiando a los seguidores de Alá allá por el año 912. Durante los cien años siguientes, las guerras en San Esteban fueron constantes, cambiando de manos en varias ocasiones, siendo objetivo principal de campañas militares lideradas por los mejores Califas y Generales como Abderramán III y Almanzor. Sobre el año 1060 pasa definitivamente a manos cristianas.
San Esteban de Gormaz
Destaca el caudaloso río Duero atravesando la ciudad, alguna antigua torre musulmana, restos de muralla, su castillo, sus bodegas y dos de los mejores ejemplares de iglesia románica de la provincia de Soria. La iglesia de Nuestra Señora del Ribero (comienzos siglo XII) y la de San Miguel (año 1081).
Tomamos unas cervezas en un bar cercano al hotel donde aparece un tal Carmelo, acompañado de tres o cuatro parroquianos más, que comienzan a cantar en el bar (no lo hacían nada mal pues pertenecen a la Coral del pueblo). Carmelo comienza a imitar el canto del búho, el de la paloma y el del jilguero, lo cual causa nuestra admiración provocando que el artista se acerque y nos de conversación. Este Carmelo no para de hablar y dar información de sí mismo (panadero jubilado), de su pueblo, de su afición a la caza y de los vinos que se toma en su bodega. En fin, un tipo curioso del que descubro al día siguiente buscando información del pueblo en Internet, que compartimos apellido.
Tras una larga noche y un austero desayuno, paseamos por San Esteban para disfrutar de sus tesoros. La Iglesia románica de San Miguel sorprende por su belleza, pero también por lo desgastada que se encuentra toda su parte exterior tras 942 años sufriendo el rigor del clima soriano. En cualquier caso es espectacular.
Iglesia de San Miguel
Del castillo poco queda. La muralla norte, restos del aljibe y un silo. Se encuentra en lo alto de un cerro estrecho y alargado desde donde puedes disfrutar de unas vistas excelentes. Mirando al Sur se distingue perfectamente la colina donde se levanta majestuoso el castillo de Gormaz. El cerro donde se erige el castillo está repleto de curiosas bodegas y merece la pena pasearse por ellas.
Bodegas
Castillo
Iglesia Nª Sra. Ribero y Castillo
Nuestra siguiente visita es Langa de Duero, pequeña localidad bañada por el Duero y de la que el Cid fue Señor a fines del siglo XI. En el alto del pueblo queda una gran torre del antiguo castillo que data del siglo XIV-XV y que sirvió de alojamiento a los Reyes Católicos en el año 1506. La torre se encuentra en muy buen estado de conservación, tiene una altura de 20 metros y muros de hasta dos metros de grosor. Las vistas desde la torre son espectaculares. Nos encontramos en plena Ribera del Duero, donde hay mucho más de lo aquí contado y que tú, querido amigo y lector, tendrás que descubrir para contar tus propias historias.
Langa de DueroIglesia Nª Sra. Ribero. San Esteban de Gormaz
Año 910. Las tropas cristianas dirigidas por el Conde Castellano Gonzalo Téllez alcanzan la orilla norte del río Duero y se hacen fuertes en un cerro rocoso situado entre los ríos Ucero y Abión, aprovechando posiblemente los restos de una anterior fortificación islámica pequeña y abandonada.
A su vez, los Condes Nuño Núñez y Gonzalo Fernández se hacen fuertes en Roda, Clunia y San Esteban de Gormaz, quedando así establecida una frontera que será atacada y defendida por ambas partes durante todo el siglo X.
Consecuencia del avance y establecimiento de tropas cristianas al norte del rio Duero, suenan todas las alarmas en el Califato de Córdoba, el cual, entre los años 916 y 920 ordena numerosos ataques contra este territorio con el objetivo de asediar y expulsar al ejército cristiano instalado en este lado de la orilla del río.
En el 920, Abderramán III ataca con éxito las incipientes plazas de Osma, Clunia y San Esteban de Gormaz, arrasando dichos asentamientos.
En el año 933 Ramiro II, rey de León, recupera Osma y construye en el mismo cerro un castillo más sólido y cuyos restos hoy en día son perfectamente visibles y muy bien conservados en la parte más alta. En su construcción se utiliza piedra de la ciudad celtíbera y posteriormente romana de Uxama situada en el cerro de enfrente. En respuesta, los islámicos toman y se instalan en Gormaz en el año 934 (a escasos 11 km.) y sobre el 950 construyen varias atalayas rodeando el castillo de Osma (una de ellas en Uxama) para controlar cualquier movimiento de los cristianos.
Atalaya islámica (Uxama) vista desde el castillo de Osma
A partir de este momento y hasta el año 989, fecha en la que Almanzor ocupa el castillo, Osma se convierte en punto principal del reino de León en la defensa de la frontera del Duero, siendo objeto de constantes ataques, por lo que cambia de manos de forma continuada durante ese siglo. Así, constan grandes batallas en las inmediaciones de este castillo en los años 933, 934, 938, 939, 941 y 963.
Abderramán III ataca en varias ocasiones en castillo de Osma: En el 933 en respuesta al ataque efectuado el año anterior contra Madrid (Majerit) por parte de Ramiro II, pero es vencido por las tropas cristianas. En el año 934 Abderramán y sus tropas se dirigen de nuevo a Osma dispuestos a tomar el Castillo y aprovechando unas de sus incursiones hacia Burgos y Pamplona. En esta ocasión, entre sus muros se encuentra el propio rey Ramiro II acompañado de algunos nobles y no más de 50 combatientes. A los pies del castillo, se instala Abderramán con un potente ejército compuesto por más de 6.000 arqueros. Ramiro II y sus escasos hombres resistieron el ataque y las tropas de Abderramán no tuvieron más remedio que retirarse y proseguir su camino hacia tierras burgalesas donde devastaron el territorio. De este encuentro hay crónicas de ambos bandos y no deja de ser curiosa la interpretación hecha por cada uno de ellos: por la parte cristiana se tilda de cobardes a los musulmanes por no atreverse a subir al castillo a luchar y por la parte islámica se califica de cobardes a los cristianos por no haberse atrevido a bajar del castillo y luchar en campo abierto.
Llama la atención que, 50 soldados cristianos defendiendo el castillo, tengan capacidad para repeler un ataque de varios miles. Por un lado, el castillo se encuentra en lo alto del cerro con unas pendientes de 45 grados lo cual lo convierten en casi inexpugnable. Si a ello le añadimos las saeteras tan excepcionales con las que cuenta el castillo, su posición es excelente para ser defendida por unos pocos.
Saetera
Las saeteras de este castillo son un perfecto medio de defensa. Además de encontrarse en la base de la muralla, su apertura exterior es muy estrecha, de tal manera que dificulta considerablemente que se pudieran introducir flechas u otros objetos lanzados por el atacante. Asimismo, se encuentran en un grado de inclinación similar al de las laderas del cerro en el que se encuentra el castillo. De esta forma es muy difícil aproximarse a pie al castillo sin ser visto y sobrevivir a la defensa realizada desde estas saeteras. Son únicas en la península ibérica, encontrando algunas similares en castillos construidos en Tierra Santa. Al parecer, cuando el castillo de Osma pertenecía a la familia Lara, uno de sus miembros guerreó por aquellas lejanas tierras asesorando muy posiblemente en el diseño de la defensa de los castillos que allí se edificaron en tiempos de la primera cruzada (fines siglo XI).
En el año 989 Osma es conquistada por Almanzor, repuebla el territorio con musulmanes, manteniéndose el castillo en manos del Califato hasta su definitiva conquista cristiana en el 1.011 por parte del Conde castellano Sancho Garcés.
A partir de este momento, Osma se convierte en importante centro militar cristiano de la frontera hasta el año 1.124, fecha en la que Medinaceli cae definitivamente en manos cristianas y nuestro castillo pierde su situación estratégica en la defensa de la frontera.
Existe un silencio documental sobre el castillo hasta el siglo XIV, cuando pasa a manos del Obispado de Osma, el cual lleva a cabo un relleno del interior del castillo con tierra y escombros para subir la cota del suelo e intentar hacerlo más habitable. En las obras de rehabilitación llevadas a cabo hace muy poco, si bien se ha sacado a la luz el castillo original del siglo X, en una parte de mismo se han respetado las obras de relleno realizadas en esta época medieval. Al tratarse de un castillo roquero, el piso original es la propia roca sobre la que se asienta el castillo y en la restauración se han recuperado los recorridos interiores originales pues la roca estaba trabajada con escaleras y huecos donde se instalaban estructuras de madera para hacer habitable el recinto.
Interior
Interior
En el siglo XVIII muchos de los sillares de las murallas y torres del castillo, que en su día fueron extraídos de Uxama, se utilizan para construir la torre de la actual Catedral del Burgo de Osma.
No deben pasar desapercibidos en la ladera Este del castillo la necrópolis cristiana de los siglos XII y XIII, con distintos tipos de tumbas orientadas de oeste a este como manda el rito canónico, así como el lugar donde se adaptaron barracones (con letrinas incluidas) con estructuras de madera colgantes donde descansaba la tropa.
Los restos de los cadáveres encontrados poco han hablado, pero algo han dicho: Las mujeres debían tener tareas que les obligaba a mantenerse en cuclillas durante largos periodos de tiempo y tanto hombres como mujeres transportaban y arrastraban materiales pesados. Descansen en paz.
Irlanda, conocida como Isla Esmeralda por el color verde de sus campos y posiblemente, añado yo, por la hierba que se fuma en las calles de su capital que aromatiza el ambiente de forma frecuente e intensa.
Tres días en su capital, Dublín, son suficientes para una primera toma de contacto y darte cuenta de que se trata de una ciudad bonita, recomendable, variopinta, multicultural y muy, muy divertida.
Ya la diversión comienza en el autobús aéreo que utilizamos en nuestro desplazamiento y cuyo coste por persona es muy similar al gasto de combustible de cualquier fin de semana que pueda ir a Soria. El sobrecargo, un tal Daniel, comienza su discurso de bienvenida a bordo y de ofertas de bebidas y otros productos con mucha gracia y humor, provocándonos a todos una carcajada cuando ofrece la compra de un boleto de lotería de la propia línea aérea, indicando que, en caso de ser ganadores, evitaríamos volver a volar en esta famosa línea de bajo coste.
Aterrizamos con un tiempo muy frío y nos dirigimos en taxi directamente hasta la estación de tren donde nos espera el motivo de nuestro viaje, Marina, nuestra hija menor que este año está viviendo y estudiando en este verde y helado país europeo.
Ya con ganas de sentir y disfrutar de la ciudad, vamos caminando desde la estación hacia nuestro hotel, haciendo parada en el trayecto para comer un Wrap (yo no sabía ni lo que era) y por fin, poder degustar la primera cerveza Guiness del viaje. Son las 15 horas pasadas, el bar/pub está muy animado y es posible que ya muchos de los clientes estuvieran cenando. Nuestro hotel está en pleno centro de la ciudad, al norte del río Liffey y a escasos metros de una céntrica avenida, O`Connell Strett. Sin duda que hemos acertado.
Por cierto, este tal O`Connell, también conocido como “El Libertador”, fue un importante político de la primera mitad del siglo XIX que consiguió que los católicos irlandeses pudieran convertirse en miembros del Parlamento de Inglaterra, siendo el primer alcalde católico de la ciudad. Además, fue firme defensor de la separación de Irlanda de la Gran Bretaña sin utilizar los habituales medios violentos.
O`Connell Strett
Con nuestras mejores ropas de invierno, deambulamos por las animadas calles comerciales donde compramos un gorro de lana irlandesa y una gorra estilo Irish en una tienda espectacular, donde todas las prendas y objetos que se vendían eran de lana irlandesa.
En las prendas más suaves y por tanto más caras, se indica en la etiqueta que era “100% Merino”. Esta etiqueta pone en alerta todos mis sentidos y me doy cuenta de que en aquellas prendas hay un alto porcentaje de ADN español. La oveja de raza merina es española, algunos incluso dicen que su origen es del norte de África, bereber, ni más ni menos. Durante la Edad Media la explotación de la lana de la oveja merina fue la mayor fuente de riqueza de Castilla, protegiendo y conservando la misma con la creación, por Alfonso X el Sabio, del Honrado Concejo de la Mesta en el año 1273. La lana de esta oveja sin duda alguna era la más valorada a nivel mundial por su excelente calidad. Tan protegida estaba la oveja merina y su explotación en Castilla, que se penaba con la muerte a todo aquel que exportara algún ejemplar, posibilidad que únicamente podía ejercer la Corona. Y fue precisamente la Corona la que, en el siglo XVII, comienza a regalar pequeños rebaños para fortalecer tratados de amistad o de comercio con otras naciones como Francia, Sajonia, Hungría, etc…. Pero realmente lo que provocó el punto final definitivo al monopolio español de la oveja merina, fue una cláusula secreta en el tratado de paz firmado con Francia en el año 1795 (tras la Guerra de los Pirineos) por el cual se entregaba a este país durante cinco años, mil ovejas y cien carneros anuales. Ello supone la expansión definitiva y masiva de nuestra oveja a nivel mundial, existiendo hoy en día millones de ejemplares descendientes de nuestros rebaños. Las cabañas más numerosas se encuentran en la actualidad en países como Australia, Estados Unidos, Argentina y Sudáfrica. Pero, eso sí, todas con ADN español en su sangre y, por qué no, con alta probabilidad de contener la genética de los rebaños de Tierras Altas de Soria, tierra de pastores trashumantes de rebaños de merinas durante siglos, la tierra de mis antepasados.
Después de este extenso paréntesis (necesario, dada su extrema importancia en mi opinión), continuamos nuestro paseo por el campus del “Trinity College” y tras realizar algunas compras de primera necesidad para nuestra hija y otras varias no tan necesarias, finalizamos en la zona del Temple Bar, barrio abarrotado de pubs, donde, en un animado pub con música en directo, tomamos unas Guiness acompañadas con sabrosas alitas de pollo y nachos.
Sobre las 22 horas, nos retiramos a nuestro hotel, a una hora prudente, no solo por la minoría de edad de nuestra hija, sino también porque al día siguiente hemos quedado a las 9,30 de la mañana para irnos de excursión a unos pueblitos al norte de Dublín.
Tras un abundante desayuno al más puro estilo “Irish breakfast”, llegamos puntuales al punto de encuentro con nuestro guía, donde coincidimos con el resto de los compañeros de viaje, una docena más de compatriotas de lo más variopinto y muy representativos de la más auténtica y actual sociedad española.
Nos desplazamos en un minibús conducido por nuestro guía español, el cual ameniza el viaje con datos curiosos de los lugares por los que pasamos y sobre la historia en general de Irlanda. Breve parada en el Casino Marino, una casa de recreo del siglo XVIII a las afueras de Dublín, para continuar trayecto hacia el primero de nuestros destinos, el castillo de Malahide.
Casino Marino
Castillo Malahide
Castillo Malahide
El castillo de Malahide data del siglo XII y ha sido habitado por la familia Talbot hasta 1975, año en que tuvo que ser cedido al Condado de Dublín por no poder soportar el pago de los impuestos de sucesiones la heredera del castillo en dicha fecha. Sorprende la visita pues está perfectamente conservado y totalmente amueblado, para entrar a vivir, tal y como lo cedió en el siglo pasado la familia Talbot. Dicen que en el castillo habitan cinco fantasmas y es habitual que puedas tropezar con alguno de ellos. Visita muy interesante y entre otras cosas, me quedo con el color naranja de algunas de sus habitaciones, conocido como el color Malahide en la sociedad irlandesa.
Interior castillo Malahide
Interior castillo Malahide
Interior castillo Malahide
Interior castillo Malahide
Continuamos viaje en nuestro minibús hasta Howth, donde nuestro guía nos deposita en la colina más alta del lugar y nos invita a ir caminando por una estrecha senda habilitada en los acantilados al borde del mar hasta el pueblo. La caminata es de una hora y media de duración. Si bien no nos esperábamos dicha actividad (al menos no estaba anunciada cuando contratamos la excursión), la admitimos con ganas y alegría pues el paisaje es realmente espectacular y el tiempo acompaña pues hace un día muy frío pero soleado. Disfrutamos mucho en el camino, el cual lo hago acompañado de un nuevo y solitario amigo, Antonio, el cual se ha unido a mi familia en este día de excursión. Antonio ha venido a visitar a su hijo de 24 años que trabaja en Dublín hace seis meses como profesor en un colegio. Un tipo simpático y con el cual conecto de forma muy positiva.
Howth
Ya en el pueblo de Howth, compramos comida en un Fish and Chips llamado Beshoff Bros, atendido por un tipo que habla español, pero con aspecto de turco, judío o similar, el cual, se pone nervioso ante nuestras numerosas preguntas sobre si la ración será suficiente para todos, cuántas “chips” habrá, cual es el tamaño del “fish”, si el menú incluye bebida, que si tiene cerveza fría para llevar (no había), etc. El turco, ya visiblemente incomodado por el tiempo que llevamos para decidirnos y por la presencia de algún que otro paciente cliente esperando, nos suelta a bocajarro que los “latinos” siempre hacemos muchas preguntas y nos cuesta decidirnos para elegir sus menús. Nosotros, que vamos de buen rollo y como buenos españoles, respondemos descojonándonos y no provoca que pongamos punto final a nuestra indecisión, pues seguimos con nuestra tranquilidad “latina”. Ante nuestra negativa a echar vinagre al pescado, confirma que los “latinos” y es verdad, no tenemos esa costumbre. Lo que nunca nadie antes había hecho era el calificarme como “latino”, pero dando vueltas al asunto, pues es verdad, somos “latinos” y a mucha honra, señor turco impaciente vendedor de pescado y patatas en una caja de cartón.
Degustamos los dos menús de “fish and chips” (que estaba bastante bueno) en unas mesas situadas en un patio exterior que comparten otros locales donde venden comida rápida y bebida. Nada como intimar con las nuevas amistades del viaje como comer del mismo plato, perdón, de la misma caja de cartón.
Nos acercamos al puerto de la ciudad en busca de las famosas focas salvajes que lo habitan pues buscan comida fácil de los barcos pesqueros y de los turistas. No tardan en aparecer y realmente son espectaculares. Aparecen en toda su plenitud en cuanto ven algún movimiento en los barcos pesqueros o ven personas paseando por el muelle. Es sorprendente. Esas sí que saben latín, pero de latinas poco.
Puerto de Howth
Howth
El puerto está lleno de locales donde venden pescado fresco, todo con bastante buena pinta.
A las 16 horas iniciamos viaje de vuelta a Dublín en nuestro minibús. Al llegar, breve parada en el hotel y de nuevo nos sumergimos en las animadas calles de la capital, hoy más abarrotadas y con más ambiente que ayer pues hoy es viernes.
Nos tomamos una excelente Guiness en el pub “The Celt” el cual nos recomendó mi nuevo amigo Antonio. Este pub está cerca de nuestro hotel, al norte del río y en un barrio algo distinto al de la zona comercial, donde abundan gentes, establecimientos y peluquerías de estilo Kebab y similares. “The Celt” es enorme, laberíntico, con múltiples habitaciones y pequeñas estancias con amplias mesas donde los parroquianos, en grandes grupos, consumen cerveza en ingentes cantidades. Encontramos hueco en la barra situada en un enorme salón al estilo de la serie “Vikingos” y disfrutamos del lugar saboreando una buenísima pinta.
The Celt
Cenamos en el pub Madigan`s, muy cerca de nuestro hotel, donde nos reciben con mucha amabilidad y una amplia sonrisa. Nos preguntan nacionalidad y nos atiende un chico de Granada que había abandonado su ciudad natal harto de que le pagaran 6 euros por hora en su trabajo como diseñador gráfico. En Irlanda gana mucho más y está incluso ahorrando. Su próximo destino, Montreal, Canadá, para seguir haciendo caja. Cenamos unos buenos nachos y ya por fin los platos típicos de aquí, Roast beff con salsa Guiness, acompañado de puré de patata y algunas verduras y una especie de pastel de carne con puré de patata bastante bueno. Nuestra hija está encantada de comer algo más saludable y bien guisado, pues por aquí se debe cocinar poco y mucho precocinado.
Sábado, nuestro último día en Dublín. Recibimos el nuevo día con el tradicional “Irish breakfast” del hotel, dejamos las mochilas en la recepción y nos vamos a la calle a disfrutar de la luz del día. Hoy no hace frío.
Ya a las 10.30 de la mañana se ve gente en los pubs disfrutando del oro líquido nacional, pero nosotros lo dejaremos para más tarde. Es momento de pasear y conocer las joyas arquitectónicas de la ciudad como sus dos catedrales y el castillo.
Dublín puede presumir de tener dos espectaculares catedrales, la de Sta. Patrick y la de Christ Church
La catedral de San Patricio, dedicada al patrón de la nación, se encuentra construida junto al pozo en el que se dice que el santo bautizaba a los paganos para convertirlos al cristianismo. En este lugar, ya en el siglo V, se construyó una pequeña iglesia de madera, construyéndose en piedra en el 1.191. La construcción del edificio actual se inició a comienzos del siglo XIII. Podemos imaginarnos las múltiples restauraciones que ha sufrido el edificio, respondiendo su estado actual a la realizada en el año 1860, ni más ni menos que financiada por uno de los nietos del fundador de la cerveza Guiness, Benjamín Guiness.
Dado que no tenemos mucho tiempo para visitar el interior, tomamos un descanso en el amplio jardín trasero de la catedral, donde aprovechamos para tomar un café y disfrutar del entorno.
Catedral St, Patrick
Catedral St, Patrick
La otra catedral, la de la Santísima Trinidad, tiene su origen en una pequeña iglesia, también de madera, construida por el rey vikingo Sitric, en el año 1.038. Es en 1172 cuando comienza la construcción de la actual iglesia de piedra, sufriendo una importante renovación a mediados del XIX.
Tampoco te dejará indiferente el castillo de Dublín, al cual se puede acceder libremente a su inmenso patio exterior. Originariamente, el castillo es construido a principios del siglo XII donde antes había existido un asentamiento Vikingo.
Catedral Christ Church
Castillo Dublín
La visión a lo lejos de una torre medieval provoca que nos dirijamos a la misma y poder comprobar que dicha torre forma parte de la Iglesia de St. Audoen. Merece la pena sin duda alguna el paseo.
Catedral Christ Church
Iglesia St. Audoen
Comenzamos ya camino de vuelta, con total tranquilidad y teniendo prevista parada para comer algo. A los pocos minutos y muy cerca ya del río, encontramos por casualidad un pub, “The Brazen Head”, en cuyo cartel exterior se anuncia como el más antiguo de Dublín. En concreto, el establecimiento fue fundado en el año 1198 como posada vikinga o similar. Impresiona pensar que en este mismo recinto llevan ofreciendo y consumiendo cerveza desde hace 825 años.
No dudamos en entrar y los dioses vikingos quieren que rápido encontremos mesa para comer en una de sus múltiples estancias. El sitio es realmente excepcional, el ambiente es buenísimo y muy acogedor, la Guiness excepcional. Nos deleitamos de nuevo con platos típicos como estofado de carne con salsa Guiness, fish and chips y una enorme ensalada de salmón ahumado. Y una pinta de Guiness, y otra más please, que me vuelvo a España y es la última.
The Brazen Head
Con tranquilidad nos dirigimos en dirección al hotel y aún nos da tiempo para hacer algunas otras paradas en todo tipo de tiendas, la oferta parece infinita. Recogemos nuestras mochilas y tomamos un taxi a la estación de tren donde nuestra hija a las 18.15 horas saldrá en dirección a su casa en la ciudad de Balla. Como hemos llegado con tiempo suficiente, hacemos la espera todos juntos y mi hija ameniza la espera tocando un par de canciones en un piano a disposición del público en plena estación. En Irlanda hay mucha afición a la música y viajeros de todas las edades se paran a escucharla e incluso le hacen fotos. Mejor final para este viaje imposible.
¿Pero quién dijo que aquí se acabaron las anécdotas dignas de mención? ¿Os acordáis de Daniel? Exacto, el sobrecargo del avión de ida. Pues también estaba en el avión de vuelta.
En estos vuelos baratos no hay necesidad de que la familia viaje unida, por lo que a mi han asignado asiento en la fila 7 y a mi mujer en la última, en la 33. Bien pensado, pues si queremos viajar separados, cuanta más distancia haya, mejor. Imagino que así pensará la compañía aérea intentando que el próximo viaje pagues el suplemento correspondiente.
Volar no me convence mucho, por lo que tras el despegue intento evadirme vaciando mi mente e intento caer en una especie de letargo animal de pura supervivencia. Tras hora y media sumido en mi anormal letargo, oigo en lo más profundo del abismo una voz alta y clara que dice “¿Hay por aquí alguien que se llame Rafa?”
De forma inmediata, vuelvo al mundo real, abro los ojos y me encuentro a un sonriente Daniel en el pasillo del avión y a la altura de mi asiento. “Soy yo”, contesto con absoluta seguridad.
Con cara de pillo y en un tono muy simpático me suelta a bocajarro: “Hay un pibón en la parte final del avión que quiere invitarte a un vino”
El lascivo comentario levanta el interés de mis dos jóvenes compañeras de fila y de otras personas de alrededor, imagino que sorprendidas y por qué no, envidiosillas por el hecho de que un tipo como yo pueda ligar en un avión de bajo coste.
“Será mi mujer”, contesto yo en un intento de hacer comprender a mis compañeros de viaje que no, que no es una cita a ciegas a tres mil metros de altura.
“No lo sé, pero es un pibonazo y quiere tomarse un vinito contigo” insiste Daniel, aumentando el tono erótico festivo e incluso contoneando pechos y cadera acompañando de un acompasado movimiento de brazos.
“Sí, es mi mujer, que está al final del avión y con la que llevo casado más de 25 años” es mi estúpida respuesta, a la vez que me levanto de mi asiento para salir huyendo de los testigos de estos hechos y evitar así otras posibles invitaciones.
En la última fila, efectivamente, me encuentro con el pibonazo con bastante cara de cachondeo y mucha complicidad con Daniel, la cual me ofrece un vaso de vino el cual acepto con gusto. A los pocos minutos, Daniel nos regala otra botellita y una bolsa de patatas. El tío está encantado con la situación producida y de la que él ha sido uno de los protagonistas fundamentales.
Comenzamos ya el descenso pues nos acercamos a Madrid. Daniel aprovecha el momento para informar a todo el pasaje que se vayan preparando para el aterrizaje. Añade que el día de hoy es el día internacional del abrazo, encontrándose la tripulación a nuestra disposición por si alguien necesitara uno.
Tras un aterrizaje algo brusco a mi gusto, pero suavizado por el cálido caldo riojano, aterrizamos en tierra de la madre patria, teniendo que esperar a que se despejara el avión por completo para yo poder acceder a mi asiento de la fila 7 y recoger mi mochila. Somos los últimos pasajeros en salir. Como es habitual, Daniel y el resto de la tripulación esperan en la puerta de salida despidiéndose de los pasajeros. La pibonazo, ni corta ni perezosa, se funde en un profundo abrazo con Daniel agradeciendo el buen rato que hemos pasado y yo, mucho más castellano, les estrecho la mano en agradecimiento y les dedico unas buenas palabras por lo divertido del vuelo. Es en ese momento, en ese tiempo de más dedicado a la despedida con Daniel, cuando nos damos cuenta de que, a pie de pista, se encuentra el autobús con los otros 170 pasajeros mirando y esperando pacientemente a que nosotros demos por concluida de una vez la emotiva despedida.
Animados, bajamos las escaleras del avión a toda pastilla y con un movimiento ágil nos introducimos en el autobús el cual cierra de las puertas inmediatamente para llevarnos a la terminal.
Poco más que decir de este viaje cargado de emociones y vivencias que nunca olvidaré. Crónica dedicada a mi hija menor, Marina, hija de las arenas ardientes del desierto, mujer valiente, viajera y aventurera, con muchas ganas de vivir nuevas experiencias siempre de manera positiva y con un espíritu Amazigh que espero lo alimente y mantenga vivo durante mucho tiempo.
Y lo del pibonazo……. eso ya es otra historia amigos.
No es por hacerme el importante, pero la improvisación en mis viajes de fin de semana suele tener buenos resultados. Así, me propongo recorrer una determinada zona porque en alguna ocasión he leído algo o porque simplemente pasé por allí un día con algo más de prisa y me pareció ver algo parecido a un castillo, torre o ruina en algún punto distante o simplemente te dejas llevar por el instinto y estás convencido que la zona merece la pena.
Por ello, acompañado de mi más fiel, querida, atrevida y nada temerosa copilota, la madre de mis hijos, decidimos este caluroso fin de semana del 5 y 6 de noviembre conocer lo que fue la frontera entre Castilla Y Aragón situada al sur del río Jalón, tierra ocupada y densamente poblada por los musulmanes hasta su conquista por el rey de Aragón Alfonso I el Batallador a comienzos del siglo XII.
Llegados hasta Alcolea del Pinar, carretera convencional hasta Maranchón donde ponemos rumbo norte a través de carreteras comarcales más estrechas y reviradas. Nos metemos de lleno en la Sierra de Solorio, que alberga uno de los sabinares más extensos de Europa y donde abundan pequeños pueblos aquejados de un grave problema de despoblación.
Entre espléndidos bosques de sabinas centenarias nos desplazamos y visitamos Codes, Iruecha, Villel de Mesa y Sisamón.
Sierra de Solorio
En Villel de Mesa hay un espectacular castillo roquero del cual hay pocas noticias sobre su historia. Los restos actuales son cristianos, si bien algunos estudiosos indican la existencia anterior de una torre o atalaya árabe. En el siglo XII se erige el castillo cristiano propiedad de Manrique de Lara, pero a comienzos del XIII pasa ya a manos de la familia de los Funes, de origen navarro y que llegan a esta zona participando en la repoblación. El castillo está enclavado en el valle del río Mesa, punto estratégico de paso y frontera entre Aragón y Castilla, por lo que tuvo gran importancia en la guerra entre ambos reinos, apoyando los Funes a uno u otro bando según el devenir de la guerra y su propia conveniencia.
Villel de Mesa
Villel de Mesa
En Sisamón, pueblo de atractivo nombre, existen restos de otro castillo, pero no tan conservado como el anterior. Los pueblos se encuentran muy desiertos, incluso da sensación de cierto abandono, igual me equivoco. En compensación, el paisaje es precioso y sin duda merece la pena recorrer también las calles de estos escondidos pueblecitos para disfrutar del entorno y conocer la realidad del mundo rural en nuestro país.
Sisamón
Sisamón
Una vez atravesada la Sierra de Solorio llegamos a Cetina, pueblo ya muy cercano a la autovía A-2, donde sorprende la amplitud y luminosidad de sus calles a pesar de tener una población inferior a los 600 habitantes. Destaca el palacio castillo del siglo XIV donde, como curiosidad, se casó en el año 1634 el famoso escritor Francisco de Quevedo con una señora viuda y con hijos, ya entrada en años pero con rico patrimonio, Dña. Esperanza de Mendoza. No fue esta señora del agrado del escritor, pues el matrimonio apenas duró tres meses, hasta que Quevedo huyó de Cetina para seguir disfrutando de los placeres de la vida como solo él sabía hacerlo.
Cetina
Aprovechamos la parada en este pueblo para tomar un café en una terraza donde aparece un anciano con grandes manojos de guindillas recogidas de su huerto hace un momento y nos las ofrece avisándonos de que “son de las que pican”. Las guindillas las guardé en la nevera y a los pocos días pude probarlas con un buen plato de lentejas. Realmente picaban y mucho. Tanto picaban, que creo que el abuelo Cetinero las ha estado regando con Tabasco demasiado tiempo.
Con las últimas luces visitamos Ariza sin tener mucho que decir sobre este pueblo.
Cae la noche y ante la patente falta de actividad y alojamientos cercanos por esta zona, optamos por ir a Calatayud e intentar reservar alguna habitación en algún hotelito.
En Calatayud es sábado por la noche y no hay forma de aparcar salvo a las afueras, a no más de 10 minutos andando del centro. Encontramos habitación en el primer hotel que probamos y rápido salimos a las calles para hidratarnos y disfrutar del buen tapeo de esta ciudad. Ya bien entrada la noche, paseamos por las calles ahora desiertas y que formaron parte en su día del original barrio musulmán. El espíritu bereber nos envuelve, se hace con nuestras personas y simplemente nos dejamos llevar…
A primera hora de la mañana del domingo comenzamos a deambular por las calles de Calatayud y sobre las 11 horas contratamos una visita guiada a la ciudad, pues siempre viene bien para saber dónde te encuentras. En la Plaza de España hay un pequeño y antiguo local en el que nuestro guía tiene instalado su negocio llamado “La Sobresaliente”. El guía, de cuyo nombre no quiero acordarme o simplemente no recuerdo, es un libro abierto de historia de la ciudad y con un sentido del humor que tardas en entender. Pero con humor, que es lo que importa. Y con un humor algo negro, lo que no sé si influenciado por la celebración de una prueba de Duatlón, tan popular en estos tiempos y que tiene colapsada la ciudad entera. Tampoco yo acabo de entender esta obsesión por este tipo de celebraciones deportivas en medio de las ciudades, entre asfalto, contaminación y ruidos de coches. ¡Con todo el campo que hay!
Tras una introducción sobre los asentamientos Celtíberos y Romanos en el territorio de Calatayud, su posterior abandono a partir del siglo IV, la fundación de la ciudad por los musulmanes en el siglo IX y la reconquista por El Batallador en el año 1120, entramos a visitar la Colegiata de Santa María, edificada por orden del propio rey guerrero sobre la antigua mezquita de la ciudad. El edificio actual data del siglo XVII y es el ejemplo perfecto del mudéjar aragonés. Llama la atención su tremenda torre de 70 metros de altura.
Interior Colegiata Santa María
Colegiata Santa María
Nos detenemos en el exterior de la iglesia de San Andrés (la actual data del siglo XIV) la cual es la iglesia más antigua de la ciudad y con una torre que nada tiene que envidiar a la de la Colegiata. Parece ser que también fue fundada en el mismo tiempo en el que El Batallador conquistó la ciudad y algunos aventuran que realmente se trata de una mezquita reutilizada. Resguardando uno de los laterales, saludamos a Alfonso I El Batallador el cual se encuentra allí presente en forma de escultura en bronce. Este valiente, tras la batalla de Cutanda en la que derrotó con firmeza a las tropas musulmanas, reconquistó todo el valle del Jalón y del Jiloca quedando así abierta la ruta hacia el Levante. El 24 de junio de 1120, los musulmanes le entregaron las llaves de la ciudad de Calatayud. La primera referencia escrita a esta ciudad es del año 862, cuando el emir Muhamad I, por cierto, fundador de Madrid, ordena su reconstrucción. Estos casi 260 años de presencia musulmana han dejado una huella profunda y difícil de borrar en la moderna ciudad actual.
Torre Iglesia de San Andrés
Iglesia de San Andrés
Nuestro guía tiene libre acceso a la Iglesia de San Pedro de los Francos, por lo que me siento muy privilegiado al poder visitar su interior donde, en el año 1461, se celebraron las Cortes del reino de Aragón y el futuro rey Fernando el Católico fue proclamado heredero de la Corona. El templo original también es del tiempo del Batallador, el cual ordenó su construcción como agradecimiento a los Francos que le ayudaron en su tarea de reconquista y que optaron por instalarse definitivamente en este nuevo territorio para empezar una nueva vida. El templo actual es del siglo XIV y destaca su muy inclinada torre en su lado derecho. La inclinación es muy patente, en concreto un metro y medio sobre la propia calle y no es algo reciente. En el año 1840 su campanario fue demolido como medida de seguridad, pues en el palacio situado justo enfrente se alojaron una noche la reina Isabel II y su regente madre Mª Cristina. Toda precaución es poca, no vaya a ser que tras cientos de años de inclinación se derrumbara precisamente ese día.
Interior Iglesia San Pedro de los Francos
Torre iglesia San Pedro de los Francos
La causa de la inclinación de esta torre y la de otros muchos edificios de la ciudad, los más famosos los de la Plaza de España, es debido a que el suelo de Calatayud se compone fundamentalmente de yesos y calizas que se reblandecen y provocan simas en el subsuelo por el contacto con el agua, no solo de la lluvia, sino incluso la del cercano río Jalón que permeabiliza la zona poco a poco. Sin duda todo un reto para los modernos y actuales arquitectos.
Cinco castillos rodean el casco antiguo de Calatayud y para su disfrute existe un mirador en la parte alta. El mejor conservado es el castillo del Emir Ayyud que data del siglo IX. En algún otro viaje anterior subimos hasta uno de los castillos, si bien esta vez nos limitamos a contemplarlos desde la distancia y dejamos para futuras visitas la subida a este espectacular castillo que parece bastante bien conservado.
Castillo del Emir Ayyud
Finalizada la visita, tomamos un buen aperitivo en el afamado Mesón de la Dolores, situado en uno de los edificios más antiguos de la ciudad (fines del siglo XV, comienzos del XVI) y sobre el que han sabido conservar a la perfección el sabor decimonónico de sus instalaciones como hospedería. Es más, en mis próximas visitas a Calatayud, que las habrá, ya he elegido este sitio como alojamiento.
Ya sabes, si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, que realmente no es quien te imaginas y a lo que se dedicó, pero eso, querido lector, ya es otra historia.
La mayor fortaleza Califal de todos los tiempos. Desde sus almenas se controlan más de 45 km. cuadrados, ampliables a muchos cientos si tenemos en cuenta la compleja red de atalayas que lo apoyan y lo comunican con las cercanas e importantes fortalezas de Medinaceli y Atienza.
Gormaz se convierte en la más poderosa base militar de control de fronteras y de ataque contra los reinos cristianos, brindando apoyo al centro militar de Medinaceli, capital de la Marca Media. Su interior podía albergar hasta un ejército de 2.000 hombres, apoyados por otros tantos miles que pudieran establecerse en las inmediatas llanuras que rodean la fortaleza.
Por su privilegiada situación, el cerro donde se ubica este castillo ya fue utilizado con fines de vigilancia y protección en la Edad de Bronce, Edad de Hierro, además de por Celtas, romanos y visigodos. En el siglo IX comienza la construcción de la fortaleza sobre la base de otra estructura menor ya existente con anterioridad. En el año 912, los cristianos, en su labor de reconquista, logran llegar hasta la línea del Duero, haciéndose fuertes en las ciudades de Osma y San Esteban de Gormaz. Es necesario por tanto la construcción de un gran centro militar en las inmediaciones para frenar el avance cristiano.
El territorio situado al sur del río Duero es controlada por los musulmanes y los cristianos se mantienen en el lado norte. No obstante, Gormaz se encuentra en este lado norte y controla el único paso sobre el Duero a través de un espectacular puente romano, lo que lo convierte en un importante punto estratégico para la defensa y control de la frontera. Si controlas Gormaz, controlas la frontera.
Abderramán III ordena la refortificación del castillo y su hijo Al Hakam II lo reconstruye y amplía sobre el año 965, convirtiéndolo en la mayor fortaleza califal jamás construida, siendo punto de partida para innumerables ataques mortíferos contra territorio cristiano. Su perímetro amurallado mide 1.200 metros con 28 torreones que lo custodian.
Gormaz fue una fortaleza inexpugnable. Nunca fue conquistada por las armas, por lo que los diferentes cambios de manos entre los ejércitos cristiano y musulmán siempre lo fueron por pacto o acuerdo entre ambas partes. Las crónicas hablan de conquistas musulmanas del castillo en los años 925, 940 y 983, lo que indicaría las correspondientes conquistas por parte cristiana.
En su visita hay que dejarse llevar, olvidarse del tiempo y disfrutar de cada rincón de sus ruinas. Disfruta del patio de armas donde se concentraba y hacía vida la tropa, con las cuadras, cocinas y almacenes, una alberca para el agua de los animales y un oratorio situado en el muro sur. Es en este recinto y también en el muro sur, donde se encuentra el más famoso arco califal, muy similar a los de la mezquita de Córdoba y que servía de puerta principal de acceso al recinto. El arco es doble, lo que facilitaría el ataque desde la parte superior en caso de que el enemigo llegara hasta ese punto.
Patio de armas
Patio de armas
Otra zona del castillo es el alcázar, donde residía el gobernador militar y los notables del ejército. Se encuentra separado de la zona de tropa por un gran foso, hoy cegado, lo que dificultaría aún más el acceso a estas instalaciones por parte del enemigo. Observa la entrada al alcázar en forma de codo a través de la torre del homenaje de estilo mudéjar, la torre del siglo X llamada de Almanzor, el enorme aljibe para agua potable con capacidad para más de 100.000 litros, la pequeña puerta en el muro norte para salidas discretas, los pasos de ronda en lo alto de la muralla, etc.
Seguro que puedes sentirte un soldado islámico de hace más de mil años o las de algún afamado y valiente general, lo que prefieras. Islámico o cristiano, a tu libre elección. Escudriña el horizonte para estar preparado frente a un ataque y en los días claros puedes ver claramente el castillo de Osma donde los cristianos se hicieron fuertes mucho tiempo, ambos ejércitos a la vista, frente a frente, cada uno atrincherado en su fortaleza.
Arco califal de entrada
Alcázar
Alcázar
Disfruta del exterior rodeando la fortaleza y podrás apreciar la energía y poderío que aún irradia. En su lado oeste, que no pasen inadvertidos unas estelas empotradas en el muro y que protegían este bastión de las fuerzas oscuras y malignas.
En las laderas del castillo, tuvo lugar una de las batallas más importantes ocurridas en la Península Ibérica entre cristianos y musulmanes. Durante el Califato de Al Hakam II, en el año 975, rompiendo una tregua y aprovechando que el grueso del ejército musulmán se encuentra en el norte de África, el castillo es sitiado por un ejército de coalición liderado por el Conde Castellano García Fernández y compuesto por tropas castellanas, leonesas y navarras. Las crónicas hablan de unos 60.000 soldados.
El asedio dura dos meses (del 17 de abril a 28 de junio). Los musulmanes envían a su mejor general para liberar la fortaleza, el jefe militar de la Marca Media, el bereber Galib, el cual parte desde Córdoba el día 24 de abril, llegando a Barahona el 7 de mayo donde se reagrupan las tropas. Avanza hasta Berlanga y llega al Castillo de Gormaz por su lado Sur, acampando a orillas del Duero. En la orilla contraria, las tropas cristianas asediando el castillo. El 21 de mayo se libran los primeros combates a orillas del Duero entre los guardianes del único vado del río. Soldados cristianos cruzan el río y son superados por los islámicos.
Las tropas musulmanas se retiran de la zona de Gormaz e instalan su campamento general en Barahona a la espera de nuevas tropas de refuerzo que envían desde Córdoba y que han emprendido camino los días 26 de mayo y 2 de junio. Los cristianos continúan atacando la fortaleza la cual es defendida por las tropas acuarteladas en su interior. El 28 de junio, los cristianos, jaleados por el propio rey leonés Ramiro III, realizan un ataque masivo el cual es repelido a sangre y fuego por las tropas de Galib, ya muy fuertes y numerosas gracias a los refuerzos venidos desde Córdoba. Los cristianos son masacrados en el campo de batalla y perseguidos en la retirada hasta sus propios dominios los cuales son devastados sin contemplaciones.
El Conde Castellano García Fernández, vuelve a intentar la toma de Gormaz y lo consigue finalmente por pacto en el año 978. En el año 983 Almanzor la recupera para su temible e invencible ejército. Desde entonces, ya nunca cambió de manos hasta que la zona fue reconquistada definitivamente por Fernando I de León en el año 1060.
La Villa de Gormaz fue concedida al Cid en el año 1087 convirtiéndose así en Señor de estos lares durante un tiempo.
Tras la caída de Medinaceli en 1124, Gormaz queda definitivamente en la retaguardia de los dominios cristianos, comenzando su declive como fortaleza defensiva.
Muy recomendable por supuesto la visita a la Ermita de San Miguel (S. XI) situada en la ladera del Castillo, las ruinas de la ermita de San Juan, hoy reconvertido en cementerio y el puente romano que cruza el Río Duero y en cuyos alrededores posiblemente fue donde se libró la batalla comentada en el año 975.
Tengo por costumbre visitar regularmente zonas para mí ya conocidas, pues, por increíble que parezca, sigo descubriendo nuevos lugares y curiosidades. Normalmente pienso un punto de destino, pero no siempre lo alcanzo pues las paradas y desvíos de la ruta inicialmente pensada son constantes. Siempre aparece un pueblo interesante que “quedó pendiente” en rutas anteriores o descubro lo que parece ser una nueva ruina en el horizonte que hace cambiar la ruta en su totalidad. Puedo decir por tanto y de forma muy clara que la improvisación marca mis expediciones, pero tranquilos, no siempre se nota.
En los últimos meses he seguido con interés las obras de restauración que se han llevado a cabo en pueblos tan valiosos como Rello y Osma, por lo que tenía pendiente estos destinos y de paso aprovechar para disfrutar, una vez más, de este territorio de frontera tan defendido a sangre y fuego por los musulmanes desde su fortaleza en Gormaz.
Rello
Esta vez me acompaña mi mujer, fiel compañera en estos viajes improvisados con paradas y continuas variaciones, las cuales, creo, también le gustan, no solo por los nuevos descubrimientos, sino también por la gente con la que contactamos (sobre todo cuando viene ella) y por supuesto por la compañía, digo yo, a pesar de todas las batallitas que cuento.
En Medinaceli abandonamos la comodidad de la autovía, donde, una vez más, degustamos un energético torrezno el cual nos dará fuerzas durante buena parte de la jornada que nos espera pateando pueblos, subiendo atalayas o deambulando por cualquier inhóspito lugar. Este paseo tiene de novedoso el vehículo elegido, un moderno Toyota RAV4, sin duda más pensado para aventuras urbanas, si bien dispone de 4×4 que de momento miro de reojo. Los escasos lectores de esta crónica y que posean un vehículo “normal”, lo que se viene definiendo como un turismo, pueden estar tranquilos pues no habrá tramos de barro, zanjas, ni necesidad de reductoras ni de orientarse en mitad de la nada. Todo (casi todo) se puede realizar por carreteras perfectamente asfaltadas.
Rello
Por la SO-132 iniciamos nuestra andadura a velocidad muy moderada y disfrutando del paisaje hasta el pueblo de Rello que nos recibe con sus murallas recién restauradas. En el camino, nos hemos cruzado a la altura de Barahona una concentración de coches modelo Morgan. En los siguientes kilómetros vemos a otros muchos integrantes de esta concentración en dirección opuesta a la del grueso del grupo, muy dispersados y parados en los arcenes, quedando patente que se han perdido. Bueno, perderse es una buena manera de conocer la provincia.
El Castillo de Rello sigue en obras. La restauración de las murallas es increíble pues no han hecho añadidos fuera de lugar y se han limitado a su conservación, limpieza y consolidación. Un trabajo muy bien hecho. En la plaza donde está el rollo, conocemos a Alejandra, una anciana nacida aquí mismo pero que emigró a Santurce en el año 1969, pues “aquí no había forma de vida”. Recuerda que cuando emigró, aún no había agua corriente en las casas y tenían que recogerla con mulas en la parte baja del pueblo. Los vecinos se dedicaban fundamentalmente a la agricultura y ganadería lanar, siendo durísimas las condiciones de vida, sobre todo en el invierno. Alejandra nos hace de guía improvisada y nos comenta estar muy satisfecha con los resultados de las obras en la muralla. En la misma plaza, sentados al sol, está Primi con otra anciana y al poco se une, tras un lento andar con bastones, otro vecino más. Creo que entre ellos cuatro sumarán sin duda alguna más de 350 años. Pero ahí están, muy ancianos, pero autónomos y con ganas de conversación.
Rello
Rello es impresionante, se trata de una excepcional villa medieval, siendo su recinto amurallado del siglo XII con retoques del siglo XVI. Su iglesia data de mediados del XVII y no debe pasar desapercibido el rollo de hierro único en España. Este rollo no es de identificación como villa con jurisdicción propia, sino que servía para el escarmiento público de los delincuentes de la época.
Rello
Rollo de Rello
Al poco tiempo, la paz y tranquilidad del pueblo se ve interrumpida por un autobús de turistas sorianos que han venido a ver los resultados de las obras. Pertenecen a la asociación de Amigos del Museo Numantino. Creo que estamos asistiendo al inicio de un nuevo renacer de este pueblo…….
Rello
Rello
No podemos dejar de visitar en el término municipal de Rello, la atalaya de El Tiñón a la cual se accede por una pista de tierra muy bien conservada. Sorprende el buen comportamiento del Toyota en estos kilómetros de tierra, es realmente cómodo y encima sostenible pues se conecta el sistema eléctrico…cualquiera que me vea……
Llegados a la misma base de la atalaya, mi ilustre acompañante en cuestión de segundos desaparece y para mi sorpresa la veo en la azotea de la atalaya vigilando la frontera cual bereber del siglo X. Yo llevo muchos años visitando la atalaya, pero por razones que desconozco nunca he podido subir por las estrechas y empinadas escaleras del interior. En un arrebato comienzo la subida con decisión y tras sufrir varios agarrotamientos y otras situaciones inexplicables, logro llegar a la azotea con extremo esfuerzo donde me espera la mujer bereber, sin cuya ayuda final creo que me habría quedado allí agarrotado y para siempre. La azotea es muy estrecha, el hueco de las escaleras ocupa una gran parte de la superficie y no me siento muy en mi terreno. Las vistas desde arriba son brutales y aprovechamos unos minutos para otear el horizonte en busca de alguna incursión cristiana sin resultado alguno. El día está tranquilo.
La bajada la realizo con mejores resultados que la subida, pues la bereber me muestra cómo hacerlo con cierta naturalidad. Aun así, insisto, esto de las alturas y las escaleras estrechas no está hecho para mí.
Continuamos ruta y hacemos parada en Lumías, bonito pueblo resguardado por acantilados y con abundantes huertos regados por el río Talegones que lo atraviesa. Su iglesia es de origen románico, pero totalmente reformada en el siglo XVI.
La zona es realmente agradable y parece protegida de las inclemencias invernales. Aprovechamos la tranquilidad absoluta del lugar para comer un bocadillo en el frontón del pueblo. No hay señal de vida alguna. Recogemos nueces que nos llevaremos a casa y consumiremos una vez que se sequen. Poco antes de irnos nos cruzamos con un vecino al cual parece que no le gusta demasiado que hayamos cogido unas 6 o 7 nueces del suelo, no más, lo prometo. Aun así, nos llevamos las puñeteras nueces.
Lumías
Lumías
Continuamos nuestro camino y pasamos de largo por pueblos como Torrevicente, (donde en sus alrededores se libró la famosa batalla entre Almanzor y el general Galib), Sauquillo de Paredes, Nograles y alguno más. Queda pendiente su visita para otro día.
Efectuamos parada en Mosarejos, pueblo prácticamente abandonado, donde seguimos recolectando nueces a la vez que visitamos la Iglesia románica de Santo Tomás Apóstol. Esta iglesia aún mantiene una bella portada y un interior en ruinas que nos sorprende agradablemente. En este pueblo también existe una atalaya islámica del siglo X que controlaba el paso hacia Gormaz y que hoy en día está reconvertida en palomar. Recolectamos más nueces, alguna que otra manzanita y rellenamos la botella de agua en una fuente a la entrada del pueblo que parecía potable y menos mal que finalmente sí lo era.
Mosarejos
Mosarejos
Poco antes de las 18 horas llegamos al castillo de Gormaz, verdadero objetivo de esta ruta y donde coincidimos con la concentración de vehículos Morgan perfectamente conservados y cuidados. La visión del castillo desde la carretera SO-160 por la que venimos es simplemente espectacular y te pone en situación sobre el poderío de esta fortaleza islámica. Sobre este castillo y el de Osma, que visitamos al día siguiente tras hacer noche en el Burgo de Osma, daré cumplida información en diversos reportajes pues hay mucho que decir de ambos. Como es habitual, eso ya es parte de otra historia y así será.
Sin duda que veranear en el Norte de España está de moda. Al menos entre mis conocidos, es raro encontrar a alguien que no pase el verano o parte de él en esta zona, País Vasco, Cantabria, Asturias o Galicia.
Pues nosotros no podíamos ser menos y hemos disfrutado este mes de agosto de una semanita en la ciudad de La Coruña huyendo de este calor africano que a todos y sin remedio nos está asfixiando poco a poco. Bueno, algo de calor hemos pasado, pero entre la densa niebla de algunos días, la lluvia intermitente de otros y el sofocante calor entre medias, no ha habido mucha necesidad de playa.
En estas escapadas urbanitas nada como alojarse en un buen hotel donde poder recuperar fuerzas tras grandes paseos por la ciudad, largas e intensas excursiones para explorar pueblos pesqueros o de posibles excesos de algún aperitivo en el que te vienes arriba sin motivo aparente. El caso es encontrarse cómodo y adaptarse al medio, a la situación concreta….
Poco puedo decir de esta espectacular ciudad y provincia para mi desconocida, pero no puedo dejar de compartir lo que más me ha llamado la atención y me ha sorprendido muy gratamente. Seguro que hay mucho más, sin duda, pero a mi lo que me van son las piedras, es decir, torres, castillos, fortalezas e iglesias.
Uno de los símbolos de la ciudad es sin duda la Torre de Hércules, levantada por los romanos en el siglo I para guiar a las embarcaciones que navegaban hacia las Islas Británicas. Se trata del faro más antiguo del mundo aún en funcionamiento. La estructura romana original se encuentra en el interior, pues la actual es fruto de una rehabilitación llevada a cabo en el siglo XVIII. La zona en la que se encuentra la Torre es espectacular y merece la pena llegar allí a través del paseo marítimo, el cual, dicen, es el más largo de Europa.
En la Edad Media, la Torre de Hércules fue abandonada durante algún que otro siglo, lo que ocasionó que fuera expoliada en parte, utilizándose muchas de sus piedras para la construcción del Castillo de San Antón a finales del siglo XVI. Este Castillo, muy cerquita de nuestro hotel y que hoy en día alberga el museo arqueológico de la ciudad, fue ordenado construir por Felipe II para defender la ciudad de los ataques extranjeros, fundamentalmente ingleses y franceses. Muy interesante su aljibe para sobrevivir en caso de asedio.
Justo enfrente y en la otra punta de la bahía (en el pueblo de Oleiros), se encuentra el castillo de Santa Cruz al cual se accede a través de un puente de madera sobre las aguas. Esperpéntica y ridícula escultura realizada con basura rescatada del mar recibe al visitante que enturbia cualquier fotografía de una muy bien conservada torre del castillo. El sitio es realmente espectacular, puedes deambular por casi todos los rincones del castillo e imaginarte la potencia de fuego que tenían ambos castillos, uno enfrente del otro, apoyados por un tercero del que hoy no queda rastro alguno.
Intentando dar un toque gastronómico a alguna de nuestras excursiones, visitamos Betanzos con la intención de degustar su famosa tortilla de patatas, lo cual conseguimos en un pequeño y estrecho bar regentado por unas simpáticas colombianas y con mano experta en la elaboración de tan preciado manjar. Ambientazo en el bar, mucho cachondeo y momentos muy muy divertidos pues prácticamente lo llenamos con nuestro grupo compuesto por diez personas.
Previamente, estuvimos paseando por el pueblo y me impresionó gratamente su riqueza monumental. La iglesia de Santa María de Azogue y la de San Francisco, ambas de estilo gótico del siglo XIV son increíbles. Rosetones, pilas bautismales románicas, enterramientos medievales y nada más y nada menos que un jabalí soportando la cruz en el tejado de una de ellas.
Ya que he nombrado estas iglesias, volvamos a la propia ciudad de La Coruña para mencionar la iglesia de Santiago Apóstol, la más antigua de la ciudad y la Colegiata de Santa María del Campo, ambas del siglo XII, las cuales, amigos, tienen un gran parecido con la famosísima iglesia de Santo Domingo de Soria en lo que se refiere a su fachada.
Centro neurálgico de la ciudad es la Plaza de María Pita, heroína de la ciudad por su intervención en la defensa de la ciudad contra la invasión inglesa del año 1589. Al parecer esta valiente mujer tras ver a su marido (uno de los cuatro que tuvo) morir en la batalla, llena de ira, arrebató la lanza de la bandera inglesa a su portador y con ella mató al alférez que dirigía el asalto. La tropa inglesa (12.000 soldados) al verse desprovista de mando en el asalto, comenzó su retirada.
En esta bonita plaza puedes probar buenas tapas de pulpo, pimientos del padrón, raxo, tortilla de patata y otros muchos manjares siempre regados con algún buen vino y la más famosa cerveza local, Estrella de Galicia. ¿He dicho cerveza?, ¿he dicho Estrella de Galicia?
No puedo finalizar esta crónica sin mencionar la visita guiada que realizamos a la fábrica de Estrella de Galicia en la que se incluye (si lo contratas) degustación de las distintas variedades cerveceras con tabla de quesos y productos del mar enlatados.
Visita muy divertida, interesante y muy recomendable, donde cuentan la historia de esta familia cervecera, enseñan los enormes alambiques de la primera fábrica, cata de la cerveza en distintas fases de su elaboración, una exposición de todas las latas y botellas utilizadas a lo largo de su historia, diversas actividades interactivas y una prueba de gusto y olfato con los diferentes granos de cebada utilizadas para cada una de las variedades que producen. Por cierto, todos los productos con los que se elabora esta cerveza son de origen gallego, incluso el agua.
La visita finaliza con la experiencia de tirar una caña y la tan esperada degustación de cinco variedades de Estrella de Galicia con los quesos y enlatados. Menos mal que somos previsores, pues para ir la fábrica utilizamos como medio de transporte el taxi.
La propia marca Estrella de Galicia tiene una famosísima cervecería en La Coruña donde por supuesto fuimos un día a comer y disfrutar de este oro líquido. Pero esto ya, amigos, es otra historia…
Soria, agosto del año 2022, uno de los veranos más calurosos de las últimas décadas. Disculpad, el más caluroso de la historia. En la ciudad de Soria se han batido todos los récord este mes de julio marcando el mercurio los 38,7 grados y en agosto se ha sufrido un calor inusual sobre todo a partir de la segunda quincena. Es muy posible que en breve tengamos que borrar del refranero español el que dice, “Soria en agosto, frío en el rostro”.
No obstante, desde la zona de Pinares siguen llegando las buenas noticias de todos los años: caen las primeras heladas en la segunda quincena de agosto.
En cualquier caso, Soria hace lo posible por ofrecernos su clima habitual y aprovechando uno de esos días que si te sientas a la sombra lo de bañarse es de locos, nos damos una vueltecilla para disfrutar de los pueblos situados en las estribaciones de la Sierra del Almuerzo, a pocos kilómetros de la capital. Territorio repoblado en tiempo muy temprano, en el siglo XI, por el reino de Navarra y tras la expulsión de los musulmanes que allí habitaban. Próspero económicamente durante la Edad Media gracias al Concejo de la Mesta a partir del siglo XIII y que hoy en día forma parte de la España más despoblada.
Parada en Garray donde compramos víveres en la tiendecita de El Puchi y nos dirigimos a Renieblas donde disfrutamos de su iglesia de origen románico, su manantial, su reloj de sol y los restos dejados por Romanos e italianos con algo más de 2000 años de diferencia. Sorprende la eficacia y exactitud del reloj de sol marcando la hora. Por supuesto la hora solar, que no coincide con la oficial que nos marcan nuestros relojes más modernos. Por cierto, tal y como apunta uno de mis acompañantes, los relojes de sol deben estar orientados al Sur para un funcionamiento correcto.
Renieblas
Reloj de sol
Segunda parada en el pueblo de Almajano, muy cuidado y por cierto con una muy buena panadería, donde paseamos con tranquilidad por sus calles. Las casas están muy bien cuidadas y muchas de ellas blasonadas mostrando la riqueza del lugar en época de La Mesta. Fue en esta pequeña localidad donde, a mediados del siglo XV, Castilla y Aragón firmaron una tregua que supuso un paréntesis en la guerra fronteriza entre ambos reinos.
Almajano
Almajano
Siguiente parada en Narros, nombre de origen navarro y pueblo que esconde grandes tesoros como son su iglesia, su ermita, el palacio llamado Casa de la Media Naranja y alguna que otra casa blasonada y de muy buen porte que pertenecieron a las más ricas familias ganaderas.
Iglesia Narros
Palacio de la Media Naranja
Narros
Tanto andar, tanto deambular por estos tres pueblecitos y llega la hora de comer, para lo cual nos desplazamos a pocos kilómetros, al Santuario de la Virgen del Almuerzo. Edificación del siglo XVIII erigida en honor a la Virgen del Almuerzo y que contiene una capilla dedicada a San Roque, patrón de los apestados, de los infectados por epidemias, por utilizar términos más suaves y amables. Hay que decir que en la España del siglo XVIII y anterior, las epidemias era algo de lo más normal y la principal causa de muerte de la población. La peste, el cólera y muchas otras diezmaron a nuestros antepasados sin remedio y sin aparente explicación médica. Es por ello, al menos en Soria, por lo que San Roque es uno de los Santos más venerados y Patrón de innumerables pueblos y localidades. A lo mejor, querido amigo y lector, en tu provincia o pueblecito también se venera y celebra el 16 de agosto el día de San Roque…
Lo comprado en el Puchi es degustado a la sombra del Santuario donde aprovechamos además para tumbarnos y realizar un agradable “sobresuelo” pues mesa no hay.
Ermita Virgen del Almuerzo
Nos espera el pequeño pueblo de Aldealseñor, donde disfrutamos de su espectacular Torre Palacio que no es visitable por ser de propiedad privada. La torre es de origen bereber, del siglo X y el Palacio fue construido a su alrededor entre los siglos XIV y XVI. Esta fortaleza tuvo una participación muy activa en las guerras entre castellanos, navarros y aragoneses. Mientras estamos a las puertas de este lugar aparece una vecina con una cámara fotográfica y hace fotos al patio interior del recinto palaciego pues nos comenta que los árboles tapan los escudos nobiliarios de la fachada y eso no cumple con la normativa aplicable a este tipo de edificios. Además, se queja abiertamente de que los dueños también incumplen con su obligación de permitir la visita del público un número determinado de días al año. Están metidos en pleitos por ese motivo. Queda patente que el actual propietario, un rico empresario soriano, no tiene al pueblo muy contento. Tiempo atrás fue un hotel que al parecer daba cierta vida al pueblo. Ahora nada de nada. Ni siquiera se ven los escudos de la fachada.
Torre Palacio en Aldealseñor
En el camino hacia la iglesia, nos para un hombre mayor que tira de una carretilla con dos enormes cubos de agua. Nos da la bienvenida y nos pregunta de dónde somos, si nos gusta el pueblo y nos informa que es la persona de más edad que vive en el pueblo, ni más ni menos que 92 años. Aún impresionado por la fortaleza del anciano, visitamos el exterior de la Iglesia de Nuestra Señora de la Blanca de origen románico (mantiene la portada), siendo el templo actual gótico del siglo XVI. La portada está presidida por la imagen esculpida en piedra de un pelícano, símbolo cristiano sobre la dedicación de los padres hacia los hijos, según nos informa otra de las asistentes a esta excursión.
Portada Iglesia Aldealseñor
De nuevo nos cruzamos con el más anciano del lugar y nos muestra orgulloso el exterior de su casa donde en la fachada ha incrustado dos adoquines de la famosa calle Estafeta de Pamplona. Al parecer en dicha calle estaban de obras, los adoquines amontonados en una esquina… y ya que cada uno se deje llevar por la imaginación y acabe la historia como quiera.
En este punto ponemos punto final a nuestra excursión, pero la zona sin duda da para mucho más. A los pocos días regresé en solitario y amplié la ruta, esta vez ya por caminos de tierra desde Aldealseñor hasta Suellacabras para atravesar posteriormente la Sierra del Almuerzo para acabar en Cortos.
En Suellacabras, me topé con un pastor que llevaba un rebaño de 400 cabras y me informó de los caminos para subir al alto de la Sierra del Almuerzo donde no pude localizar la mesa donde dicen que tomaron su último almuerzo los Siete Infantes de Lara antes de encontrar la muerte a manos de los musulmanes en el cercano valle del Araviana. Sobre esta piedra, cuando la encuentre, sobre un espectacular castro celtíbero y sobre otros tesoros que guarda esta localidad, informaremos puntualmente pues, como viene siendo habitual, querido amigo, eso ya es otra historia.
¡Y llego el Domingo! A las 11 horas hemos sido citados en Pradejón por nuestra pareja amiga, Alfonso y Ana, para enseñarnos alguna instalación de cultivos de setas y champiñones, el oro vegetal de esta comarca.
En una pequeña furgoneta manejada por Alfonso, nos desplazamos a varias instalaciones para ver y conocer la producción de estos hongos. Este año el calor ha venido pronto y de forma muy intensa, por lo que las naves que mantienen un cultivo tradicional han tenido que poner fin a su producción antes de lo habitual. Por este motivo, las naves que se mantienen activas son algo más sofisticadas, con sistema de aire acondicionado permanente y satisfacen la demanda del mercado de producto fresco. Las más tradicionales, producen normalmente para envasado.
En la primera nave disfrutamos de miles de setas de cardo, las típicas que ponen en cualquier bar de España o venden como producto fresco en prácticamente todos los mercados. Son enormes y las hay de todos los tamaños. La temperatura dentro de la nave es muy fresca y se agradece dado el nuevo día de calor extremo que volvemos a sufrir. En otra nave cercana disfrutamos de cultivos de champiñón, esta vez de la variedad Portobello, de color marrón y más apreciado por su sabor más intenso que el tradicional de color blanco. La humedad en las naves es muy alta y las máquinas de refrigeración funcionan constantemente.
Setas de cardo
Detalle
Champiñón Portobello
Alfonso nos explica con detalle todo el proceso: Primero se preparan los paquetes de siembra a base de paja, gallineja y urea, se airean y a esperar a su fermentación (¡alcanzan una temperatura interna de 38 grados!) para posteriormente inyectarles las esporas, la semilla del champiñón por entendernos y extender una nutritiva capa de humus traída directamente de los países nórdicos. Oscuridad, frescor, mucha humedad y en pocos días comenzarán a crecer, teniendo que estar muy muy pendiente de recogerlos en el momento exacto y cumplir así con las exigencias y deseos de mayoristas y consumidores. Ni muy pequeños ni muy grandes, en su tamaño y momento justo, lo cual requiere de un conocimiento, especialización, paciencia, mimo, dedicación, esfuerzo y sacrificio en grado extremo. Y no exagero. Cada champiñón se recolecta a mano, uno a uno, se le corta el rabito y se deposita con delicadeza en los contenedores que se sirven directamente al comercializador. Que me disculpen los expertos en esta descripción simplona y grosera que he realizado del proceso de cultivo y recolección, imagino que no es correcto, pero creo que sirve para informar de lo delicado y complejo del proceso para los que no somos expertos y nos creemos que el champiñón ya viene en lata o envasado.
Por último, visitamos las naves del “Porrón” como ejemplo de la tecnología y técnicas más avanzadas en el cultivo del champiñón. La mayor parte del proceso se encuentra mecanizado, salvo la recolección, que se sigue realizando de forma manual, uno a uno, con destreza y delicadeza. Una compleja maquinaria simula el ambiente ideal para un cultivo perfecto. Su dueño, un vasco de lo más agradable, nos muestra sus instalaciones con entusiasmo y dedicación y comenta que en breve iniciará obras para duplicar o triplicar la producción. Es alucinante, prevé una producción anual de más de un millón de kilos. Por cierto, más o menos, en un metro cuadrado puede llegar a recolectarse unos 30 kilos de champiñón en la misma temporada.
Tomamos una cerveza en la plaza del pueblo, donde sorprende la cantidad de sucursales bancarias que hay y un mural en una de las fachadas rememorando la fecha del 4 de marzo de 1803 en la que Pradejón obtuvo la independencia administrativa de Calahorra y se convirtió en villa independiente. Nos damos un agradable paseo por Pradejón acompañados por Alfonso y Ana, siempre atentos e implicados en facilitar información y curiosidades de los lugares por los que pasamos. Pradejón es un pueblo muy cuidado, muy limpio y creo que con un futuro muy prometedor.
Iglesia de Pradejón
Para finalizar nuestra visita somos convidados a una espléndida barbacoa elaborada por Alfonso y enriquecida con unos excelentes champiñones y pimientos asados cocinados por Ana. Del vino, ni hablamos, un tinto, estamos en La Rioja.
Con el coche cargado no sólo de chicas con dos días de fiesta en el cuerpo, sino también con un generosísimo pack de champiñones y setas preparado por Ana y Alfonso, abandonamos este pequeño paraíso con una gran sonrisa, muy agradecidos y donde nos hemos encontrado realmente muy a gusto y en familia. Muchas gracias por vuestra generosidad. Amenazamos con volver, pero eso ya, amigos, es otra historia.
Desde mis inicios en el mundo del Land Rover, allá por el año 88 del siglo pasado, he tenido siempre bastante relación con La Rioja y me siento muy confortable cuando me interno en este territorio. Atrás quedaron decenas de incursiones por estas tierras a través de la Sierra de Cebollera para continuar por la Sierra de Los Cameros durante varios días de aventura o aquellos días de fiesta en la capital celebrando el tan siempre respetado San Mateo y con acompañantes de lo más variado.
Por eso, cuando mi hija mayor me dice que una amiga de la Universidad las invita a las fiestas de su pueblo riojano, no tardo en ofrecerme como chófer, pero no de guía, pues son otros los menesteres que las motivan en este viaje.
Primera parada en Pradejón donde la juventud pronto se pierde por las calles para disfrutar de las fiestas durante el fin de semana. Adiós, nos vemos el domingo.
Nuestra base la situamos en Calahorra, a unos 10 km. de Pradejón. Se trata de la segunda ciudad en importancia de La Rioja y con mucha historia. Por toda la ciudad hay restos de la ocupación romana (siglo II a.c. hasta el IV d. c.), adquiriendo en esa época el nombre de Calagurris y siendo ciudad de mucha importancia como demuestran los restos de un circo romano, templos, termas, murallas y diversas mansiones. A lo largo de los siglos posteriores, Calahorra mantiene su importancia, dando fe de ello su Catedral, el Palacio Episcopal o la judería. Merece la pena darse un paseo por el casco viejo, eso sí, no siempre muy bien cuidado, pero que incluso lo hace aún más auténtico y permite trasladarte a la Calagurris de hace cientos de años. En esta parte de la ciudad abundan las cuestas y las calles laberínticas y estrechas donde podrás ir disfrutando de los tesoros que aún se conservan.
Casco antiguo Calahorra
Puerta Romana. Calahorra
Catedral de Calahorra
Canalización Romana
Rollo de justicia
La Rioja ha sido zona de conflicto durante cientos de años, no solo por la riqueza de sus tierras regadas por el Ebro, sino también por su situación estratégica como punto de control en la zona norte de la península. Musulmanes, navarros, aragoneses y castellanos guerrearon sin descanso en estas tierras, por lo que es sencillo localizar y disfrutar de multitud de fortificaciones y restos medievales. Hoy nos encontramos en el valle del río Cidacos, intensamente vigilado y muy fortificado ya desde tiempo de los romanos.
Nuestra primera parada es el castillo de Quel. Se puede acceder en coche hasta el mismo castillo, lo cual es de agradecer pues, a pesar de ser las 11 de la mañana, el calor es asfixiante. Se trata de un castillo en ruinas, pero bien consolidadas, lo que evita que siga deshaciéndose lentamente. Las vistas del valle de Cidacos y del propio valle del Ebro son espectaculares y hay contacto visual con otros castillos que conforman este cinturón defensivo como el de Arnedo y Autol.
Castillo de Quel
Castillo de Quel
Se dice que el origen de este castillo se encuentra en una torre romana que protegía el paso por la vía romana que unía Calagurris y Numancia. Los musulmanes edificaron un castillo el cual después fue ocupado por los cristianos, siendo del siglo XV las ruinas actuales. Impresiona la buena conservación del aljibe, una bodega bajo la estancia del Señor del castillo, así como la torre del homenaje a la cual se puede acceder al interior donde se aprecian las tres plantas y las escaleras de acceso a cada una de ellas. Poca vigilancia necesitaría el lado sur del castillo pues está edificado al borde de un acantilado de 100 metros a cuyo pie se encuentra el actual pueblo de Quel. No dejo de sorprenderme al ver este tipo de construcciones y preguntarme cómo eran capaces de llevarlas a cabo. Alucinante.
Castillo de Quel
Tomamos rumbo a Arnedo y aparcamos en las cercanías de su castillo. Con el coche se accede hasta un aparcamiento cercano y de nuevo lo agradecemos. La ola de calor va tomando intensidad y no hay duda de que está debilitando nuestros cuerpos, pero no nuestras mentes. Iniciamos el breve pero empinado recorrido hacia el castillo. Está rehabilitado recientemente y no está permitido el acceso. No obstante, en los alrededores han instalado una plataforma desde la cual se aprecia perfectamente el castillo, el entorno y todo el pueblo de Arnedo. A pesar del calor agobiante, no tenemos prisa en abandonar la plataforma pues las vistas son espectaculares. El castillo es de origen musulmán (s. IX) y era el principal en la línea de defensa y vigilancia del valle del Cidacos. Perteneció a la familia de los Banu Casi, quiénes realmente eran una estirpe visigoda, el Conde Casius, convertida al islam en el momento de la invasión sarracena. Durante el siglo X el castillo cambia de manos musulmanas a cristianas en varias ocasiones, hasta que finalmente, en el año 1029, pasa al dominio castellano. Durante los siglos XII y XIII es objeto de disputa entre castellanos, navarros y aragoneses, quedando al fin para los castellanos.
Castillo de Arnedo
Nos desplazamos por carreteras muy solitarias hasta el Monasterio Cisterciense Nuestra Señora de Vico. Cuenta la leyenda que, en este lugar, en el siglo X, estaba asentada una colonia musulmana a cuyo jefe se le apareció la Virgen y le pidió que se convirtiera al cristianismo y que construyese en aquel lugar un monasterio para darle culto. Sin perjuicio de esta leyenda, está claro que en esta zona hubo ermitaños, que la primera referencia escrita del santuario es del siglo XIII y que la imagen de la Virgen de Vico es románica (s. XII). Hoy es un monasterio cisterciense femenino, ubicado en un lugar que únicamente inspira paz y tranquilidad y en donde se ha construido una moderna, pequeña, bonita y acogedora ermita en recuerdo posiblemente del primer santuario que cuenta la leyenda. Merece la pena la visita y dar un paseo por los alrededores.
Monasterio Nuestra Señora de Vico
La Virgen se aparece al musulmán
Monasterio Nuestra Señora de Vico
A pesar de que el ambiente sahariano se encuentra en su apogeo y que aumenta nuestro cansancio físico, cierta fatiga y sobre todo pesadez en las piernas, nos dirigimos a Préjano para disfrutar de su impresionante torre que data al menos del siglo XII, sin perjuicio que los restos actuales son del XV. Ha sido restaurada recientemente y muy bien, por cierto. El sitio es realmente bonito y de incalculable valor.
Torre en Préjano
Torre en Préjano
Entramos al bar del pueblo para hidratarnos en un lugar fresco, pero no nos entretenemos mucho pues una de las vecinas se encuentra muy entregada jugando con su hijo pequeño (de unos 4 años) y con un volumen de gritos y voces que hacen realmente incómoda la estancia en tan pequeño lugar. En el fondo están en su casa… Atrás queda la madre sorda, lo supongo por los berridos que daba y nos dirigimos a Arnedo pues en la Posada del pueblo, que tiene muy buena pinta, lo tienen ya todo reservado para comer.
Préjano
En Arnedo y por pura casualidad paramos en el primer sitio que vemos cerca de la carretera. Es un asador llamado Ciudad de Arnedo. Al entrar quedamos sorprendidos pues es un salón muy grande, con una jaula enorme para juego de los niños y en el centro una mesa ocupada por una familia celebrando las bodas de oro de los abuelos y un par de mesas vacías para dos comensales. Si bien la primera reacción fue la de dar marcha atrás, no lo hicimos pues el camarero nos recibe con una gran sonrisa y de forma muy amable. Con incertidumbre tomamos asiento y pedimos el menú especial: Para compartir, una ensalada y croquetas. De segundo, un solomillo de cerdo a la brasa y un chuletón de ternera. Pan, agua y vino. Al minuto nos sirven una ensalada enorme, muy variada y realmente buena. Al probar los espárragos, aspecto éste muy a tener en cuenta para saber si el sitio es de calidad, se disipan todos los miedos de habernos equivocado. Está todo excelente. Las croquetas buenísimas y para qué contar el chuletón y el solomillo. A la hora de pagar la dueña me enseña con orgullo el justificante de compra de los chuletones y con la garantía de los 40 días de periodo de maduración…. vaya asco, a mí no me va nada el chuletón y mucho menos con 40 días en el pudridero…. yo fui el del solomillo.
Con la barriga llena iniciamos vuelta hacia Calagurris, pero a la salida de Arnedo vemos unos acantilados con unas cuevas y paro en la gasolinera de enfrente para hacer unas fotos. Y ya que estamos, aprovechamos para meter el Nissan en una máquina de lavado, creo que ha sido la primera vez, como mucho la segunda y eso que tiene más de 300.000 km. Y ya que estamos y aquí es gratis, controlo la presión de los neumáticos y lleno el depósito de gasoil con el generoso y popular descuento de nuestro Gobierno. Un completo. Nada como salir de la rutina para hacer cosas diferentes y nuevas.
Arnedo
Arnedo
Vuelta a Calagurris donde descansamos un rato en el hostal en unas sillas apostadas en la acera y disfrutamos de la tormenta que por fin refresca algo el ambiente. Descansar en la silla de la acera me trae recuerdo de Marruecos….
Gran paseo por la ciudad para conocer el casco viejo y finalizamos nuestra ruta en el afamado bar “Sabor.es”. De nuevo volvemos a acertar en la gastronomía pues es uno de los mejores bares de tapas del pueblo y damos fe de ello. Casi se me olvida, antes me di un gran corte de pelo de la mano de un bereber. Nada como tener tiempo para estas cosas.
¡Nos encontramos en la mayor zona de producción de España de champiñones!