Ruta por la Estremadura Soriana (III)

Llegados a Caltojar, esperaremos a las tropas que desde Barahona optaron por la otra ruta alternativa para llegar a este mismo punto. Estos efectivos tomaron dirección Norte a través de la carretera CL-101 hasta Villasayas, localidad en la que podemos disfrutar de la Iglesia de la Asunción de la Virgen del Rosario con una de las más bellas y desconocidas galerías y portada románica de la provincia (fines del siglo XII).

En Fuentegelmes, la ermita de la Soledad se encuentra en pleno centro del pueblo y al lado la modesta iglesia de Nuestra Señora de la Asunción con su portada románica de comienzos del siglo XIII.

En dirección oeste, muy cerca de la Ermita de la Soledad, tomaremos un camino de tierra en muy buen estado y libre de peligros pues los vigías bereberes desde las atalayas velarán nuestros movimientos y nos advertirán de posible presencia cristiana.  El río Torete, muy cercano al camino, nos servirá para refrescarnos y abastecernos de agua si fuera necesario tal y como hicieron posiblemente el propio Abderramán III y Almanzor cuando al frente de sus ejércitos se dirigían a las plazas fuertes de Berlanga y Gormaz utilizando esta misma vía.

En Bordecorex disfrutaremos de la Iglesia de San Miguel Arcángel (finales s. XIII) cuya torre campanario fue en su día una torre defensiva almenada de origen árabe. Pasea por el pueblo el cual se encuentra muy rehabilitado y con buen gusto.

Iglesia de San Miguel Arcángel (Bordecorex)
Ábside
Bordecorex

Poco antes de llegar a Caltojar, parada obligatoria en la Atalaya de la Veruela, muy bien reconstruida y accesible hasta la azotea desde donde se divisa la gran fortaleza de Berlanga de Duero hacia el noroeste y la atalaya de Ojaraca al oeste. Se trata de un lugar espectacular donde puedes meterte sin dificultad alguna en el papel de un sufrido soldado bereber de frontera del siglo X.

En Caltojar, reagruparemos las tropas y será momento de disfrutar de su colosal iglesia románica dedicada a San Miguel (primer tercio del siglo XIII). Destaca la belleza de su portada.

Iglesia de San Miguel (Caltojar)
Portada
Atalaya de la Veruela

Ya en término de Casillas de Berlanga, debemos detenernos en la Ermita de San Baudelio, de estilo prerrománico mozárabe y construida en el siglo XI una vez reconquistado este territorio en el año 1060 por Fernando I. Sus muros de un metro de espesor guardan en su interior unas pinturas únicas, lo que queda de ellas, pues gran parte fueron vendidas a los Estados Unidos a comienzos del siglo XX, en concreto en el año 1925 y por 65.000 pesetas (390 euros para que todos nos entendamos). No hace falta tampoco irse al museo de Nueva York o al de Boston para admirar las pinturas expoliadas pues algunas de ellas también se pueden disfrutar en el Museo del Prado de Madrid. Muy curiosa la columna central de la que salen los arcos que sustentan la bóveda, tomando el conjunto una curiosa forma de palmera. Sorprendente el entramado de arcos de clara influencia islámica que recuerdan a una mezquita. Ya en el exterior, muy interesantes las tumbas antropomórficas excavadas en la roca y orientadas de Este a Oeste siguiendo la tradición cristiana. En una de estas tumbas se encontró un esqueleto bastante bien conservado que pertenecía a un varón que vivió a fines del siglo XII y comienzos del XIII, posiblemente un soldado, con fuerte desarrollo muscular y signos de haber sufrido una trepanación quirúrgica.

Ermita de San Baudelio
Interior
Columna central

Nos dirigiremos hacia Berlanga de Duero siguiendo el cauce del río Escalote, pasando por Casillas de Berlanga, Ciruela y las Ruinas del Convento de Paredes Albas, fundado en 1633 junto a una ermita del siglo XVI y que albergó una comunidad de frailes Franciscanos.

En Berlanga de Duero nos da la bienvenida su imponente castillo de cuyo origen musulmán pocos restos quedan y donde dicen que Almanzor pasó su última noche con vida.

Castillo de Berlanga
Castillo de Berlanga

El pueblo de Berlanga es una maravilla y merece la pena dedicar largo tiempo para descubrir todos sus rincones y secretos. No será complicado en el paseo trasladarte a la España medieval de los siglos XV y XVI. Posiblemente tenga que ver la belleza de este lugar con el hecho de que, en el siglo XV, el mayorazgo de Berlanga fuera heredado por una mujer, María de Tovar, la cual dedicó gran parte de su patrimonio a dotar a esta localidad de los servicios civiles, militares y religiosos propios de la época y que aún hoy podemos admirar.  

Plaza Mayor de Berlanga
Berlanga
Berlanga

Podremos aprovechar también para disfrutar de la gastronomía de la zona a base de buenas carnes como el tradicional lechazo, solomillo de ternera o cerdo o algo más silvestre como jabalí, ciervo o paloma torcaz, todo ello regado con un buen vino de la tierra pues no debemos olvidar que nos encontramos en zona productora con denominación de origen Ribera del Duero.

La Colegiata de Berlanga, dedicada a Santa María del Mercado, es grandiosa. Su construcción se inició en el año 1526 y fue consagrada cuatro años después, en el año 1530. Un siglo más tarde aún no había sido finalizada quedando la obra inconclusa pues no se construyó el claustro ni una de las torres previstas inicialmente. La idea original era la de convertirse en un gran mausoleo para los Señores medievales del lugar, pero, sin embargo, finaliza siendo un lugar público de culto y devoción con mezcla de arte cristiano peninsular e indígena.

Colegiata de Berlanga

La Colegiata es lugar de reposo eterno, entre otros muchos, del personaje más ilustre de la localidad, Fray Tomás de Berlanga, el cual descansa para siempre en una pequeña capilla bajo una austera y fría lápida de pizarra. “Y no quiero que por mi ninguno traiga luto”, dejó escrito en su testamento.

No muy lejos, en un lateral de la puerta de entrada, se expone un caimán traído por Fray Tomás desde las Islas Galápagos. El lagarto lleva allí expuesto desde 1543 causando terror en la edad media y admiración en tiempos presentes. Llama la atención el impresionante altar mayor (1704) hecho con madera de pino y el coro (fines del XVI) de madera de nogal.

¿Quién era Fray Tomás de Berlanga? Hijo de humildes agricultores, nació en el año 1487, se ordenó como Dominico y cursó estudios en Salamanca donde se instruyó en temas geográficos, náuticos y de ciencias naturales. Se embarcó hacia las Américas en el segundo viaje de Colón, luchó por los derechos de los indios, descubrió las Islas Galápagos y fue la persona que introdujo en Europa el tomate y la patata.  Llegó a ser Obispo de Panamá y un potente visionario pues ya ideó y planteó a Carlos I una ruta que, a través del río Chagres, uniera el Océano Atlántico y el Pacífico. En otras palabras, el futuro Canal de Panamá. “De la salud de los cuerpos depende mucho el espíritu” escribió Fray Tomás. Murió en Berlanga el 8 de julio de 1.551.

Antes de llegar a nuestro destino final nos recrearemos en la Ciudad de la Alegría en Recuerda, cuyo nombre va ligado a los efectos de los buenos caldos de Ribera que maceran en sus peculiares y únicas bodegas.

Vista de la fortaleza de Gormaz desde Recuerda
Ciudad de la Alegría (Recuerda)

Ya tenemos a la vista Gormaz, donde se encuentra la mayor fortaleza Califal de todos los tiempos. Desde sus almenas se controlan más de 45 km. cuadrados, ampliables a muchos cientos si tenemos en cuenta la compleja red de atalayas que lo apoyan.  Con una capacidad en su interior para albergar un ejército de 2000 hombres, apoyados por otros tantos que pudieran establecerse en las inmediatas llanuras que rodean la fortaleza, Gormaz se convierte en una poderosa base militar de control de fronteras y punta de lanza para los ataques contra los reinos cristianos. 

Construido en el siglo IX sobre la base de otra construcción menor ya existente, Abderramán III lo fortificó, siendo ampliado y reconstruido posteriormente por su hijo, el Califa Al-Hakam II entre los años 955 y 966.

Fortaleza de Gormaz
Torre de Almanzor
Alcázar

Su posición estratégica es fundamental pues controla el paso sobre el río Duero. Se trata de una fortaleza inexpugnable. Nunca fue conquistada por las armas, por lo que los diferentes cambios de manos entre tropas cristianas y musulmanas siempre su causa por pacto entre ambos ejércitos.

En su visita hay que dejarse llevar, olvidarse del tiempo y disfrutar de cada rincón de sus ruinas, disfruta del patio de armas donde se encontraba la tropa, el aljibe para los caballos, del paisaje desde cualquiera de sus torres, de la Torre del siglo X llamada de Almanzor, del Alcázar, del enorme aljibe para agua potable, de la pequeña puerta para salir sin ser visto en su muro norte, de los pasos de tropa en la muralla. Disfruta del exterior rodeando la fortaleza, te darás cuenta de la energía y poderío que aún irradia.

En las laderas del castillo, tuvo lugar una de las batallas más importantes ocurridas en la Península entre cristianos y musulmanes. Durante el Califato de Al Hakam II, en el año 975, el Castillo es sitiado por un ejército de coalición liderado por el Conde Castellano García Fernández compuesto por tropas Castellanas, Leonesas y Navarras. El asedio dura dos meses (del 17 de abril a 28 de junio), hasta que es enviado un potente ejército califal desde Córdoba que pone punto final al asedio, derrotando con contundencia a las tropas cristianas. Los supervivientes fueron perseguidos sin piedad hasta sus propios dominios, los cuales fueron igualmente arrasados y saqueados.

El Conde Castellano García Fernández, vuelve a intentar ocupar Gormaz y lo consigue por pacto en el año 978. En el año 983 la fortaleza es abandonada por los Castellanos y Almanzor la recupera para su temible e invencible ejército. Desde entonces, ya nunca cambió de manos hasta que la zona fue reconquistada por Fernando I de León en el año 1060.

Arco Califal en la fortaleza de Gormaz

La Villa fue concedida al Cid en el año 1087 convirtiéndose así en Señor de estos lares.

Muy recomendable por supuesto la visita a la Ermita de San Miguel, de origen visigodo y situada en la falda de la ladera del Castillo; las ruinas de la ermita de San Juan, hoy reconvertido en cementerio y situadas cerca de la Ermita anterior; el puente romano que cruza el Río Duero y en cuyos alrededores posiblemente fue donde se libró la batalla indicada en el año 975.

Vista de la fortaleza de Gormaz desde el puente romano

Y desde aquí, querido viajero, verifica que llevas suficientes provisiones, jalea a los que te acompañen y adéntrate en zona cristiana dispuesto a disfrutar de la inmensidad que te rodea. Pero eso ya, amigo, es otra historia.

Ruta por la Estremadura Soriana (II)

Siguiendo los pasos de las tropas Califales, tomaremos rumbo Oeste por la actual carretera SO-132, ruta en la que recomendaré determinadas paradas sin perjuicio que el viajero debe detenerse en cualquier momento que entienda necesario para disfrutar de los paisajes, parajes y pueblos que pueda ir encontrando y le llamen la atención.

A la entrada de la pequeña localidad de Yelo nos recibirán en lo alto de un acantilado, unas curiosas construcciones de piedra y barro del siglo XIX que, si bien a primera vista tienen apariencia de monumentos funerarios, no dejan de ser simples palomares utilizados para dicho fin hasta mediados del siglo pasado.

Palomares en Yelo
Yelo

Podremos tomar la desviación hacia Conquezuela donde se encuentra un lugar mágico y poco conocido de la provincia, la Ermita de la Santa Cruz. En este lugar existe además una cueva estrecha y no muy honda, de la que mana agua todo el año y en cuyas paredes se aprecian cientos de cazoletas y figuras humanas que datan de la Edad de Bronce. La entrada de la gruta, similar a un útero materno, se encuentra rematada por un arco románico. En la parte superior del peñasco que cobija la cueva existen tumbas antropomórficas (excavadas en la propia roca y con la forma del cuerpo humano)

Parada obligatoria en Romanillos de Medinaceli, cuya calle principal ha sido testigo durante siglos del paso de millones de ovejas trashumantes camino de Andalucía o Extremadura. Nos encontramos en plena vía de la Cañada Real Soriana Oriental que en este tramo conserva además en perfecto estado de conservación un vía crucis pétreo, del siglo XVI, que finaliza a la salida del pueblo junto a la Ermita de la Soledad y una fuente de origen romano. Preside la plaza del pueblo la Iglesia románica de San Miguel Arcángel (s. XII) en cuya entrada se aprecian varias tumbas antropomórficas.

Iglesia de San Miguel Arcángel (Romanillos)
Tumbas antropomórficas
Vía Crucis pétreo

En Barahona existió en su día un castillo musulmán que servía de enlace entre las fortalezas de Medinaceli y Gormaz si bien hoy en día no queda resto alguno salvo el promontorio fácil de identificar. Barahona siempre ha sido conocido como “el pueblo de las brujas”. La relación de esta localidad con la brujería y los aquelarres ha quedado documentada en los diarios de la Santa Inquisición del siglo XVI. Como prueba, a las afueras del pueblo se encuentra la “Piedra de las Brujas”. Se trata de una misteriosa piedra caliza con un agujero circular en el centro, conocida como “el confesionario de las brujas”, a la que la cultura popular le concede ciertas funciones sexuales donde un Diablo confesor hacía suyas a las Brujas (por decirlo de manera elegante).

Hay que destacar la Iglesia de San Miguel, de estilo barroco y en la que Felipe V escuchó misa el 22 de agosto de 1710 camino de Ágreda para venerar los restos mortales de Sor María. En sus muros exteriores hay piedras con curiosos dibujos labrados.

Durante la Guerra Civil Española, Barahona fue utilizada como base de aprovisionamiento y aterrizaje de los aviones italianos que, en el otoño de 1.936 bombardearon la ciudad de Sigüenza.

Piedra de las Brujas (Barahona)
Ermita en Barahona

Desde Barahona podemos continuar nuestro viaje por dos rutas alternativas siendo ambas igual de interesantes, por lo que no dudes, amigo lector, de disfrutarlas todas pues el destino final es el mismo. Disfrutaremos de imponentes atalayas, perfectamente restauradas y accesibles en cuya visita debemos dejar volar nuestra imaginación hacia la Al Ándalus de los siglos IX a XI.

Atalaya, palabra de origen árabe que significa “centinela”, “vigía”. Se trata de pequeñas torres con fines militares y cuya función principal es la de servir de comunicación entre las grandes fortalezas. Los medios de comunicación utilizados son los espejos o señales de humo durante el día y hogueras o antorchas durante la noche.

Son construcciones aisladas, situadas normalmente en puntos elevados del terreno y todas conectadas visualmente entre sí. En ocasiones podemos encontrarlas en zonas bajas, siendo su función la de vigilar puntos de abastecimiento de agua, zonas de cultivo o pasos de caminos.

La comunicación óptica entre las Atalayas y las grandes fortalezas es básica para el correcto funcionamiento del sistema defensivo de la frontera en la que nos encontramos. Ante cualquier incursión de las tropas cristianas, el mensaje llegaba en pocos minutos a los castillos donde se encontraban las tropas islámicas acantonadas, las cuales eran movilizadas con rapidez para poner fin a la aventura cristiana.

Las Atalayas son torres de planta circular, de unos 10-12 metros de altura, 5 metros de diámetro y muros de metro y medio de grosor. Su interior es estrecho y se encuentra dividido en varios pisos, generalmente tres, más una terraza, separados por suelos de madera y comunicados por escaleras de mano. La planta baja era utilizada como almacén de víveres y armamento, los pisos superiores para estancia de los soldados y la terraza como observatorio. Normalmente carecen de aberturas para que entre luz. La puerta de acceso se encuentra a varios metros de altura y a la que se accedía con una escalera de mano que se retiraba desde el interior ante la presencia del enemigo.

El Tiñón

En las atalayas se encontraba un pequeño destacamento formado por dos o tres soldados cuyas duras condiciones de vida podrás apreciar desde el primer momento. Totalmente aislados durante meses, soportando las inclemencias del tiempo, en estancia claustrofóbica y posiblemente condenados a obtener por sus propios medios agua y comida. Y si eso nos parece poco, teniendo con frecuencia que enfrentarse a pequeños grupos de soldados cristianos que permanentemente ponían a prueba la solidez de la zona fronteriza.

Llegaremos al pueblo de Rello a través de la carretera SO-132, donde el tiempo parece haberse detenido. Disculpad, no parece, se ha detenido. Pueblo medieval totalmente amurallado, siendo uno de los mejor conservados de la provincia. Su entrada se encuentra vigilada por las ruinas de un castillo del siglo XV y a continuación, en la plaza, encontraremos un Rollo de justicia único en España pues es de hierro. “El Rollo de Rello es de Hierro”, reza en su base. Se trata de una lombarda del siglo XV (pieza de artillería precursora del cañón) donde se impartía justicia y se ajusticiaba sin compasión a los que se atrevían a romper las escasas normas de la época. Podrás apreciar en la parte superior unos ganchos donde los cadáveres de los ajusticiados quedaban colgados a merced del clima, las rapiñas y de advertencia para la gente mal intencionada.

El rollo de Rello es de hierro
Puerta de acceso a Rello

Desde este punto no dejes de visitar la Atalaya de “El Tiñón” de forma troncocónica y donde cuenta la historia que fue en este punto exacto donde Almanzor exhaló su último suspiro el 10 de agosto del año 1002. Si quieres poner a prueba tu sentido de la orientación, al poco de salir de Barahona hacia Rello por carretera, en la lejanía ya podrás divisar esta enorme atalaya a la que podrás llegar por caminos de tierra. Las posibilidades son muchas y que sea tu espíritu aventurero el que te guíe, no es complicado y las posibilidades son  muchas. De esta manera, cuando llegues a tu destino entenderás mejor dónde te encuentras.

El Tiñón

En el término municipal de la Riba de Escalote se encuentra la Atalaya de “Torre Melero”, la cual se comunica visualmente con la anterior. De nuevo déjate llevar e intenta desde la Atalaya de “El Tiñón” acudir a ésta sin más ayuda que tu sentido de la orientación.

Torre Melero
Torre Melero

Durante la visita a estas Atalayas, da rienda suelta a tu imaginación, inspírate en el paisaje que te rodea, aprecia el complejo tejido de defensa creado en esta parte de la frontera, entiende su funcionamiento y calcula el tiempo que podría un mensaje de alerta llegar a su destino a base de avisos ópticos entre atalayas y fortalezas. Por favor, para ello es imprescindible que no tengas prisa.

Ruta por la Estremadura Soriana (I)

Es momento de evitar aglomeraciones, de viajar en familia o en grupos reducidos, es el momento perfecto para el llamado turismo de interior, para conocer rincones olvidados de nuestra geografía que guardan una valiosa porción de nuestra historia, de nuestros orígenes, de nuestras costumbres.

Qué mejor para ello que perderse durante unos días por una de las zonas más despobladas de la península Ibérica donde los paisajes, la naturaleza y la huella dejada por el ser humano hace más de mil años despertarán nuestra curiosidad y removerá en nuestro interior ese espíritu aventurero y viajero que, si estas leyendo estas líneas, seguro llevas dentro.

Nos trasladaremos en el tiempo a la peligrosa Al Ándalus de los siglos IX a XI donde el territorio que vamos a descubrir fue durante más de 200 años la frontera más estable entre los Reinos Cristianos y el mundo Islámico. Una zona totalmente militarizada que recorrieron en innumerables ocasiones los más temibles Califas y Generales al frente de sus ejércitos con el objetivo de paralizar el lento avance cristiano en su dura tarea de reconquista.

Una frontera natural marcada por el Río Duero, asentándose los cristianos en su lado norte y los musulmanes en su lado sur. ¡Bienvenidos a la Estremadura Soriana!

Comenzaremos nuestra aventura en la ciudad de Medinaceli, donde Celtíberos, Romanos y Musulmanes fueron conscientes de su privilegiada situación estratégica al encontrarse situada en la vía de comunicación natural entre la Meseta Norte, la Meseta Sur y el Valle del Ebro.

Medinaceli, la Ciudad del Cielo, situada en lo alto de un cerro que garantizó su seguridad durante siglos, es un lugar para pasear con tranquilidad y disfrutar de todos y cada uno sus rincones. Mosaicos romanos, sinagogas judías, palacios medievales y lo más apreciado por el redactor de este artículo, el arco romano del siglo I, la nevera islámica del siglo X y el castillo del siglo XIV.

Palacio Medieval
Sinagoga
En la Plaza Mayor

El arco romano fue construido en el siglo I como símbolo del poder de Roma y de su dominio sobre los hombres y la naturaleza. En su día formaba parte de la muralla que rodeaba la ciudad, siendo una de sus puertas de entrada. Es único en la península Ibérica pues consta de tres vanos. La imagen de este monumento es la utilizada por la Dirección General de Tráfico en las señales de carretera que indican la presencia de “Monumento Histórico”.

Arco Romano en Medinaceli

Como curiosidad, bajo el arco principal, se halló un pozo excavado en la roca relleno de ceniza, carbón, huesos de animales, restos orgánicos y fragmentos de cerámica califal. Se trata de un vertedero de los siglos X-XI, del cual se obtiene valiosa información sobre las costumbres culinarias de sus habitantes: cáscaras de huevo, espinas de pescado, huesos de cabra, oveja, conejo, gallos, perdiz, liebre y buey.

Contemporánea a este vertedero resiste aún una nevera situada en la ladera norte del cerro, donde se almacenaba la nieve del invierno para conservar alimentos y enfriar bebidas durante los meses más calurosos.

Nevera….puerta
Nevera Andalusí

El castillo de la Ciudad del Cielo data del siglo XIV si bien, como la mayor parte de muchos otros de nuestra península, fue construido sobre otro anterior de origen musulmán. No es visitable su interior (hoy utilizado como cementerio), pero basta rodear su recinto para apreciar el dominio y control que ejercía sobre la zona. Cuenta la leyenda que en la alcazaba árabe fue enterrado Almanzor, el “azote del mundo cristiano”, pero su tumba nunca ha sido encontrada hasta ahora.

Castillo
Iglesia

En el año 946, el califa Abderramán III ordenó reconstruir, ampliar y fortificar Medinaceli y le otorgó la capitalidad de la Marca Media, es decir, convirtió la ciudad en el cuartel general militar y administrativo de todo el entramado defensivo musulmán situado al sur del río Duero. Es en este lugar donde los ejércitos de Almanzor, tras 20 días de duro camino desde Córdoba, descansaban para reagruparse y aprovisionarse de víveres y armas pesadas con las que asediar las fortificaciones cristianas marcadas como objetivo de su ataque.

Puerta de acceso a la ciudad

Por ello, recomendando en nuestro viaje prescindir, de momento, del aprovisionamiento de catapultas, escaleras de asalto y otros artefactos típicos de la guerra califal, sí podremos aprovechar nuestra visita para degustar en uno cualquiera de los restaurantes de la Ciudad del Cielo la gastronomía típica del lugar. Asados de cordero, cochinillo, migas, gran variedad de revueltos y una amplia oferta de platos micológicos en temporada seguro que harán más agradable nuestra estancia en el lugar. No nos olvidemos de los famosos torreznos de Soria que podremos llevarnos en nuestra mochila pues vendrán muy bien para reponer fuerzas una vez que nos encontremos en zonas más recónditas, apartadas y despobladas.

Siguiendo los pasos de las tropas Califales, tomaremos rumbo Oeste por la actual carretera SO-132, ruta en la que recomendaré determinadas paradas sin perjuicio que el viajero debe detenerse en cualquier momento que entienda necesario para disfrutar de los paisajes, parajes y pueblos que pueda ir encontrando y le llamen la atención…

Trashumante (I) Dña. Jacoba

22 de diciembre de 1852. San Andrés de San Pedro. Soria. Invierno

Dña. Jacoba hoy se encuentra especialmente triste. Hace ya unas semanas que comenzó a nevar intensamente y es prácticamente imposible moverse por las calles del pueblo a pesar de que algunos vecinos intentan mantenerlas limpias. Las copiosas nevadas y la permanente helada hacen incluso que sea peligroso deambular por el exterior. Una gruesa capa de hielo cubre hasta el más mínimo rincón.

San Andrés de San Pedro. Calle principal
San Andrés…fachada

Los días están siendo tristes, grises y muy nublados. El sol hace semanas que no brilla y las temperaturas  permanecen bajo cero durante todo el día. Su obsesión es mantener el fuego del hogar lo más vivo posible para al menos tener un lugar para ella y sus hijos donde calentarse. En estos últimos días todos sus pensamientos giran en torno a su querida vecina Ciriaca, la cual ha perdido recientemente al menor de sus hijos de tan sólo dos años de edad a causa de una fulminante pulmonía. El niño empezó a toser, luego vinieron las fiebres y en tres días comenzó a echar sangre muy oscura por la boca. Murió de madrugada el domingo pasado sin que pudiera recibir siquiera la visita del médico de San Pedro. La nieve en los caminos y montes supera el metro de altura y cualquier desplazamiento es del todo punto imposible y muy arriesgado. El aislamiento es total y durará semanas.

Cementerio de San Andrés de San Pedro

Desde que su marido D. Ignacio marchara a Extremadura con las ovejas a mediados del mes de septiembre, nada ha vuelto a saber de él. ¿se encontrará bien? ¿se le habrá curado el profundo corte en la mano que se hizo durante el verano  y por el cual casi pierde los dedos pulgar e índice de su mano izquierda? ¿habrá conseguido arrendar las fincas a buen precio? ¿habrá sufrido el ataque de los lobos en el camino? ¿y las ovejas? ¿estarán bien? Ninguna pregunta obtiene respuesta…

Anochece pronto. Parece que el pueblo está vacío, carente de vida. Nadie sale de sus casas, son días realmente duros y extremos. Hasta los animales estabulados en la planta baja de la casa, dos cerdos, siete ovejas y un borrico, están estos días más calmados. Casi ni se les oye y se encuentran muy quietos y parecen asustados cuando baja a echarles de comer. Dña. Jacoba piensa que es posible que también estén de duelo por la muerte del hijo de la Ciriaca. En la lejanía, en lo más profundo de la Sierra de Oncala, se oye el aullido de los lobos como si presagiaran alguna otra desgracia sobre algún habitante de San Andrés.  Dña. Jacoba, solo de pensarlo, se estremece y un escalofrío recorre cada centímetro de su cuerpo.

Cae una intensa helada, posiblemente la temperatura en el exterior sea de entre 15 y 20 grados bajo cero. Dña. Jacoba alimenta el fuego y coloca sobre el mismo un caldero de agua para hervir. Hay que ir preparando la cena para sus ocho hijos: gachas con tocino un día más.

Por la noche, cuando todos duermen, Dña. Jacoba aprovecha para remendar los rotos en la ropa de sus hijos e hilar lana que sirve para apoyar la economía familiar. Últimamente le cuesta conciliar el sueño.

Oncala

Antes de que amanezca, la actividad de Dña. Jacoba dentro de la casa es frenética: encender la lumbre, dar de comer a los animales, ordeñar las ovejas, calentar agua al fuego para asear a los críos y preparar sus desayunos a base de leche recién ordeñada de las ovejas y restos de pan duro de hace días.

La Navidad está cerca y es motivo de alegría para las familias del pueblo. En Nochebuena se reunirán en la escuela las mujeres, los niños y los ancianos. Llevan días preparando la cena que excepcionalmente será abundante y variada. Incluso se tomarán la licencia de tomar algo de licor, siempre con moderación por supuesto. Este año, Crescencio, el más anciano del pueblo con sus 98 años, ha puesto a disposición de la comunidad un cerdo de tamaño mediano que ya cuelga desollado y limpio en su pajar desde hace un par de días. Con la carne más exquisita las mujeres cocinarán un sabroso y nutritivo caldero acompañado de patatas, ajos y cebolla. Igualmente, se prepararán unas buenas ascuas donde asar el resto del cerdo y tres pavos donados en verano por D. Eulogio, médico de la comarca y del que nadie sabe nada desde hace semanas debido al temporal.

Gracias a Dios, el párroco tiene su residencia en una pequeña casa adosada a la iglesia del pueblo, dedicada a San Andrés, donde podrán celebrar con devoción la misa del Gallo y rezarán por sus padres, hijos y maridos trashumantes que desde hace meses se encuentran en mitad de la nada e incomunicados con el ganado a cientos de kilómetros de distancia.

Dña. Jacoba, en una ocasión, escuchó a un comerciante de ganado venido de León, que en la capital, Madrid, se celebra con alegría y grandes fiestas la noche del 31 de diciembre y con motivo del cambio de año. Contaba el comerciante que las mujeres y los hombres se visten con sus mejores galas para acudir al baile y beber champán, una bebida amarga y con burbujas que provocan cierto cosquilleo en la garganta. ¡¡Champán!! Dios mío ¿Qué es eso?, piensa Dña. Jacoba mientras sorbe una taza de consomé enriquecido con las tripas secas y ya revenidas del cerdo que mataron hace ya casi un año. La próxima vez que vea al médico, D. Eulogio, le preguntará si conoce esa bebida pues es hombre de mundo y cultivado. Con estos pensamientos, Dña. Jacoba se acurruca en su cama apenas calentada con un brasero y se mantiene en duermevela unas pocas horas, hasta que se levante de nuevo para sus rutinarios quehaceres diarios. Pero eso ya, amigos, es otra historia…